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Posts Tagged ‘Psicología’

Magneto, Miedo y Productividad

miedo en el trabajoHistóricamente, el miedo ha sido una “técnica” utilizada por algunas personas para conseguir que otra persona haga algo en contra de su voluntad. Y tradicionalmente, en un porcentaje muy elevado de empresas, también se ha usado el miedo (y se usa) para que los empleados trabajen más horas, asuman más tareas de las que pueden asimilar, etc. (sustituye tú el “etc.” por lo que quieras), siendo el castigo en caso de no aceptar, el despido, obviamente.

Pero como está mal visto socialmente reconocer explícitamente que se usa esta “técnica”, muy pocos directivos o líderes se atreven a verbalizarlo públicamente, pero no por ello deja de ser, por desgracia, algo muy presente en las organizaciones actuales (ahora más, con la excusa de la crisis).

El desastre viene cuando los denominados “líderes” se convierten (yo creo que de manera inconsciente) en “súper héroes” en pro de una causa justa (la empresa), al estilo Magneto.

Al igual que este malvado súper héroe, los directivos que asumen esta forma de actuar tienen síntomas evidentes de su “locura”:

  • Megalomanía
  • Un objetivo loable: “Salvar” la empresa.
  • Always on. Están las24h. “al servicio” de la empresa.
  • No valoran al que es diferente a ellos.
  • Ensalzan al que les sigue la corriente, no dándose cuenta de que les toma el pelo en muchas ocasiones.
  • Monitorizan los movimientos de los simples mortales (los empleados).
  • “Interpretan” negativamente con frecuencia, los gestos, comentarios, o conductas habituales de los demás, como llegar tarde 10 minutos (aunque después se acabe trabajando más horas -en la oficina o en casa-).
  • Desconfían de casi todo el mundo (no están “a su nivel”), por lo que no pueden delegar tareas (por eso son “always on”)

Pero ahora viene lo grave. A pesar del miedo que inyectan en la mayoría de empleados (afortunadamente hay quien sabe afrontar esta emoción), y que a corto plazo supone un incremento de horas de trabajo de los empleados, su conducta es totalmente dañina para la empresa, aumentando las posibilidades de que los empleados sufran estrés en niveles peligrosos para la salud, ansiedad, burnout, desmotivación, provocando un aumento de absentismo, bajas laborales, fugas de talento, etc. Es decir terminan consiguiendo justo lo contrario.

Es la paradoja del héroe organizacional. Cree que si no está él, la empresa no produce. Pero precisamente, lo que ocurre es, que si está él, la empresa produce menos. Y esto es especialmente grave en las empresas cuyo motor de producción es la creatividad de su gente, la imaginación, la puesta en marcha de ideas. En definitiva, cuando la herramienta principal de trabajo es la mente, el intelecto.

La Neurociencia ha demostrado con imágenes, que cuando hay una emoción poderosa en nuestro cerebro, como es el miedo, el riego sanguíneo en la corteza prefrontal (sede del pensamiento complejo, la creatividad, la planificación y la atención, entre otras funciones de orden superior) disminuye en favor de áreas más profundas del cerebro, sede de funciones más primarias, con el objetivo de poner en marcha acciones que “salven” la vida del individuo. Pero claro, esto en la selva, en las cavernas, nos venía fenomenal. En la empresa es nefasto para la productividad.

Si los directivos del siglo XXI, en especial de este tipo de empresas cuyo motor de negocio es el capital intelectual de sus empleados, conociesen el funcionamiento psicológico de las personas ante determinadas emociones, seguro que cambiarían la estrategia de liderazgo.

Basarían su estrategia en potenciar las emociones positivas, para promover un clima organizacional positivo, provocando un aumento del riego sanguíneo en la corteza prefrontal del cerebro de sus empleados. Esto ampliaría el pensamiento, la creatividad, las buenas ideas, la planificación y la ejecución de calidad, consiguiendo el tan ansiado aumento de la productividad y de los resultados económicos. Además focalizarían su estrategia en aumentar la calidad de las horas trabajadas, y nunca la cantidad de las mismas. ¿Por qué? Porque sobrepasadas las 8 horas de trabajo intelectual, la productividad baja, no sube, incrementándose también la posibilidad de cometer errores que cuestan dinero.

