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Empresa saludable: serlo además de parecerlo.

28778319083_923e991714_kHace muchos años escuché esta frase dirigida al ámbito profesional:

“Además de ser bueno tienes que parecerlo”.

Refiriéndose a que no es suficiente con ser muy buen profesional para tener éxito, sino que además tienes que proyectar esa imagen y darla a conocer, que lo sepa tu empresa y/o (potenciales) clientes.

Hoy hablaríamos quizá más de “Marca Personal” como sustitución/ampliación de ese “parecerlo”.

Desde mi punto de vista es crucial, para un éxito saludable y ético, que podamos decirlo al revés también:

“Además de parecer bueno tienes que serlo”.

Llevado esto al ámbito de la empresa saludable, tan en boga hoy, es perfectamente aplicable.

Estoy seguro que hay muchas empresas que son saludables pero no lo parecen, porque no proyectan su marca. Trabajan en el anonimato.

Pero también sucede al revés. Hay muchas empresas que parecen saludables porque lucen en su web, ofertas y carpetas, el sello que lo acredita.

O porque publican a los cuatro vientos (entiéndase redes sociales) que promueven la alimentación sana entre sus colaboradores (sirven fruta fresca en la cafetería, por ejemplo), ejercicio físico, dejar de fumar, etc.

Y eso está bien. Muy bien.

Pero una empresa saludable no es solo un sello, o promoción de hábitos de vida y salud en sus trabajadores. Esto es solo parte de la ecuación. Hay mucho más.

Estamos hablando también de promover hábitos saludables relacionados con los factores psicosociales, como la organización del trabajo, la cultura, el liderazgo y otras practicas saludables.

Por supuesto además de cumplir con la ley de prevención de riesgos laborales (que incluyen todos los factores anteriores).

De todas formas, en el caso hipotético que tuviera que elegir entre ser o parecer una empresa saludable, me quedaría indudablemente con serlo.

Y aunque se pueda “intuir” que es más fácil y rentable parecerlo que serlo (porque implica cambiar muchas cosas), termina volviéndose en contra porque no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Sin embargo prácticamente cuesta lo mismo hacerlo mal que bien. Es cuestión de hábitos de organización y gestión de personas, aunque todo empieza por uno mismo.

Al igual que tratamos de incorporar hábitos saludables en los equipos técnicos, es necesario incorporar hábitos saludables en los equipos directivos.

Pero… ¿quién le pone el cascabel al gato?

Para hacerlo más fácil y que resulte un proceso natural, paulatino, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, es importante tener personas en la organización formadas a tal efecto.

Para ello, el próximo mes de mayo (y posteriores) vamos a realizar este  programa de experto en gestión de empresas saludables en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Navarra.

¿Y puede ser saludable un pequeña o mediana empresa?

A menudo pensamos que una Pyme, por su reducido tamaño y/o capacidad de operatividad, no puede ser una empresa saludable.

Nada más lejos de la realidad. Aquí tienes ejemplos de cómo una pequeña y mediana empresa también puede ser saludable, además de parecerlo.

¿Quiere ser saludable tu empresa, o solo parecerlo?

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Autor imagen: Viktor Hanacek, a través de imagenesgratis.eu

EL “BUENOS DÍAS” DEL DIRECTIVO, A LA CUENTA DE RESULTADOS

saludo_CEOPilar Gómez-Acebo, extraordinaria experta en alta dirección y consejos de administración, afirma categóricamente: “el buenos días del directivo va directamente a la cuenta de resultados de la organización”. No puedo estar más de acuerdo con ella.

Estamos hablando del “cómo” hacemos las cosas en nuestra organización en ampliación del “qué” hacemos. Hablamos de la “forma” como complemento al “fondo”.

Ya no basta con establecer una estrategia racional y ponerse a trabajar de manera fría, lógica y cerebral, sobre todo en negocios con un componente altamente intelectual (servicios de tecnología, consultoría, y en general servicios con alta cualificación).

Necesitamos imperiosamente generar y mantener climas emocionales productivos en la empresa y gestionarlos inteligentemente para potenciar la eficacia del binomio razón-emoción.

