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Resumen charla-taller “La crisis desde la Psicología Positiva”

En la charla-taller del pasado jueves 20 de octubre, tenía principalmente tres objetivos:

1) Pasármelo bien, básicamente porque si yo no me lo pasaba bien, no conseguiría que los demás lo hiciesen 🙂

2) Que los asistentes disfrutaran

3) Que todos aprendiésemos algo para llevárnos a casa

Yo me lo pasé genial y aprendí mucho. Y muchos de los asistentes creo que también. Aquí teneis las diapostivas que usé para este evento.

El mensaje que quise transmitir era en primer lugar, que la psicología positiva es psicología científica, que retoma el estudio de algo que ya era su objetivo a principios del siglo XX: mejorar la vida de las personas “normales” potenciando aquellos aspectos de su conducta, pensamientos, y emociones, que interactuando con el entorno, le sirven para adaptarse y desarrollarse como persona, contribuyendo a su bienestar físico, mental, y social (y puede inspirar a la gente que le rodea). Esta perspectiva de la psicología es impulsada por Martin Seligman en sus inicios.

Dije también que la psicología positiva no tiene soluciones mágicas para las crisis, y que de hecho esta crisis la ve como lo que es, una crisis galopante que está deteriorando la vida de muchas personas que no estaban preparadas (intelectual y/o emocionalmente) para esta situación, pero que la psicología positiva nos brindaba una serie de herramientas que usadas correctamente, con paciencia y perseverancia, nos sirven para mejorar nuestra situación poco a poco (y siempre en la dirección que elijamos).

Hablamos en esta ocasión, de optimismo inteligente y emociones positivas. Con respecto al optimismo, dije que tanto el optimismo como el pesimismo es una “distorsión” cognitiva de la realidad, puesto que ningún ser humano puede ver la realidad tal como es, sino a través de la construcción analógica que realizan nuestros cerebros, y filtrando además por creencias, valores, expectativas, experiencias, cultura, ilusiones, etc. Para mí no existe la persona “realista” sino el “constatador de hechos” puesto que una vez ponemos valoración subjetiva a esos hechos estamos distorsionando la realidad con nuestra perspectiva, que por supuesto desde ella, tendremos razón, nuestra razón.

La psicología positiva ha descubierto que la “distorsión” optimista inteligente (la que es consciente de los problemas y los obstáculos que vivimos, y aun así espera lo mejor) es la más eficaz de cara a una vida más satisfactoria para la persona, puesto que el optimismo inteligente nos dispone a ACTUAR (con mayúsculas) para prevenir y superar los obstáculos antes y después de que aparezcan, activándonos para perseverar hacia nuestro objetivo o meta. Para ello, hablamos de que debemos tener metas alineadas con nuestro estilo personal, con nuestro talento natural, el cuál hay que descubrirlo trabajando intensamente sobre nosotros mismos (reflexión y autoconocimiento) si es que lo desconocemos (que suele ser lo habitual).

Hablamos de felicidad un poco por encima, diciendo que la felicidad es un concepto amplio, global, que supone una valoración positiva de nuestra vida, en general, y a pesar de los problemas y vicisitudes que vivimos todos en mayor o menor medida. Para contribuir a este bienestar subjetivo que supone la felicidad, una de las cosas que podemos hacer es fomentar las emociones positivas (aunque no hay emociones buenas o malas, ya que todas tienen una función adaptativa). Hablamos en primer lugar de eliminar estados de ánimo negativos crónicos (ira, ansiedad, tristeza, pesimismo, etc.), así como los estímulos negativos que provocan o facilitan esos estados de ánimo negativos (evitar a las personas tóxicas o no darles conversación, no ver el telediario -solo dan las peores noticias del día-, evitar el lenguaje negativo, etc.).

Seguimos hablando de cómo facilitar las emociones positivas, cuidando el cuerpo y la mente -todo es uno-. Debemos hacer ejercicio físico aeróbico, al menos media hora, casi a diario. Nuestra alimentación debe ser equilibrada, evitando aquellos alimentos desnaturalizados industrialmente. Descansar, escuchar música, sonreir mucho, usar un lenguaje positivo, etc.