Las empresas inteligentes del siglo XXI que sobrevivirán a la crisis serán las que quieran convertirse en Organizaciones Saludables (tal como nos muestra la Psicología Positiva), dotando a sus empleados de los recursos organizacionales, grupales e individuales para prevenir los riesgos psicosociales que tanto azotan sus cuentas de resultados con continuas bajas, faltas al trabajo, bajo rendimiento, desmotivación, burnout, fugas de talento, etc.

¿Te suena de algo todo esto?

¿Vas a hacer algo para que tu organización sea más saludable y positiva? ¿O vas a obligar a tus empleados a trabajar más horas y a que vengan “motivados” de casa?

Hasta pronto!

Foto obtenida de http://www.cnnexpansion.com/mi-carrera/2009/09/30/controla-tu-miedo-a-perder-el-trabajo

Tú sí que vales

¿Te sientes culpable, o al menos afligido o afligida cuándo te dicen que has hecho algo mal, o cuando no haces algo que deberías hacer, o cuando te sale algo mal? ¡Pues bienvenido al club! A mí me pasa lo mismo (aunque ahora estoy  en proceso de mejora), especialmente cuando me lo dice una persona significativa y que yo considero de autoridad (padre, madre, jefe, profesor, etc.), siendo además la clave del “disparo” del malestar el lenguaje no verbal usado o percibido (entonación culpabilizadora de la voz, enfoque recriminatorio, con sentido agresivo, o irónico, etc.), incluso cuando no haya sido ese el propósito de la otra persona.

El problema es que ese sentimiento de culpabilidad no es un sentimiento positivo en el sentido de que nos impulsa a reparar y compensar el daño hecho (si es que lo ha habido), ya que no hay otro daño psicológico que reparar que el nuestro propio, con lo cual, el sentimiento añadido de impotencia y no saber qué hacer produce un malestar que va minando nuestra autoestima,  convirtiéndonos en personas con poca esperanza de llegar a destacar en nuestros talentos naturales, que bien seguro, todos tenemos al menos uno.

¿Y por qué nos sucede esto? Bueno, pues puede haber varias causas o factores relacionados. En general, se debe al autoconcepto que hemos desarrollado por el aprendizaje (experiencias) que hemos tenido, sobre todo en nuestra infancia y adolescencia. Si hemos recibido todos los días mensajes, de personas significativas para nosotros, en tono recriminativo o cupabilizador del tipo “¿no te da vergüenza lo que has hecho?”, o “eres un inútil, todo lo haces mal”, o “quita, ya lo hago yo, que tú eres muy torpe”, etc., hemos incorporado a nuestro conjunto de creencias que somos un ser “monolítico” o unidimensional, que hagamos lo que hagamos, estamos reflejando siempre lo que somos en esencia (“self” de William James), sin tener en cuenta para nada que estamos interactuando con un contexto determinado, en una situación dada, en una actividad o acción determinada, que pudiendo salirnos mal o no teniendo una aptitud o talento natural para esa actividad (o simplemente falta de hábito o experiencia) es algo totalmente independiente de otra situación, en otro contexto, con otra actividad o acción  que sí sabemos hacerla de maravilla. Es decir, que estamos atribuyendo a nuestro valor como persona, lo que hacemos; si hacemos algo bien, somos valiosos; si hacemos algo mal, no valemos un pimiento. Ignorando que no es ni lo uno ni lo otro. Nuestro valor como persona es totalmente independiente de lo que hagamos.

