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¡Ven aquí, que te formo y te hago coaching!

28934533583_e9ec253338_k_dParece que vivimos una especie de inundación o asedio de programas de formación, coaching, inteligencia emocional, liderazgo y desarrollo personal por todas partes.

Como si fuese obligatorio y necesario estar todos los días del año pendientes de aprender nuevas formas de pensar, sentir y hacer, cuestionándonos en todo momento si lo estamos haciendo todo lo bien que podríamos hacerlo.

¿Y aquí cuándo se trabaja? (como diría un directivo que conozco).

Paradójicamente, esta manía persecutoria de mejora nos puede llevar a vivir más procesos de estrés y sufrir mayor ansiedad.

¿Estoy diciendo que hay que dejar de formarse o dejar de crecer como profesional y persona?

Nada más lejos de la realidad. Ahora más que nunca necesitamos seguir aprendiendo durante todo el ciclo vital.

Estoy diciendo que es importante desarrollarse como profesional y persona, pero sin agobios, obsesiones u otro tipo de neuras.

Hace unos días me decía una persona:

“Creo que nos estamos preocupando demasiado por todo, en el sentido de que cualquier cosa que ocurre en nuestra vida personal, familiar o profesional la pretendemos analizar inmediatamente por si puede haber un trauma, trastorno, acoso o carencia detrás”.

“Además no paramos de leer todo tipo de libros, asistir a charlas y talleres o contratar profesionales para que nos ayuden a ser mejores padres, profesores, directivos o profesionales, buscando más éxito o bienestar en todo lo que hacemos”.

Y efectivamente, creo que lleva razón. Al menos en parte.

Es decir, es muy loable e importante mejorar, crecer y buscar el bienestar y el éxito (entendiendo por éxito el logro de nuestros objetivos).

Ahora bien, obsesionarse con mejorar por obligación, por narices, porque es lo que toca o porque lo hace el vecino (o la empresa de al lado), solo sirve para perder el tiempo, el dinero y los nervios.

Porque hacer las cosas por obligación, o por puro maquillaje, no tiene efectos positivos en nuestro día a día, ya que vamos a seguir haciendo lo mismo de siempre.

Sí creo importante adquirir nuevos recursos o contratar servicios profesionales cuando observemos anomalías que nos impidan desarrollar una vida personal, familiar o profesional con normalidad.

Aclarando que algunas situaciones diarias que se aceptan como normales, son poco saludables y muy perjudiciales:

  • Vivir con estrés de día y ansiedad de noche
  • No poder conciliar el sueño más allá 3 ó 4 horas
  • Tomar ansiolíticos a diario para poder dormir
  • Pasar los días en un estado de ánimo triste o “melancólico”
  • Tener un comportamiento agresivo e irascible en el trabajo o en casa
  • Vivir un clima laboral tenso con falta de apoyos
  • Pasar la mayor parte del día anclado en el reproche, la crítica o la queja
  • Sentir a menudo el impulso de comer “bombas calóricas”

Más interesante aún sería plantearse hacer una inversión de mejora sistemática (anual, por ejemplo) para nuestro crecimiento personal o profesional (o el de la empresa).

Pero desde una firme decisión que nace de la consciencia y un corazón sereno.

Una profunda determinación de mejorar poco a poco, paso a paso, sin prisas ni agobios.

Mejorando una pequeña cosa cada vez, para abordarla sin “destroncarnos” la vida por querer abarcar demasiado de golpe.

Esto, paradójicamente, nos permitirá avanzar de forma más rápida, saludable y eficaz que engullendo lecturas, talleres y charlas sin masticar ni digerir, cayendo en una especie de “bulimia (in)formativa”.

Si además te puedes permitir un proceso de acompañamiento por parte de un profesional que te ayude a consolidar la mejora, “miel sobre hojuelas”.

¿Tú también tienes la sensación de tener que mejorar “por narices”?

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Autor imagen: Viktor Hanacek, a través de imagenesgratis.eu

¡Quiero que mi vida mejore!

Si le preguntamos a cualquier persona si quiere mejorar, creo que la respuesta siempre será un rotundo sí (salvo alguna excepción). Ahora bien, si la siguiente pregunta es ¿Cómo piensas hacerlo?, aquí probablemente la respuesta será “no lo sé” (salvo alguna excepción).  Sobre todo ahora con la proximidad del nuevo año, aumenta el número de personas que tiene propósitos de mejora; otra cosa es quién lo hace realmente.

Hace tiempo que creo firmemente, y así me lo está demostrando la experiencia, que todo cambio o mejora externa empieza en uno mismo. Por ejemplo, si quieres relacionarte (con regularidad, no puntualmente se entiende) con gente de más nivel cultural, primero tienes que tener tú más nivel cultural. Si quieres relacionarte con gente de más inteligencia emocional, primero tienes que tener tú más inteligencia emocional. Si quieres relacionarte con gente de más simpatía o amabilidad, primero tú tienes que tener más simpatía o amabilidad. Si quieres tener un trabajo que te aporte más valor, primero tienes tú que aportar más valor. Si quieres que las cosas mejoren, primero tienes que mejorar tú. Y así en casi todo. No sé si me explico.