Finalmente hablamos que para conseguir algo debemos poner en marcha el método MTC (¡Mueve Tu Culo!), es decir, actuar, llevar a la práctica (no olvidemos que acumular conocimiento y no ponerlo en práctica sirve de bien poco). Para ello yo recomendaba empezar teniendo un PEP (Plan Estratégico Personal). El PEP es como un mapa de ruta, en el que marcamos un camino. ¿Cuál? El nuestro, el que está alineado, relacionado, y encaja con nuestro talento natural, con aquello que se nos da bien hacer sin esforzarnos demasiado. Esto no es fácil de descubrir en la mayoría de las veces, pero merece la pena el esfuerzo (a mí me costó una año, por ejemplo). Debemos ponernos plazos de consecución, pero sin agobiarnos, sin presionarnos excesivamente para no generarnos ansiedad, y con licencia para hacer cambios o algunas modificaciones por el camino. Algunos de esos objetivos deben ser desarrollar ese talento natural, porque una cosa es tenerlo y otra exprimirlo y sacarle jugo para nuestro beneficio y el de los demás, claro está.

Para finalizar, leimos todos en pie, al mismo tiempo, y con mucha energía,  la famosa frase de Albert Eisntein (con una pequeña adaptación que hice): “La verdadera locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”.

Antes de despedir este Post, quiero agradecer la asistencia a todos los que vinísteis (entre 25 y 30 personas), y a los que no pudistéis asistir deciros que no os preocupéis, haremos más y mejores eventos. La foto que aparece en la cabecera de este post es cortesía de Paco Bolós, y fue tomada unos minutos antes de comenzar. Como dice la gran Maty Tchey (se te echó de menos, amiga) convertí el miedo escénico en vértigo alucinante.

Hasta pronto!

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El Salario del Miedo

25 septiembre 2010 2 comentarios

¿Somos esclavos de nuestro trabajo? Es decir, ¿odio mi trabajo pero me aguanto por el sueldo que cobro a final de mes? ¿Vivimos, realmente, solo el fin de semana? Me temo que, por desgracia, así es en muchos casos. La razón o la lógica nos dice que debemos aguantar porque nos hace falta el dinero. La emoción nos dice que enviemos el trabajo a “freir espárragos”. ¿Hay término medio? ¿Hay alguna solución? Afortunadamente sí. ¿Es fácil? No, pero el camino hacia la mejora no es tan duro como aguantar un tercio de nuestra vida haciendo algo que odiamos.

¿Y en qué me baso para afirmar esto? Pues por un lado en las teorías de la Psicología Positiva científica (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000), y por otro en mi propia experiencia, y en las de otras personas que conozco. La psicología positiva nos dice que determinadas conductas, estados psicológicos, y emociones positivas nos permiten progresar y mejorar la calidad de nuestra vida (cfr. Flow, Cskiszentmihalyi, 1997). Veamos qué podemos hacer.

Lo primero que debemos hacer, es decidir firmemente que esa situación la queremos cambiar,  que vamos a esforzarnos (quizás no tanto como al ir todos los días al trabajo que odiamos) y no vamos a desistir hasta que consigamos el cambio. Después, pensar concienzudamente (y para eso hay que darse tiempo) si lo que realmente nos desagrada es nuestro trabajo en sí, la empresa, o nuestros jefes y/o compañeros, ya que no es lo mismo una cosa que otra. A partir de aquí, debemos poner en marcha un plan de acción para llevar a la práctica un viraje o cambio de rumbo, con la plena conciencia de que es un cambio que costará meses o años, pero con la satisfacción de que estamos pilotando nosotros la nave, y que llegaremos al puerto que queremos (o a uno muy cercano), y por lo tanto, la situación más o menos dramática que estemos viviendo es algo temporal.

Para ayudarnos, la psicología positiva nos enseña que mantenernos en un estado de alegría (nos ayudará la música, el humor, y relacionarnos con gente positiva) durante más tiempo que en estado de tristeza, y hacer ejercicio físico (aeróbico) a diario, así como cuidar la alimentación, nos produce una mejora del bienestar físico y psicológico subjetivo que nos inyectará energía para vivir el duro proceso de cambio, pero que merece la pena.