Y esto que nos dicen las personas que nos aprecian, lejos de la intención de hacernos daño, hace un daño tremendo, brutal, devastador para la persona que lo recibe. Si las personas que nos quieren supieran el impacto de esos mensajes, no lo harían, seguro que no, ya que ese tipo de experiencia, erosiona y malforma nuestro autoconcepto y nuestra autoestima, y va a obligarnos a luchar ferozmente en nuestra edad adulta contra los estímulos que nos van a llegar de un modo u otro desde otras personas en otros contextos (universidad, empresa, asociaciones, grupo de amigos, etc.), y que aunque sean más suaves y no tan explícitos, van a disparar en nosotros por asociación, ese malestar cognitivo y afectivo, y lo vamos a pasar mal, muy mal, sin necesidad.

A partir de aquí, tenemos dos opciones: “tirar la toalla” y asumir que “somos así”, o iniciar un proceso de “limpieza interior” para sustituir esas creencias por otras más positivas que nos ayuden a desarrollarnos correctamente como persona. Este proceso autorreparador, dependiendo de nuestra fortaleza psicológica de base,  lo vamos a poder hacer de forma casi autónoma, o nos tendremos que poner en manos de un profesional de la Psicología.

De momento, y para nuestra tranquilidad, decirte que no somos seres “monolíticos y unidimensionales”. De este modo, el autoconcepto tiene una estructura multidimensional. Es decir, que si yo me defino por numerosos aspectos de mi vida, como los roles que mantengo (padre/madre, trabajador(a), esposo(a), socio(a), maestro(a), amigo(a), tio(a), estudiante, etc.), las actividades que hago, mis relaciones con la gente, intereses, metas, etc., de forma que la imagen global que tengo de mí mismo (mi autoconcepto) tiene todos estos aspectos bien diferenciados, puedo comprender que en unos ámbitos de mi vida lo haga mejor y en otros peor, no teniendo nada que ver con mi valor como persona. Además, cuanto mayor sea mi capacidad de diferenciar cada aspecto de mi vida, más inmune seré a los “fracasos” en una actividad determinada, puesto que no haré una generalización al resto de mi vida y de mi persona, y por lo tanto no pensaré que “soy” un desastre como persona, sino que simplemente tengo que mejorar en ese aspecto de mi vida. Y esto me hará sentirme bien y me facilitará la mejora.

De esta forma, puedes “cagarla” en el trabajo, y ser un padre fenomenal. O te pueden ir mal las matemáticas y ser un crack en filosofía, o en los trabajos manuales. O puedes ser un desastre como vendedor y un fuera de serie com profesor. Y no por ello va a variar tu valor como persona, que sigue siendo incalculable (mientras no le hagas daño a nadie, por supuesto). De esta forma, podrás mejorar la actividad en la que obtienes peor resultado, mejorando tus competencias en ese sentido, si así lo deseas. Y todo ello sin sentirte mal, sin sentirte culpable, ni afligido o afligida.

En definitiva, que tú sí que vales.

Espero haberte ayudado. Para mí, la escritura de este artículo ha sido una experiencia catalizadora y terapéutica.

Hasta pronto!

Doctor, me duele la mente.

Si la mente fuera física, iríamos con toda normalidad al médico de cabacera, y le diríamos: “Doctor, llevo varios días que me duele mucho la mente, no puedo ni moverme”, a lo que podría seguir una conversación parecida a esta:

-Doctor (D): “¿Desde cuándo le duele?”
-Paciente (P): “Desde hace mucho, unos 20 años más o menos, lo que pasa es que nunca me ha dolido tanto como ahora”.
-D: “Déjeme que le ausculte”.  El doctor saca su fonendoscopio, lo aplica en la cabeza del paciente, y dice: “Vaya, vaya, oigo un sonido extraño, debe tener inflamado algún pensamiento. Le voy a recetar “Ibupropienso” para atenuar los síntomas. No obstante, le voy a enviar también al especialista, al psicofisiólogo“.

El paciente va al psicofisiólogo(E), y la conversación transcurre más o menos así:

-E: “Tengo el informe de su médico y después de leer todo el documento, creo que podría usted tener “pensamientitis”, o “emocionitis”, así que le vamos a hacer unas pruebas. Le voy a pedir un EEG, una RMf, un EOG, y una MEG“.