Si ha quedado claro lo anterior, el siguiente paso sería explicar con un ejemplo qué es necesario hacer para mejorar uno mismo. El ejemplo que voy a poner es mi propio caso (intentando huir un poco de teorías, que son necesarias pero no suficientes). Espero que sirva.

Digamos que mi “despertar” empezó después de un largo periodo de malestar personal que comenzó en 2001 cuando decidí dejar la empresa en la que trabajaba y crear una nueva con dos socios más, con mucha ilusión pero nula experiencia empresarial. El caso es que me di de bruces con la realidad, ésta es muy terca y acaba imponiéndose, y decidí dejar la aventura tras año y medio (también la empresa decidió dejarme a mí), vamos, que éramos incompatibles. En el camino me dejé mucho desgaste emocional y mucho dinero (que además no tenía y se lo debía al Banco), pero gané un aprendizaje bárbaro (yo digo que hice un MBA carísimo).

Afortunadamente comencé a trabajar de forma inmediata en otra empresa en la que depositamos (la empresa y yo) nuestra confianza mutua –Aritmos– (a la cual estoy inmensamente agradecido). Esto, unido a que pude reunificar las deudas  (además de la hipoteca, mi mujer había comenzado también por su lado otra aventura empresarial, y también tenía créditos), me permitió atender adecuadamente, no sin esfuerzo, las deudas contraídas.

Superado minimamente el aspecto económico, me planteé seriamente que quería mejorar porque llegué a la conclusión (después de leer un montón de libros de todo tipo –en especial Management y Psicología positiva-) de que en “mi nivel” solo podría hacer cosas de “mi nivel”, algo que es duro de aceptar, que parece obvio, pero que el día a día no nos deja ver. En septiembre de 2005 decidí firmemente que quería relacionarme en mí día a día con personas de más nivel cultural y emocional que yo, y para ello hice por escrito un plan de acción. Por ejemplo, estudiar una carrera, asisitir a todos los cursos y conferencias de desarrollo personal que pudiese, e inscribirme en asociaciones relacionadas con ello.  Además quería que toda la experiencia que tenía acumulada, junto con el nuevo aprendizaje me sirviese para ayudar a otras personas a crecer y  mejorar.

En 2006 hice el curso de acceso a la universidad para mayores de 25 años (yo había estudiado formación profesional de 2º grado) y en 2007 me matriculé en el primer curso de la carrera de Psicología por la UNED. Deseaba (y deseo) especializarme en psicología de las organizaciones y psicología positiva. Asistí a seminarios y conferencias en directo y en video, escuché audiolibros en casa y en el coche, hice cursos de mejora en mi provincia y viajé fuera de ella para hacer otros. Ahora estamos terminando 2009, estoy en 3º de carrera, y por el camino han ido “apareciendo” como por arte de magia personas de más nivel cultural que el mío y más nivel emocional que el mío (es evidente que han aparecido conforme he ido subiendo un poquito mi nivel). Ni que decir tiene, que en todo este trayecto el apoyo de mi familia ha sido clave, sin él probablemente no hubiese podido mantener el esfuerzo.

Hace dos años me inscribí en una asociación sin ánimo de lucro que se llama Desata Tu Potencial, en la que participo recibiendo e  impartiendo clases de desarrollo personal en el instituto Camp de Morvedre y en la propia asociación, y hace un año que trabajo en ENCAMINA, una consultora tecnológica Valenciana llena de personas con un nivel altísimo de cultura e inteligencia emocional. Además pertenezco al equipo de Arqueros de la Palabra, gracias a Maty Tchey (una persona excepcional donde las haya) que me impulsó a preparar un curso de desarrollo personal, que llamé “La Palanca del Éxito” (este nombre tiene su explicación, lo contaré en otro post y en el curso), y versa sobre auto liderazgo (básicamente cuento con detalle y argumentos científicos, cómo mi historia personal es solo un diminuto ejemplo del potencial humano y cómo llevarlo a la práctica). En todo este proceso me han ayudado mucho las redes sociales.

Ahora sé que es real (no utopía) que sí se puede mejorar si uno lo decide firmemente con todo su ser hasta la médula, dando el primer paso hacia la acción (el más difícil), y también sé que el crecimiento es “infinito”, que dura todo el ciclo vital, que podemos mejorar siempre porque el cerebro es plástico (aunque tiene su declive, pero sigue siendo plástico toda la vida) y se puede moldear con el aprendizaje. Aun me quedan muchas cosas por hacer; tengo que licenciarme en psicología, colegiarme, hacer un posgrado en psicología positiva, estoy preparando dos cursos de inteligencia emocional (para la empresa y la educación), me gustaría escribir un libro… En fin que seguro me esperan un montón de cambios y novedades en mi vida y por lo tanto en todo lo que me rodea. Acordémonos de la cita de Marcel Proust: “Nada ha cambiado, solo yo he cambiado, por lo tanto todo ha cambiado”. Por cierto, hay personas que dicen que cuando uno es mayor no se puede cambiar, pero no es así (yo inicié el proceso de mejora a los 38 años, ahora tengo 42 y sigo en ello con ilusión y energía).