Dependiendo de lo que queramos cambiar, los plazos de ejecución serán mayores o menores. Por ejemplo, si queremos cambiar de trabajo, tendremos que decidir a qué nos queremos dedicar que nos guste mucho, y nos apasione como si fuera nuestro hobby. Para esto hay que dedicar, al menos una hora todos los días a pensar y buscar lo que realmente nos gustaría (a mí me costó un año). Una vez detectado, deberemos saber en qué punto nos encontramos,  para dar el siguiente paso: si ya tenemos el conocimiento o debemos adquirirlo; si tenemos los contactos o debemos crear la red. En cualquier caso, quiero insistir que esto lleva tiempo; no deja de ser un viaje con sus tiempos necesarios en las distintas etapas. Por ejemplo, no recuerdo ahora el nombre, pero había un par de amigos que siempre estaban organizando fiestas cuando estaban en la universidad (y no estudiaban, claro), y pensaron que podían dedicarse a ello. Crearon una empresa de servicios (ya tenían muchos de los contactos necesarios) para organizar eventos para empresas y particulares (despedidas de solter@, fiestas de fin de año, celebraciones de empresas, etc.), y se lo pasaban genial trabajando (y encima les pagaban).

Para no extenderme demasiado, me gustaría dejar clara una pauta que deberíamos seguir siempre para cualquier tipo de mejora a realizar en lo laboral. Y es tener claro qué valor podemos aportar a una empresa o cliente (al fin y al cabo es lo mismo). Si realmente podemos aportar valor,  con la certeza de nuestra competencia y con nuestra autoestima en buen equilibrio, podríamos hasta elegir a qué empresa/cliente queremos ofrecer nuestros servicios. Creo que estamos ante un cambio de era, y no sirven los antiguos patrones de comportamiento. Ya no sirve buscar una empresa que te contrate para toda la vida (“colocarse” como se decía), ya no sirve hacer las 8 horas justitas y olvidarse hasta el día siguiente, ya no sirve decir “si quieren que aprenda algo que me forme la empresa”, y en horario laboral, claro. Hemos de cambiar nuestros esquemas mentales y pensar que ahora debemos ser “proveedores” de servicios autónomos (aunque estemos en plantilla), y por lo tanto debemos formarnos continuamente por nuestra cuenta, aprender nuevas habilidades (comunicación, inteligencia emocional, inteligencia social, a hablar en público, a vender…). Así empezaremos a pensar a quién quiero dar mis servicios y dejar de pensar quién me querrá contratar. Y la cosa cambia, eh?

Es cierto que el horno no está para bollos, y hay que ser un optimista inteligente y no ilusorio, pero precisamente por eso hay que entrar en la espiral sin fin de la mejora contínua (¡ojo!, no de trabajar más horas, sino mejor). Si conseguimos trabajar agusto, las horas que dediquemos no nos pesarán como una mochila de piedras. Así que si estás en una empresa y no eres feliz, empieza a virar el timón de tu barco, y te harás un favor a ti, y a la empresa. Y sé que con la que está cayendo, esto es duro de decir, pero siempre hay oportunidades para los valientes y decididos. De verdad, se abren caminos que antes de andar no se veían. Es como ir a subir una montaña y mirar hacia arriba desde la base; pensaremos “Dios mío, si no veo donde agarrarme!”, pero en cuanto empiezas a subir, vas viendo los huecos donde agarrarte, y cuando vas subiendo y miras hacia abajo, piensas: “Dios mío, ¿cómo he conseguido llegar hasta aquí?”.

¿Somos esclavos de nuestro trabajo? ¿Intentamos mejorar? ¿O  esperamos a que la cosa cambie sola?

Hasta pronto!

Tener metas. ¿Para qué?

Conozco a muchas personas que viven sin tener metas, o al menos, sin tener una meta declarada. Curiosamente, estas personas, después de quince, veinte o cuarenta años están en el mismo entorno (sociocultural), piensan de la misma forma, y hacen los mismos comentarios. Incluso aunque les haya tocado mucho dinero en la lotería, siguen en el mismo entorno(sociocultural), piensan de la misma forma, y hacen los mismos comentarios (y siguen comprando lotería). Da la impresión como que andan en círculo, no avanzan. También es curioso que suelen quejarse de eso, de que no avanzan, pero dicen resignadamente: “¡Así es la vida!” o “siempre ha sido así”.  Si les propongo una meta que pueda mejorar su situación, algunos me han contestado: “Ya lo creo que me gustaría, pero es tan dificil”, ¡coño! (con perdón) ¡claro que es dificil!, les contesto, si fuera fácil todo el mundo alcanzaría lo que quisiera, ¿o no? Después me contestan que para vivir no hace falta tanto, ni metas, ni nada. Hombre, la verdad, es que pienso que para vivir es cierto que no hace falta tanto, que nos complicamos la vida en exceso quizás. Entonces, ¿qué falla? Porque algo está fallando si para vivir no hace falta mucho, pero la gente no es feliz o no lo percibe así, al menos.