Pasados unos días…

-E: “Bien, ya tenemos los resultados”. El doctor saca un sobre del archivador. “Mire, tiene usted varios pensamientos negativos recurrentes atravesados, ¿los ve? aquí, son estas manchitas que aparecen. Además, tiene la autoestima muy pequeñita, se ha reducido un 20% por debajo de su tamaño natural, es esta bolita que se ve aquí en el centro de la mente. Pero lo que más me preocupa es que el indicador de los pensamientos negativos recurrentes lo tiene a 250, cuando lo normal es 80. ¿Tiene usted antecedentes en su familia de hipernegativismo?. Espero que no suba más, porque podrían obstruir la arteria inmunitaria, reducir sus defensas, y aumentar las posibilidades de infecciones graves”.
-P: “No me asuste, Doctor. ¿Tan mal estoy?”.
-E: “Bueno, tiene usted “pensamientitis”, “hipoautoestima”, “hipernegativismo”, y “empatrosis” (desgaste de la empatía). Una cosa le ha llevado a la otra. Tenía usted que haber venido antes. Vamos a intentar reconducir la situación, aunque ya le he dicho que si se inflaman más los pensamientos negativos, baja la autoestima, y la empatrosis se extiende, podrían aparecer creencias irracionales, fobias, ansiedad extrema, necesidad de control exacerbado, u otras alteraciones fisiológicas. Entonces habría que operar, pero no adelantemos acontecimientos. Por lo pronto, la “piensamientitis hipernegativa” le está bloqueando el conducto emocional, y obstruyendo las arterias de las relaciones sociales. ¿Ha notado algo raro en sus relaciones con los demás?”

-P: “Sí, la verdad es que ahora que lo dice, últimamente no saludo a nadie, desconfío y me irrito con facilidad”.

-E: “Le voy a dar un tratamiento farmacológico para paliar lo síntomas, pero la verdadera solución para sanar y que todo vuelva a la normalidad es hacer rehabilitación a diario: tiene usted que saludar a las personas (al verse y al despedirse), escuchar empáticamente y dejar de ver a los demás como una amenaza. Esto hará que pueda confiar un poquito más en los demás, y sobre todo en usted mismo, para no aferrarse a un control exacerbado que le desequilibra, y le hace demasiado perfeccionista. También practicará no hacer nada todos los días durante al menos 20 minutos (nada fácil, pero lo conseguirá si es perseverante). Además, no dejará de aprender todos los días, tiene usted que prepararse bien, porque viene una epidemia de nuevos virus llamados “nuevaeconomiaglobal” y “eltrabajoseguroseacabó”, que van a dejar fuera de combate a los que no se adapten a nuevas situaciones”.

Si la mente fuera física, todo el mundo iría al psicólogo con total normalidad. Y es que, en realidad, la mente es física puesto que no es ni más ni menos que la actividad del cerebro. Así que, debemos ir dejando de lado la creencia irracional de que ir al psicólogo es porque uno está loco, y teniendo la certeza de que el psicólogo es un especialista de la mente y la conducta, que puede mejorar nuestra adaptación a los cambios inevitables que ocurren en nuestra vida personal, laboral, académica, y social.

Hasta pronto!

Clima Organizacional Positivo

Hace unos días he participado en una discusión creada por Carlos Figuero, dentro del grupo “Productividad del Talento” en la red social Linkedin. El objeto del grupo es dar a conocer algunas herramientas tecnológicas que facilitan la productividad de las personas dentro de la organización. Algunas de estas herramientas son “El portal del empleado“, “Escritorio del empleado“, “Autoservicio del empleado“, “Hemeroteca virtual“, o “Sharepoint TV“.