Bueno, espero que mi experiencia te pueda servir, al menos en parte. Si necesitas o quieres consultarme cualquier aspecto de mi trayectoria que te pueda ayudar en tus decisiones, no dudes en escribirme. Prometo contestar a la mayor brevedad.

Gracias por leerme. Felices fiestas y que tengas un estupendo 2010. Ójala te decidas a mejorar, haciéndolo realmente.

Inteligencia Emocional o el bálsamo de Fierabrás.

Tenía pensado hacer una entrada sobre el por qué dormimos, para qué dormimos, cuánto tiempo, etc., pero últimamente oigo y veo mucha información sobre cursos de inteligencia emocional. Así que he decidido hablar primero sobre lo último.

Existen infinidad de cursos, no solo a nivel empresarial, sino a nivel educativo. A veces me da la impresión de que puede parecer como que un curso sobre el manejo inteligente de las emociones (y esto es mi opinión) va a mejorar automáticamente la vida de la persona que lo recibe como por arte de magia,  y que servirá de bálsamo de Fierabrás  (quizá también porque la sociedad actual nos transmite la posibilidad de inmediatez de todo lo que queremos y deseamos sin apenas esfuerzo). ¡Ojo! No estoy diciendo que no sirva, es más, yo mismo estoy trabajando en el diseño de un curso para el entorno empresarial, y otro aplicado al ámbito escolar. Lo que quiero decir es que no sé si todas las personas que hacen un curso de este tipo, así como los padres y directivos que envían a sus hijos o a su personal, respectivamente, a realizarlo, son conscientes de que se trata de un proceso largo y minucioso, que no solo requiere la paciencia y perseverancia de la persona que intenta mejorar aplicándolo, sino que necesita el apoyo de su entorno más próximo (el curso solo es el primer paso).

Muchas personas creen que la inteligencia emocional supone la supremacía de lo racional sobre lo emocional. Nada más lejos de la realidad. Filogenéticamente hablando, la emoción es mucho más primigenia que la razón. Nuestras estructuras cerebrales que sustentan las emociones son compartidas de un modo similar en aves y mamíferos. Son circuitos neuronales muy rápidos ya que su función es protegernos de los peligros y ayudarnos a interaccionar socialmente. En cambio la razón, cuyo sustrato neuronal lo conforma la corteza cerebral o neocortex, es posterior evolutivamente y aunque está íntimamente conectada con la estructura emocional, es más lenta que la primera, aunque el procesamiento y análisis que hace de la información que recibe es más clara y profunda. Por lo que nos ayuda a tomar decisiones basadas en el análisis y la lógica. De este modo emoción y razón se complementan (y se necesitan) integrándose en un todo, aunque la emoción actúa en primer lugar como hemos visto, debido a su velocidad de procesamiento.

De todo esto se puede extraer, en mi opinión, que la razón no maneja o controla las emociones, sino que ayuda a modularlas y canalizarlas, para darles salida adecuadamente una vez se han producido. Así por ejemplo, podemos decidir no agredir (ni física ni verbalmente) a otra persona aunque hayamos experimentado ira (emoción) y hostilidad (valoración cognitiva). La inteligencia emocional también nos puede ayudar a saber que durante la fase de “inundación” de la emoción, no debemos tomar decisiones importantes (a excepción de salvar la vida, claro) ya que el riego sanguíneo  es “secuestrado” por los núcleos amigdalinos, más profundos. Por lo tanto, nuestro cortex prefrontal (donde planificamos, imaginamos, y tomamos decisiones) no puede funcionar con la energía necesaria al no estar oxigenado con el nivel óptimo de eritrocitos.

Por todo esto, la puesta en práctica de la inteligencia emocional requiere como cualquier otra habilidad, mucha paciencia, perseverancia y sobre todo, auto observación e introspección diaria, porque solo cuando seamos capaces de sentir,  reconocer nuestras propias emociones, y canalizarlas de forma fluida (no explosiva) seremos capaces de interactuar con otros seres humanos de forma más empática y a la vez “racional”. Por supuesto, un curso de inteligencia emocional, nos viene fenomenal para conocer cómo funcionan las emociones, para reconocerlas y regularlas, pero no olvidemos nunca que se trata de el primer paso de un largo camino, y no por ello debemos dejar de trabajar, al contrario, debemos insistir y persistir hasta conseguir ser inteligentes emocionales (por nuestro bien y el de nuestros congéneres).

Hasta pronto!!