Como dice el extraordinario José Luis Sampedro: “el sistema nos enseña a producir y consumir, pero no a autorrealizarnos”. ¡Umm! me temo que por aquí van los tiros. Si a esto unimos lo que dice Fernando Savater: “El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos”, podemos ir hilvanando una respuesta hacia esa falta de metas generalizada que existe. Es decir, si el sistema solo nos enseña a producir y consumir,  me temo que lo primero genera una mente sencilla, y lo segundo unos gustos complejos, porque cuanto más consumimos más sensación tenemos de que nos faltan cosas (sobre todo las que tienen el vecino).

¡Claro!, ahora me explico el afán de conseguir dinero que tenemos la mayoría de las personas. Otra cosa es el afán de acumular dinero que tienen algunas personas, pero esto es tema de otro post. Quizá con gustos más sencillos y mentes más complejas no tendríamos ese afán, y tendríamos más metas. Hombre, ya salieron las metas. Va a ser que la gente no tiene metas porque una mente sencilla no genera metas (claras y definidas), solo genera deseos de conseguir bienes materiales (metas ambiguas y ambivalentes), y a muy corto plazo (cuando cobre la nómina me compro la tele), alineado con lo que enseña el sistema. Muy bien, si eres uno de ellos, ¡enhorabuena! cumples el estándar de mercado, lo que fabrica el sistema, una máquina de trabajar y consumir.

Pienso que para salir de este círculo vicioso hay dos posibilidades; una es el ascetismo, salirse del sistema. La otra forma es, seguir en el sistema, pero tomando nosotros las riendas; ya que hay que trabajar y producir para conseguir el dinero que necesitamos y/o queremos, vamos a hacerlo en aquello que nos guste, o mejor, que nos apasione de verdad. ¿Fácil?, no. Imposible tampoco. Y si vamos a consumir, vamos a hacerlo en aquello que de verdad queremos y/o necesitamos después de haberlo meditado unos días, no al primer impulso o deseo tras la publicidad o exposición a la vista (yo estuve a punto de comprarme el Ipod Touch de Apple, pero después de pensarlo unos días, me dije: “¡y para qué narices lo quiero!, si no tengo un objetivo claro y definido para su uso”, así que decidí no comprarlo. Probablemente lo tendría arrinconado en un mueble después de unos días).

Ahora, desde la psicología positiva, sabemos que las metas energizan y dirigen la conducta de las personas. Que si la meta es muy grande (ambiciosa pero realista), podemos organizar la meta en submetas, cuyo logro más cercano activa reacciones positivas que ayudan a mantener el camino hacia el objetivo final. Además, cada persona puede establecer sus propios estándares de logro, de forma que se autorrefuerza por lo bueno que percibe en cada momento, es decir, utiliza como elementos motivadores fuentes internas (mentales) de refuerzo en vez de fuentes externas. Pór último, definir metas personales da significado a lo que hacemos, y en definitiva bienestar a nuestra vida.

La psicología también nos demuestra que si diseñamos un plan de acción (cómo, cuándo, y dónde hacer) estaremos mucho más cerca de dar el primer paso. Dos han sido los mecanismos propuestos (Gollwitzer, 1996, 1999). Por un lado, al identificar las circunstancias específicas donde se llevará a cabo la conducta, aquellas se hacen más salientes, manteniéndose activas cognitivamente,  focalizando la atención del sujeto sobre las mismas y favoreciendo su procesamiento más eficaz. Por otro lado, el establecimiento de la asociación entre las circunstacias y la conducta, favorece que aquellas actúen como auténtico disparador de la conducta, facilitando su inicio inmediato y automatización una vez se han presentado las circunstacias anticipadas. De esta forma, y con la repetición de la conducta, conseguiríamos el hábito.

Tener metas, ¿para qué? Espero haber contestado la pregunta, y que te haya servido, al menos, para pensar.

¡Hasta pronto!