Gestionar las emociones y los sentimientos en la empresa no es algo tonto o baladí. Es algo muy serio, muy duro de gestionar, aunque esencial hoy para el éxito de cualquier proyecto.

¿Por qué? Porque las personas somos mucho más emocionales que racionales (a no ser que exista alguna patología subyacente), aunque esto suponga un “mazazo” a las creencias de algunos directivos y mandos intermedios más tradicionales.

Es decir, el componente emocional impacta directamente y en mayor peso que lo racional en la cuenta de resultados de la empresa (en forma de calidad o mediocridad de producto, trato y atención al cliente, bajas, absentismo, rotación, conductas extra-rol, presentismo, conductas de ciudadanía organizacional y contraproductivas, entre otras).

Hay quien me dirá “mis clientes me exigen un precio muy ajustado, así que lo primero es el dinero y debo ceñir mis recursos a ello”.

Efectivamente, si no termino vendiendo no hay empresa que gestionar, pero antes y después de la venta, si no cuido exquisitamente el “cómo”, la “forma”, el “clima emocional” tanto de mis colaboradores y equipos como de mis clientes externos, estaré perjudicando seriamente mi cuenta de resultados a corto, medio y largo plazo.

buenas manerasY aquí volvemos al “buenos días” del directivo.  El “cómo”, estimado(a) directivo(a), cuesta poco (es gratis) y vale su peso en oro macizo.

 

Y antes de seguir, aclarar 3 cosas que me parecen básicas:

  • Hablar de emociones no es sentimentalismo, es hablar y trabajar desde la pluralidad para contar con las necesidades de los demás en el logro de objetivos.
  • Lo emocional no es sensiblería, es dirigir y liderar con auctoritas non potestas.
  • Si tratamos a nuestros equipos y clientes como un coste, no podemos esperar que se comporten como si fueran una inversión (sería pueril por nuestra parte).

¿Y cómo sabemos cuándo nuestros directivos y mandos intermedios necesitan plantearse seriamente el desarrollo de sus habilidades emocionales?

A ver, como intervención primaria siempre es eficaz iniciar y mantener un proceso de desarrollo de competencias emocionales en el trabajo, pero sí que hay algunos síntomas que indican la necesidad imperiosa de ello:

  • Falta de alegría y buen humor en los equipos de trabajo (empezamos a sentir un ambiente “apagado”, “frío” o anormalmente “maquillado” en nuestros departamentos).
  • Escasez o ausencia de conductas extra-rol (los colaboradores se limitan a “cumplir de manera justita” con su trabajo, ni un ápice más).
  • Los esfuerzos puntuales son recibidos a menudo con “malas caras” y “comentarios de pasillo” (el orgullo de pertenencia o la identificación con el proyecto ha caído).
  • Tenemos un aumento de horas de trabajo semanal pero la productividad no aumenta en la misma proporción (nos cuesta más hacer lo mismo).
  • Exceso de demandas emocionales y falta de recursos para hacerles frente (en empresas de servicios es muy frecuente).

Aunque lo correcto es hacer una evaluación psicosocial para poder hacer un diagnóstico de la situación y recomendar la intervención más adecuada.

Quizá necesitemos mejorar el liderazgo, pero también es posible que enriqueciendo el puesto de trabajo consigamos mejoras, aumentando la autonomía del trabajador o disminuyéndola si es excesiva o inadecuada, o reduciendo la ambigüedad de rol, o eliminando algún conflicto de rol, etc. Todo dependerá del resultado arrojado por el informe de evaluación.

Reducir o eliminar los síntomas anteriormente señalados son algunos objetivos o mejoras que buscamos al intervenir mediante workshops de inteligencia emocional aplicada al trabajo.

Mi propuesta

Es decir, en un taller de inteligencia emocional  aprendemos las bases y obtenemos los recursos para desarrollar la habilidad de percibir, usar, comprender y manejar el sistema de información emocional individual y colectivo, manejar adecuadamente la empatía, la asertividad y el cuidado exquisito de la comunicación no verbal de directivos, supervisores y profesionales de atención al cliente.

Al menos este es el enfoque que yo aplico en los talleres y conferencias en los que intervengo.

Hasta pronto!

Fuente imágenes: cultura.elpais.com; etiquetaysociedad.blogspot.com