Archivo

Posts Tagged ‘Jefe’

Jefes Tóxicos

Jefe TóxicoVoy a contar algunas de mis experiencias profesionales,  porque creo que puede ayudar a explicar qué es un jefe tóxico y a que descubras (si no lo has hecho ya, si el tuyo lo es o no).

Caso 1:

El control férreo del horario (creyendo que más horas de trabajo es igual a mayor rendimiento).

Empezábamos a trabajar a las 8:30, y a las 8:31 me estaba llamando (estuviera en la oficina o en un cliente) para hacerme una pregunta –la que sea- y si no estaba en el puesto de trabajo, teníamos discusión. Justo lo contrario con la hora de salida, es decir, si salíamos a las 19:00, me llamaba a las 20:00 al trabajo y si no estaba trabajando me llamaba a casa para preguntarme por qué había terminado ya. Esto al principio genera un poco de sentimiento de culpa (sobre todo si tu autoestima no es muy alta, como era la mía entonces), pero con el paso del tiempo, genera resentimiento hacia el jefe, y por lo tanto desgaste anímico, emocional, y finalmente ansiedad (después hablaremos de las repercusiones en la salud).

Caso 2:

El control egocéntrico de guante blanco.

Este jefe ejercía control absoluto sobre todo lo que se movía en la empresa. Con la peculiaridad de que aparentemente no se notaba. Pero claro, al final todo se sabe. Llegaba un momento que yo preguntaba por qué hacíamos unas cosas y no otras, y mi interlocutor señalaba con el dedo índice hacia arriba (y prefería no hacer comentarios), como si el mismísimo Dios hubiese ejecutado la orden.

Si intentabas “rebelarte” diciendo tu opinión, “aparentemente” no pasaba nada, por el momento. En unos días, o semanas, empezabas a tener trabas que antes no tenías, y en cuestión de unos meses terminabas adquiriendo el tan oído síndrome de burn-out, porque todo eran problemas y desgaste emocional.

Caso 3:

El control zafio.

Me llamaba: “ven a mi despacho ahora mismo” (o por teléfono, es igual). El proyecto X tiene que terminar bien si o sí. De acuerdo lo vamos a intentar con todo nuestro empeño, le contestaba yo. Contestación automática y gritando: -VAMOS A INTENTAR, NO. ESO TIENE QUE FUNCIONAR POR C****ES. ¿ESTÁ CLARO?.

Este jefe tiene la ventaja, con respecto al anterior, de que lo ves venir. Emplea malas artes en tu propia cara. Es desagradable, pero lo conoces rápidamente. Tiene la desventaja de que inyecta la toxicidad en grandes dosis y en poco tiempo, pero el anterior jefe, que te envenena poco a poco, termina siendo igual de dañino.

Si observamos, la esencia de la toxicidad es el control autoritario basado en el ataque dirigido a la persona, y no a la conducta, no en el control objetivo basado en los resultados que ejerce el líder.

Si alguien tiene un tipo de jefe como estos, mi recomendación por experiencia y por conocimiento de la repercusión en nuestra salud es: “LÁRGATE”, cuanto más rápido y lejos mejor. Seguir con ellos es permitir que nuestra sangre se inunde a diario de cortisol.

El cortisol es la hormona del miedo, que en dosis puntuales (como un peligro real y concreto) resulta beneficiosa porque me pone a salvo del peligro, pero en dosis altas y sobre todo, de larga duración, (semanas, meses o años) se convierte en distrés (estrés agudo crónico), y altera el correcto funcionamiento de mi organismo.

La Psiconeuroinmunología ha demostrado que la emisión de dosis constantes y duraderas de cortisol en la sangre debilita nuestro sistema inmunológico, a través de la interacción del cortisol  con las citocinas (también citoquinas).  Además aumenta los niveles de glucosa en la sangre para facilitar más aporte energético a nuestros músculos (el cerebro cree que nos enfrentamos a un peligro físico y vamos a atacar o huir –resultado de la filogénesis-). A largo plazo, el debilitamiento del sistema inmunológico acaba pasando factura, en forma de enfermedad infecciosa o incluso cancerígena.

Y eso no es todo. La activación del eje HHA (Hipotalámico, Hipofisario, Adrenal), es decir, la activación del sistema nervioso simpático a causa de la ansiedad, aumenta la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la tensión arterial.  Y esto, a medio o largo plazo, pasa factura. Seguro que conocéis algún caso de compañeros (yo he tenido alguno muy cerca) que han sufrido una angina de pecho, infarto, o cualquier cardiopatía debida al distrés o estrés crónico.  Casos extremos son los suicidios ocurridos en France Telecom. En cualquier caso es algo muy serio que no hay que dejar en manos “del destino”.

Mientras ocurre todo esto, es frecuente sufrir insomnio. Si vamos al médico es muy probable que nos recete alguna pastilla, que normalmente será de la familia de las benzodiacepinas (trankimacin o miolastán), que resultan adictivas (en periodos largos), lo cual paradójicamente hace, que cuando dejamos de tomarlas nos produzcan insomnio (síndrome de abstinencia), que es justo el motivo por el cual nos las tomábamos. Y si no somos conscientes de ello, podemos entrar en una espiral de aumento de dosis por largo tiempo (para dejar de tomarlas tenemos que volver al médico para reducir la dosis progresivamente y no dejarlas de tomar de un día para otro).

