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Mejora tu efectividad mejorando tu afectividad (I)

15 diciembre 2016 1 comentario

mejoraefectivdadEn este post para la plataforma prevencionar hablaba de integrar de manera consciente, como fórmula de trabajo inteligente, las funciones del cerebro derecho.

Esa parte intuitiva, metafórica, global y afectiva que, aunque siempre está activa, solemos obviar por considerarla solo útil o necesaria el fin de semana.

Si embargo, una sana e inteligente gestión integral de razón y emoción es lo que nos va a permitir, con creces, aumentar nuestra efectividad en el trabajo y en la vida.

Pero además es importante porque en su ausencia es muy fácil caer en un comportamiento reactivo en lugar de “responsivo” frente a los numerosos estímulos y retos laborales.

Ello nos lleva a trabajar en piloto automático la mayor parte del día, con el agravante de caer repetidamente en la trampa de nuestros propios errores cognitivos, sesgos y creencias irracionales que arrastramos desde quién sabe cuánto tiempo.

Con el consiguiente desgaste de nuestra motivación y el contagio a los que nos rodean.

Y como cualquier rol que practicamos en el día a día se sustenta en la persona que somos, nuestro nivel de bienestar físico, mental y emocional tiene consecuencias también en nuestro trabajo, aunque no nos guste o no queramos.

Voy a intentar describir, de forma somera y sencilla, cómo funciona el proceso que provoca la mayoría de nuestras creencias irracionales y errores cognitivos que nos llevan a sentir y actuar desafortunadamente.

El germen suele estar en la falta de reconocimiento y apoyo (especialmente en la infancia y adolescencia), junto a una protección o exigencia desmedida por parte de las figuras de autoridad (padres, profesores y, más tarde, jefes), donde se nos ha señalado siempre solo fallos y errores.

Si además esa señalización iba/va acompañada de un pseudocomponente pedagógico (castigo, recriminación o ridiculización) “para que aprendas”, existe la probabilidad de que fomente en mí el efecto contrario.

Y lo que es peor, si el mensaje no diferencia entre comportamiento e identidad (lo que hago de lo que soy), una sensación de no ser valioso y aceptado me puede atravesar, ya que me puede inundar el pensamiento “nunca soy lo suficientemente bueno”.

Así voy instalando e interiorizando un sentimiento de poca valía y una necesidad creciente de satisfacer los deseos de los demás con la finalidad de ser aceptado.

Mi ego se va construyendo con andamios y materiales de baja calidad (creencias erróneas), fofos o poco resistentes (pensamientos trampa), no desarrollándose saludablemente y, por tanto, quedándose inmaduro e insatisfecho emocionalmente (autoestima poco realista -por defecto o por exceso-).

De esta forma, cuando mi ego se sienta vulnerable (cosa que ocurrirá a menudo) se agarrará a un miedo “irracional” tratando de “protegerse” contra la inseguridad percibida.

El miedo y la ansiedad irracional de mi ego inmaduro suele ser a:

  • No triunfar
  • No ser el mejor
  • Equivocarse
  • Que le señalen
  • Qué dirán
  • Que le excluyan
  • Que no le acepten
  • Comprometerse
  • Que no le hagan caso

Estos miedos refuerzan a su vez las creencias y los pensamientos erróneos, automáticos, negativos, frecuentes e improductivos que vuelven a reforzar el miedo, derivando en otras emociones desagradables (enfado, tristeza, asco).

Todas estas emociones desagradables nos envían información muy valiosa (sobre nosotros y cómo vivimos las situaciones), pero si no la gestionamos inteligentemente nos predisponen a:

  • Victimizarnos
  • Desvalorizarnos
  • Resignarnos
  • Ensimismarnos

O bien a:

  • Agredir  (verbal o fisicamente incluso)
  • Culpar a otros de nuestros problemas
  • Actuar con prepotencia
  • Magnificar o exagerar cualquier cosa

Pero, en realidad, lo que mi ego está buscando es:

  • Aceptación
  • Atención
  • Respeto
  • Apoyo
  • Afecto

Lo que ocurre es que lo busca de manera errónea y desmedida fuera de sí mismo (las redes sociales son un medio extraordinario para ello), sin darse cuenta que debe empezar por proporcionárselo él mismo.