En esta discusión, la pregunta inicial era “¿Cómo recomendarían medir la productividad en una empresa de servicios?”. Después de varias intervenciones, incluidas las del Director Ejecutivo de ENCAMINA, Hugo de Juan, la conversación se ha orientado hacia medir la productividad mediante el uso de indicadores de actividad, y aumentar la productividad a través de herramientas como las mencionadas anteriormente, ya que favorecen la satisfacción del empleado. Si además, creamos un buen clima dentro de la empresa, estaremos alineando la organización con las premisas de la Teoría de los Sistemas Sociotécnicos (SST),  enfoque en el que se basan las organizaciones de alto rendimiento y que postula básicamente, que todo proceso de mejora organizacional debe pasar por la optimización y ajuste entre el sistema técnico (dimensión tecnológica), y el sistema social (dimensión humana), requiriendo una alta participación de todas las personas de la empresa (empleados, supervisores, y alta dirección).

Todos estábamos de acuerdo (y así lo demuestran las investigaciones) que con un clima óptimo, los empleados están más satisfechos, aumenta su productividad, aumentan las conductas de ciudadanía organizacional, se reduce el absentismo, se reduce la intención de abandonar la empresa, etc. Después surgió la pregunta de “¿Y qué hacemos cuando a pesar de tener un buen clima, nos encontramos con personas que “no suman”? ¿Cómo se les puede integrar para que sumen, y sobre todo para que no den un mal ejemplo, y no “contagien” a los demás?

Yo decía que dentro de un clima favorable, de atención a las necesidades de empleados y empleadores, de buen trato bidireccional, la gente que “no suma” queda “fuera de lugar”, vamos, que “se le ve el plumero”. A partir de aquí, pienso que habría que mantener una entrevista con esa persona, y si su comportamiento es por falta de habilidades o competencias, se subsanaría impartiendo formación para dotar de esas habilidades, por ejemplo. Pero si aun así su modus operandi es “reptar” y esquilmar ese buen clima, pues habría que, en mi opinión, sacarlo de la organización, porque hay veces que nuestro perfil no encaja en una determinada cultura de empresa.

¿Qué opinas?

Feliz 2012!

¡No es lo mismo trabajar que calentar la silla!

La cultura del presentismo (trabajar más allá del horario laboral tipificado) está todavía muy arraigada en las empresas, acentuándose en el momento actual con la situación económica que estamos viviendo. Incluso en las organizaciones en las que se alardea de apertura mental y flexibilidad, existen nítidos comportamientos (que al fin y al cabo es lo que cuenta, no las declaraciones de cara a la galería)  del “si no te veo en la oficina, es que no estás trabajando”.

Esto, que aparentemente no tiene nada de malo, esconde una trampa destructiva para los individuos y para la organización. Me explico. Cuando se hacen más horas de lo que marca una jornada laborar estándar, porque sí, porque está mal visto irse cuando se ha cumplido el horario (a no ser que ya se haya ido el jefe), pero no se tiene nada urgente que hacer, se puede ir deteriorando el equilibro mental del empleado (sobre todo si esta cultura es contraria a sus valores) que termina simplemente “calentando la silla” porque realmente no está produciendo nada, al contrario, está desmotivandose, erosionando su satisfacción y por lo tanto su productividad de los próximos días.

Y esto no es bueno para el empleado ni para el empleador, al que realmente lo que le interesa son los resultados, y no las horas que se dediquen a trabajar en la oficina. Es más, en otros paises europeos está mal visto trabajar más allá de tu jornada laboral normal, ya que significa que no has hecho tu trabajo en el intervalo de tiempo en el que debías haberlo hecho.

Pienso que en el origen de esta cultura laboral de “calentamiento de sillas”, está al menos, el hábito inconsciente (porque siempre se ha hecho así) de trabajar sin los medios adecuados, sin planes de acción bien definidos, y sin la formación o el conocimiento pertinente, es decir,  se trabaja “a salto de mata”, y esto suele genera ansiedad y estrés debido a la incertidumbre de no saber si se alcanzarán los resultados deseados.

