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¿TU EMPRESA DISPONE DE “LAVABOS EMOCIONALES”?

Faucet and Sink decoration in bathroom interior

Muchas personas piensan, especialmente en el ámbito laboral, que los aspectos emocionales del ser humano son temas que cada uno debe resolver, no teniendo la empresa ninguna obligación al respecto.

Sin embargo, está bien asumido en todas las empresas que aunque la evacuación de otras necesidades fisiológicas también son responsabilidad de cada uno, la organización tiene que disponer de lavabos donde ir a realizar estas acciones de manera higiénica y saludable.

Es decir, la empresa facilita la evacuación y eliminación de orines y deposiciones de sus colaboradores a través de infraestructuras y pausas ad hoc. Y nadie lo cuestiona.

Es más, también se dispone de un lavabo especial para personas con necesidades especiales, eliminando así las llamadas barreras arquitectónicas.

Pues bien, cada vez tenemos más evidencia científica y clínica de que la “evacuación emocional” es una necesidad fisiológica del ser humano, también en las empresas.

Al igual que si no expulsamos los residuos del sistema urinario y digestivo vamos a enfermar más pronto que tarde, también enfermamos si no expulsamos los residuos que produce el sistema emocional, ya que dichos residuos son somatizados en una u otra localización de nuestro organismo.

Claro, ahora viene la pregunta del millón. ¿Y cómo se expulsan estos residuos del sistema emocional? ¿Qué puede hacer la organización al respecto?

El primer paso es “permitir la construcción” de esos espacios de higiene emocional, aunque como cualquier otra reforma resulta incómoda durante el tiempo que duran “las obras”. Pero después los beneficios compensan ampliamente.

Esto se hace incluyendo de forma consciente, sistemática y proactiva programas de entrenamiento y desarrollo de inteligencia emocional para que los espacios de comunicación emocional surjan de manera natural, abierta y complementaria a las conversaciones técnicas.

Podíamos decir que la expulsión emocional, o mejor dicho la expresión emocional, es similar a la expulsión urinaria o intestinal.

El siguiente paso es dirigirnos al lugar adecuado para su realización, ya que no es conveniente hacerlo en cualquier sitio y de cualquier forma.

Al igual que nadie se va meando o cagando por los pasillos o encima de otro (perdón por la expresión y la imagen dantesca), tampoco es adecuado ir “vomitando emociones” por cualquier sitio ni encima de nadie (igual de dantesco y sin embargo habitual).

 

Es recomendable hacerlo en un lugar privado (despacho, sala de reuniones o incluso salir a dar un paseo “informal”) junto a la persona implicada en aquella situación en que la nos solemos activar intensamente de forma que se acumulan esos residuos emocionales.

Y fíjate que digo “nos activamos” y no “nos activa”. Este es un paso crucial para una expresión emocional adecuada: asumir la responsabilidad de nuestra propia activación emocional.

Está bien hablarlo con otra persona distinta para atenuar los síntomas (como tratamiento de choque) pero si no lo hacemos con la persona adecuada no vamos a realizar una buena higiene y, además, es posible que terminemos dañando nuestro vínculo con esa otra persona.

Es como si en vez de ir a mear al lavabo lo hacemos en el geranio que tenemos cerca de nosotros. Terminaremos estropeando la planta si insistimos todos los días. Hay que hacerlo en el lugar adecuado.

Por último es necesario realizar una expresión emocional serena, estructurada y consciente o, lo que es lo mismo, asertiva (sin agresividad pero sin miedo).

Así podremos comunicar hechos o comportamientos objetivos, cómo nos sentimos al respecto (subjetivo pero incuestionable) y qué necesidades o acuerdos de conducta pedimos para un funcionamiento más sano y productivo (en beneficio de ambos).

Es decir, con el mismo cuidado que cuando entramos en un lavabo tradicional y procuramos no realizar la micción o defecación fuera de la taza (o al menos eso quiero pensar) ni en nuestra propia ropa.

Pero insisto, para poder realizar esta “evacuación emocional” la empresa tiene que integrar con toda naturalidad la necesidad de facilitar espacios y pausas para que las personas expresen sus emociones adecuadamente.

Y para ello la organización junto a sus diferentes directivos, gerentes y mandos intermedios (da igual el tamaño de la empresa) necesita incorporar una serie de prácticas saludables y estilos de liderazgo que faciliten contextos de seguridad psicológica donde poder expresarse sin miedos ni amenazas, en total libertad y respeto.

Sí, lo sé, es como volver a educar a niños y niñas en el manejo de sus esfínteres (en este caso “esfínteres emocionales”), pero si no sabemos tendremos que aprender, ¿no te parece? No nos queda otra.

En caso contrario terminaremos asistiendo a variopintas explosiones emocionales que salpicarán a todo aquel que pase en ese momento por allí (incluidos compañeros, clientes o proveedores).

Lo mismo que si nos da un retortijón y necesitamos expulsar toda la porquería de nuestro intestino pero no disponemos de lavabo. ¡Pobre de aquel que esté cerca de nosotros!

¡Vamos, algo totalmente antihigiénico y muy poco productivo!.

Por otro lado, estos lavabos emocionales también beneficiarían a las personas que se sitúan en el otro extremo y terminan “implosionando” por falta de expresión emocional, ya que la organización animaría e impulsaría su exteriorización evitando bajas imprevistas.

Y es que la ausencia de lavabos emocionales en la empresa termina produciendo daños psicosociales en forma de falta de compromiso con el equipo y con la empresa, absentismo, presentismo, fuga de talento y bajas laborales por estrés.

En lenguaje financiero, varios cientos de miles de euros al año que se van por el desagüe de la baja productividad.