Resumiendo. Si alguien está en este caso o conoce a alguien que lo está, en  mi opinión, lo más inteligente es ir buscando otra empresa para trabajar (que las hay buenas, aunque no lo parezca) porque está en juego la salud (la propia y la de la gente que nos quiere).

Alguien me contó que hay otra opción, y es echar al jefe, en el caso de que tenga una jerarquía por encima y haya algún líder (raro, porque entonces no estaría el jefe). Parece ser que se ha dado algún caso en que el empleado consiguió “echar al jefe” enviando su currículo a ofertas de trabajo sin que él lo supiera. Le empezaron a llamar, se asombró y dijo que él no había enviado el CV, pero le atrajo la oferta y se fue 😉

Hay un caso aparte de jefe tóxico y es el del psicópata (¡ojo! no estoy hablando del asesino en serie de las películas, eh? ), que además está  más frecuentemente entre nosotros de lo que pensamos (en la empresa y en la vida personal). Pero la explicación de este caso da para otro post. Si queréis puedo hablar de ello en otra ocasión.

Hasta pronto!

Jefe y Líder. Psicologías contrapuestas.

El jefeA mi modo de entender, la diferencia entre un jefe y un líder, es que el primero  suele ser “seguido” por imposición  jerárquica y el segundo es seguido voluntariamente. Curiosamente el segundo atrae más personas que el primero.

A lo largo de mi trayectoria profesional, he conocido muchos jefes y muy pocos líderes. Primero creí que tenía yo mala suerte, después descubrí que el 80% de los puestos directivos están ocupados por jefes y alrededor del 20% (o menos) de líderes. Con lo cual, es más fácil encontrar jefes que líderes; no es cuestión de suerte.

Si la inteligencia emocional y las relaciones interpersonales, en el ámbito de la psicología social, ha explicado que sentimos atracción por las personas amables, que regulan o canalizan sus emociones en tono positivo, constructivo,  sin agresividad y con respeto, ¿por qué los jefes se extrañan de que los empleados a su cargo no les siguen,  no les hacen caso y no obtienen los resultados que les imponen?.

En varias ocasiones he preguntado a algunos jefes (cuando no estaban de mal humor –cosa rara-) y la respuesta ha resultado ser bastante unánime: “hay que tratar con mano dura a la gente, porque son unos vagos, y si los tratas bien se te suben a la chepa y no trabajan”.

 Curiosamente, los jefes no saben que las personas vemos lo que proyectamos, es decir, que vemos en los demás nuestras propias debilidades, por lo que deberían hacer primero un trabajo de introspección.  Así, muchos jefes tratan con dureza a su empleados porque piensan que les quieren engañar,  y a base de repetir esa conducta, muchos empleados terminan engañándolos de verdad, y los jefes confirmando sus sospechas y reafirmando sus pensamientos. Es el llamado efecto Pigmalión o profecía de autocumplimiento.

¿Solución? Desde fuera es imposible, porque cuanto más se les diga a los jefes que deben cambiar, más se van a empecinar en que su verdad es la buena. Debe ser el propio individuo, el que en un acto de humildad, de reflexión, se de cuenta de que, para que los demás cambien, primero debe cambiar uno mismo. A raíz de ahí, puede iniciar un proceso de transformación personal, y experimentará lo que decía Marcel Proust: “Nada ha cambiado, solo yo he cambiado, por lo tanto todo ha cambiado”.

Mientras eso no ocurre, es imposible un cambio del clima laboral. Les propones que se formen, pero no quieren porque creen que no tienen nada que aprender (síntoma típico del ignorante), o que invertir en formación es para las grandes empresas (cuando no saben que las empresas se hacen grandes, en parte,  porque invierten  en formación –la adecuada a sus objetivos-).

En cambio, el líder sabe que no lo sabe todo, confía en las personas, les ayuda a crecer, y en definitiva, prepara el camino para que las personas de su organización se desarrollen personal y profesionalmente, y para que crezcan junto a la empresa. El líder se está formando constantemente porque sabe que  el comportamiento eficaz del pasado no es válido, tal cual, en el presente que cambia constantemente.

En mi opinión, la forma jerárquica de una organización eficaz y eficiente del siglo XXI, debería ser la de una pirámide invertida, donde arriba del todo (la base) estarían las personas que tratan directamente con los clientes (la razón de existir de una empresa),  más abajo estarían lo departamentos internos (que dan soporte a los primeros), y abajo del todo, estaría el director general o máximo dirigente,  allanando el camino y facilitando los medios para el buen hacer del resto del equipo. La organización del siglo XXI es la que está mirando hacia fuera, hacia el cliente; no hacia dentro (como en el pasado), no hacia el jefe (porque si le da la cara al jefe le está dando el culo al cliente ;p). Por lo tanto en la empresa moderna no hay espacio para el jefe obsoleto y arcaico de la empresa tradicional, que por cierto está en declive (aunque me temo que aún le quedan unos años para su extinción).

Y para no extenderme más, en la próxima entrada hablaré del jefe tóxico, cómo ponerse a salvo de él y por qué (ya que por desgracia todavía quedan muchos de ellos).

Hasta pronto!!