¿Y por qué no se ponen los medios adecuados, se definen las acciones a realizar, y se adquiere el conocimiento necesario para el día día? Pues porque muchas personas (empleados y empleadores) no se han desarrollado personal y profesionalmente, adecuando su preparación al tiempo presente, y han seguido haciendo las mismas cosas de siempre. Es decir, no se han adaptado, entrando en una explicación circular a sus problemas, basada en la cantidad y no en la calidad del trabajo realizado; si no obtengo los resultados que quería, es que la gente no ha trabajado lo suficiente y hay que trabajar más, y claro, no puedo contratar a más empleados hasta que no obtenga los resultados que quiero o necesito, minando poco a poco la energía de las personas de la organización, que si no encuentran significado a la situación, puede que terminen por resignarse a calentar la silla más horas, pero sin producir.  Y si no se encuentra significado a la situación laboral, y ésta se va deteriorando cada vez más, puede desembocar en un síndrome de burnout, o en la rotura del contrato psicológico, debilitando la satisfacción del empleado y por tanto su productividad (correlación ampliamente demostrada en las investigaciones). A su vez, esto puede implicar un aumento del absentismo laboral (justo el efecto contrario al presentismo), un aumento de las bajas por ansiedad o depresión, e incremento del sentimiento de abandonar la empresa. En definitiva, el presentismo es una nefasta cultura organizacional.

¿Solución? Desarrollar nuestras capacidades adaptándolas al tiempo presente, con orientación al cliente y a la solución de problemas, no siendo tan importante dónde se realiza el trabajo (en la oficina, en casa, en el monte, en la playa o subidos en un árbol). Por ejemplo, si yo me he comprometido a entregar un producto o servicio a un cliente (interno o externo) en una determinada fecha, lo cumpliré, pero no necesariamente lo haré trabjando en la oficina, ya que gracias a la tecnología puedo hacer el trabajo en cualquier lugar, teniendo las herramientas necesarias. Y esto es lo que cuenta (o lo que debería contar para la empresa), que yo consiga el resultado esperado por la otra persona (el cliente) que va a pagar por el producto o servicio.

En definitiva,  no debemos trabajar como animales sino como alemanes.

Hasta pronto!!

Tirar el desayuno y arruinarte el día.

Puede parecer una tontería, pero un pequeño accidente nada más comenzar la jornada puede arruinarte el día, sin apenas darte cuenta. Me explico.

El pasado jueves, cuando estaba preparando mi desayuno matutino, al ir a descongelar mi bocadillo de pan integral (tras una sesión de 35 minutos en bicicleta elíptica), empujo la taza de leche que estaba dentro del microondas y la tiro al completo. Una vez sido consciente de esto, y concienciado del trabajo de limpieza y vuelta a empezar, con el consiguiente retraso en el comienzo laboral, me inunda un sentimiento de frustración que se convierte en rabia incontrolada por unos segundos. A partir de aquí, se me va complicando la jornada debido a la emoción negativa que he generado.

Las investigaciones científicas han averiguado que las emociones mal llamadas negativas (porque toda emoción es adaptativa) tienen una duración mayor que las positivas o agradables, teniendo las primeras un alcance medio de 110′ frente a los 40′ de las positivas. Además, sabemos que las emociones modulan o filtran los pensamientos de manera que nos “cerramos” al mundo exterior ante una emoción “negativa”. Entonces lo más probable es que al interactuar con el mundo exterior, volvamos a experimentar más emociones “negativas”, pudiendo “arruinar” nuestra jornada con 2 ó 3 emociones “negativas”.

En base a mi experiencia, puedo corroborar que la investigación es cierta. Cuando salí a la calle, y al estar lloviendo, fui a abrir el paragüas, no lo abrí con la habilidad normal, y lo volví del revés. Cuando fui a intentar poner en su sitio las varillas, me hice un corte en un dedo, esto me generó más emociones “negativas”, y terminé rompiendo el paragüas mientras intentaba “arreglarlo”. Estoy seguro de que esto no me hubiera pasado si hubiera estado fuera de la influencia de la emoción desagradable que “traía puesta de casa”. Lo normal en estos casos, es atribuirlo a la “mala suerte”, o a que “me he levantado con el pie izquierdo”, etc. etc. Bueno, pues lo que ocurre es que tiré el desayuno porque estaba pensando en otra cosa, y no puse atención en lo que estaba haciendo, al presente, al aquí y ahora. Tras la emoción que siguió a la frustración, y al no hacer nada para contrarrestar esa emoción “negativa” con una positiva (podría haberme reido), dejé que el resto del día fuera negativo para mí.