Sin embargo, la presencia y uso de estos lavabos emocionales permite aumentar el bienestar psicosocial y por tanto liberar la atención, la memoria y el pensamiento de esas necesidades,  dejando espacio al compromiso y la excelencia con la tarea, producto y servicio.

¿Y tu empresa, todavía se resiste a instalar “lavabos emocionales”?

Fuente imágenes: Designed by Freepik;

*También puedes leer “Estrategia emocional en la empresa. ¿Cómo empezar?”

La Palanca del Éxito

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¡VA BIEN!, ¿PARA QUÉ INVERTIR?; ¡VA MAL!, MEJOR NO INVERTIR.

Foto 155 Oscar leblancHace unos años, conversando con el gerente de una empresa cliente, me dijo: “Nuestras ventas han bajado; creo que somos poco competitivos, y los socios me están presionando…”; ¿y por qué no invertís en mejoras? -le dije yo.

Te lo explico, -me dijo el gerente. Aquí, cuando las cosas van bien y entra mucho dinero, propongo invertir en mejoras tecnológicas y de gestión, pero no me dejan; los socios me dicen que no es necesario porque “todo va muy bien”.

Sin embargo, cuando baja la facturación y propongo invertir en mejoras para aumentar la competitividad, me dicen que no nos podemos permitir “el lujo” de invertir porque los ingresos tienen una tendencia bajista. Es más, me “invitan” a recortar gastos y “pedalear” más.

¡Vamos, que nunca invertimos!, y con el paso de los años nos vamos quedando obsoletos sin darnos cuenta. Creo que tenemos el síndrome de la rana hervida.

Pienso que el caso de esta empresa es bastante generalizable a muchas de las empresas españolas.

Si nos centramos en el ámbito de la dirección de personas, todavía es más grave.

No es que casi nunca invirtamos en el desarrollo de habilidades “blandas” del cuadro directivo, es que son pocos los directivos los que entienden que es una necesidad para que los equipos de trabajo “funcionen de verdad”.

“Cuando un equipo de trabajo funciona, no es por casualidad. Cuando un equipo de trabajo no funciona, no es por casualidad. En los equipos suceden cosas que no se ven y, por tanto, no se hablan y no se pueden mejorar”, Inma Puig

Y es que hoy sabemos que las habilidades socio-emocionales del directivo son los cimientos de hormigón armado (el núcleo duro) para que las habilidades técnicas del equipo puedan desplegarse en su máximo exponente.

team-bilding-4Muchas empresas (de cualquier tamaño), cuando han ganado dinero y les iba bien, no se han acordado de invertir en la salud de sus colaboradores.

Y si lo hacían, organizaban un outdoor, un poco de formación y una comida o cena un par de veces al año, como mucho. Pero esto, como han podido constatar muchas de ellas, no funciona.

 

Las acciones aisladas de prácticas saludables tienen un efecto pequeño, no sirven. Sus efectos no son duraderos en el tiempo si no forman parte de una estrategia global aplicada al día a día.

Pienso que no se trata sólo de recortar gastos (lo más fácil), sino de invertir de manera más inteligente (y para esto hay que pensar).

Y no solo hablo de tecnología y procesos, también hablo de innovar en gestión de personas, porque si nos vamos quedando sin personas o sin su talento (porque se van, enferman, las echamos o se desconectan emocionalmente) terminaremos por no tener nada que administrar.

Para mí, esa inversión inteligente en personas, pasa por incluir al departamento de gestión del talento (o a la persona que se encargue de ello) en la estrategia de negocio, y dejar de verlo como un mero soporte administrátivo.

De esta manera, la inversión en personas estará alineada con el resto de estrategias de la organización.

Por ejemplo, incluir el desarrollo de competencias emocionales en el cuadro directivo (incluido el máximo ejecutivo) como eje transversal al resto de competencias, se convierte en un proyecto al mismo nivel que la estrategia financiera, de marketing o ventas.

Al tener un enfoque estratégico, de proyecto nuclear, la transferencia al día a día (acompañada de un facilitador, si es necesario) se termina consiguiendo, repercutiendo en mayores niveles de satisfacción de los equipos, confianza, engagement, conductas de iniciativa…

Y estas consecuencias tienen efecto directamente en la cuenta de resultados al aumentar la calidad de servicio, el compromiso de los empleados y la satisfacción del cliente.

ComponentsSP500_2010Sí, estamos hablando de intangibles, que hoy sabemos que tienen un peso de alrededor del 80% del valor de una compañía, porque la diferencia competitiva de una empresa, en la era actual, está en que las personas den lo mejor de sí mismas, siendo esto un aspecto socio-emocional (las competencias técnicas son necesarias pero no suficientes).

Intangibles, además, que puede ser medidos con instrumentos fiables y validados, convirtiéndose en indicadores de negocio (p.ej., “satisfacción”, “calidad de servicio”, “apoyo social” o “feedback”, y por qué no, “felicidad”).

Si además, remuneramos a nuestros directivos parte de su salario en base a la mejora de estos indicadores de intangibles, estamos reforzando su conducta en pro del bienestar de los empleados y la salud financiera de la organización.

Finalizo con una reflexión del gran Jordi Vila Porta, que dice más o menos así:

“Cuida a tus empleados y ellos cuidarán de ti aportando valor a tu negocio y trayendo clientes. Cuando esto ocurra, págales muy bien, porque serán los clientes los que estarán pagando su salario, no tú”.

¿Y tú, no inviertes porque te va bien, o porque te va mal?

Hasta pronto!

Fuente imágenes: album-agujero-negro.blogspot.com; lospuertos.ec; oceantomo.com