¿Y qué conclusión saco de esto? Bueno, pues ya que no supe actuar correctamente ese día, me ha servido para reflexionar y escribir este post. Lo cual es dar un pasito en mi desarrollo personal y emocional. La próxima vez que me pase (que me pasará) algo parecido, y tras sentir y reconocer la emoción, primero la aceptaré como natural, y después la “neutralizaré” con una emoción positiva (respiraré hondo 3 veces, y reiré, cantaré, o bailaré).

Este ejemplo nos debería servir a todos para saber que los accidentes, los problemas, y los contratiempos están a la orden del día, son “naturales” y ocurren. También debemos saber que las emociones alteran, modulan, o filtran nuestra razón, nuestra parte cognitiva, y por lo tanto no vamos a “ver” las cosas igual que cuando estamos fuera de la influencia de las emociones. Además, debemos saber que bajo una emoción “negativa” intensa (ira, rabia, miedo) o “positiva” intensa (euforia) no debemos tomar decisiones que nos comprometan a posteriori, personalmente o socialmente, ya que podríamos comprometer nuestra estabilidad (física, económica, y/o mental) innecesariamente.

Para finalizar, solo decir que es inevitable que nos inunden las emociones, ya que evolutivamente están diseñadas para “ponernos en guardia” en pocos milisegundos y poder defender nuestra supervivencia, aunque actualmente en muchas ocasiones esto nos traiga más perjuicio que beneficio. Sabiendo esto, y tras detectar “el subidón” de una emoción, en especial si es “negativa” o desagradable, es mejor respirar hondo 2 ó 3 veces, para dejar paso a la razón, algo más lenta que la emoción, pero con la tranquilidad de que es la que pone orden y control en la mente y la conciencia.

Espero que te haya podido servir mi experiencia.

Hasta pronto!

Resumen charla-taller “La crisis desde la Psicología Positiva”

En la charla-taller del pasado jueves 20 de octubre, tenía principalmente tres objetivos:

1) Pasármelo bien, básicamente porque si yo no me lo pasaba bien, no conseguiría que los demás lo hiciesen 🙂

2) Que los asistentes disfrutaran

3) Que todos aprendiésemos algo para llevárnos a casa

Yo me lo pasé genial y aprendí mucho. Y muchos de los asistentes creo que también. Aquí teneis las diapostivas que usé para este evento.

El mensaje que quise transmitir era en primer lugar, que la psicología positiva es psicología científica, que retoma el estudio de algo que ya era su objetivo a principios del siglo XX: mejorar la vida de las personas “normales” potenciando aquellos aspectos de su conducta, pensamientos, y emociones, que interactuando con el entorno, le sirven para adaptarse y desarrollarse como persona, contribuyendo a su bienestar físico, mental, y social (y puede inspirar a la gente que le rodea). Esta perspectiva de la psicología es impulsada por Martin Seligman en sus inicios.

Dije también que la psicología positiva no tiene soluciones mágicas para las crisis, y que de hecho esta crisis la ve como lo que es, una crisis galopante que está deteriorando la vida de muchas personas que no estaban preparadas (intelectual y/o emocionalmente) para esta situación, pero que la psicología positiva nos brindaba una serie de herramientas que usadas correctamente, con paciencia y perseverancia, nos sirven para mejorar nuestra situación poco a poco (y siempre en la dirección que elijamos).

Hablamos en esta ocasión, de optimismo inteligente y emociones positivas. Con respecto al optimismo, dije que tanto el optimismo como el pesimismo es una “distorsión” cognitiva de la realidad, puesto que ningún ser humano puede ver la realidad tal como es, sino a través de la construcción analógica que realizan nuestros cerebros, y filtrando además por creencias, valores, expectativas, experiencias, cultura, ilusiones, etc. Para mí no existe la persona “realista” sino el “constatador de hechos” puesto que una vez ponemos valoración subjetiva a esos hechos estamos distorsionando la realidad con nuestra perspectiva, que por supuesto desde ella, tendremos razón, nuestra razón.

La psicología positiva ha descubierto que la “distorsión” optimista inteligente (la que es consciente de los problemas y los obstáculos que vivimos, y aun así espera lo mejor) es la más eficaz de cara a una vida más satisfactoria para la persona, puesto que el optimismo inteligente nos dispone a ACTUAR (con mayúsculas) para prevenir y superar los obstáculos antes y después de que aparezcan, activándonos para perseverar hacia nuestro objetivo o meta. Para ello, hablamos de que debemos tener metas alineadas con nuestro estilo personal, con nuestro talento natural, el cuál hay que descubrirlo trabajando intensamente sobre nosotros mismos (reflexión y autoconocimiento) si es que lo desconocemos (que suele ser lo habitual).

Hablamos de felicidad un poco por encima, diciendo que la felicidad es un concepto amplio, global, que supone una valoración positiva de nuestra vida, en general, y a pesar de los problemas y vicisitudes que vivimos todos en mayor o menor medida. Para contribuir a este bienestar subjetivo que supone la felicidad, una de las cosas que podemos hacer es fomentar las emociones positivas (aunque no hay emociones buenas o malas, ya que todas tienen una función adaptativa). Hablamos en primer lugar de eliminar estados de ánimo negativos crónicos (ira, ansiedad, tristeza, pesimismo, etc.), así como los estímulos negativos que provocan o facilitan esos estados de ánimo negativos (evitar a las personas tóxicas o no darles conversación, no ver el telediario -solo dan las peores noticias del día-, evitar el lenguaje negativo, etc.).

Seguimos hablando de cómo facilitar las emociones positivas, cuidando el cuerpo y la mente -todo es uno-. Debemos hacer ejercicio físico aeróbico, al menos media hora, casi a diario. Nuestra alimentación debe ser equilibrada, evitando aquellos alimentos desnaturalizados industrialmente. Descansar, escuchar música, sonreir mucho, usar un lenguaje positivo, etc.

Finalmente hablamos que para conseguir algo debemos poner en marcha el método MTC (¡Mueve Tu Culo!), es decir, actuar, llevar a la práctica (no olvidemos que acumular conocimiento y no ponerlo en práctica sirve de bien poco). Para ello yo recomendaba empezar teniendo un PEP (Plan Estratégico Personal). El PEP es como un mapa de ruta, en el que marcamos un camino. ¿Cuál? El nuestro, el que está alineado, relacionado, y encaja con nuestro talento natural, con aquello que se nos da bien hacer sin esforzarnos demasiado. Esto no es fácil de descubrir en la mayoría de las veces, pero merece la pena el esfuerzo (a mí me costó una año, por ejemplo). Debemos ponernos plazos de consecución, pero sin agobiarnos, sin presionarnos excesivamente para no generarnos ansiedad, y con licencia para hacer cambios o algunas modificaciones por el camino. Algunos de esos objetivos deben ser desarrollar ese talento natural, porque una cosa es tenerlo y otra exprimirlo y sacarle jugo para nuestro beneficio y el de los demás, claro está.

Para finalizar, leimos todos en pie, al mismo tiempo, y con mucha energía,  la famosa frase de Albert Eisntein (con una pequeña adaptación que hice): “La verdadera locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”.

Antes de despedir este Post, quiero agradecer la asistencia a todos los que vinísteis (entre 25 y 30 personas), y a los que no pudistéis asistir deciros que no os preocupéis, haremos más y mejores eventos. La foto que aparece en la cabecera de este post es cortesía de Paco Bolós, y fue tomada unos minutos antes de comenzar. Como dice la gran Maty Tchey (se te echó de menos, amiga) convertí el miedo escénico en vértigo alucinante.

Hasta pronto!