En la edad adulta eso me puede llevar a una auto-exigencia desmedida y una autocrítica dañina, aislándome o refugiándome en conductas desadaptativas (comer y/o trabajar en exceso, evitar nuevos aprendizajes, estropear relaciones positivas, intoxicar el clima de mi equipo u organización y que huya el talento, etc.).

Y de ahí hay un paso muy corto al estrés perjudicial o crónico que termina provocando irritabilidad, insomnio, problemas de atención, preocupación excesiva, dolores musculoesqueléticos, contracturas, desconfianza, hipervigilancia…

De esta manera nuestros resultados y relaciones laborales se pueden ver perjudicados seriamente, especialmente si tenemos responsabilidad sobre otras personas o somos emprendedores, ya que vamos a actuar de una forma ilógica o disfuncional.

Eso sí, trataremos siempre de justificar o racionalizar inconscientemente nuestras conductas, paradójicamente, para “auto-protegernos”.

A su vez, ello nos lleva a mayor sensación de insatisfacción, preocupación, ansiedad, falta de valía, etc, volviendo a empezar en una espiral negativa, sin fin, que se refuerza a sí misma una y otra vez.

¿Cómo solucionarlo? En el próximo post publicaré el camino contrario hacia una espiral positiva de satisfacción que se refuerce a sí misma.

Acompañar en el proceso de mejora y adquisición de competencias emocionalmente inteligentes es lo que hago con emprendedores, profesionales, directivos y docentes para que consigan mejorar resultados en su día a día.

Te dejo este post resumido en una infografía interactiva (pasa el puntero por cada elemento del camino).

Si quieres saber más sobre esto y otros contenidos relacionados también puedes leer “La Palanca del Éxito, SL: activa tu inteligencia emocional y relánzate” (Kolima, 2016) en el que te propongo vivir una aventura amena y muy reflexiva de la mano del “Genio del Smartphone”.

¿Y tú y tu empresa, todavía os creéis tan lógicos y racionales?

 

3 PASOS PARA GESTIONAR TU ENFADO CON INTELIGENCIA

23 noviembre 2016 1 comentario

iraPara gestionar inteligentemente cualquier emoción, el enfado en este caso, el primer paso es asumir que soy yo el que me enfado.

Es decir, no me enfadan otras personas, ni las cosas, ni las situaciones. Me enfado yo al realizar una evaluación automática de lo que sucede.

El enfado, en concreto, se produce cuando no conseguimos alcanzar un objetivo deseado o no se produce una expectativa que teníamos.

En ese caso nos frustramos y, acto seguido, nos enfadamos y dirigimos nuestra rabia hacia lo que, o a quien, consideramos que ha sido el causante.

Pero el problema no es la emoción en sí, cuya intención es positiva porque envía información sobre tus necesidades y cómo vives las situaciones.

Se convierte en problema cuando la activación emocional es demasiado alta, de tal forma que puede resultar inmanejable.

A mayor intensidad emocional menor capacidad de razonamiento y más posibilidades de reaccionar impulsivamente.

También es un problema la duración. A mayor duración menos posibilidades de responder inteligentemente, ya que se suele producir una reiteración de pensamientos improductivos focalizados en lo acontecido.

La intensidad emocional se puede gestionar de dos formas pacíficas. A corto plazo, ralentizando de forma consciente nuestra respiración, realizando el ciclo inspirar-espirar de forma más pausada, profunda y armoniosa.

Lo podemos hacer sentados, de pie o dando un paseo, dependiendo de lo que mejor te funcione.

A medio y largo plazo, practicando mindfulness o atención plena, a diario. Ello nos hará más conscientes de por qué y para qué se produce nuestro enfado, proporcionándonos mayor espacio y claridad para responder en lugar de reaccionar.

Lo que ocurre habitualmente es que…

[Tweet “desde que salió el orfidal muy poca gente usa la respiración normal”]

Porque es más fácil “tirar de píldora” que desarrollar la habilidad de gestionar emociones.

Pero esto no soluciona el problema de base sino que “anestesia la emoción” y, además, tiene efectos secundarios poco beneficiosos para la salud.

Respecto a la duración de la emoción, podemos gestionarla dirigiendo nuestra atención al objetivo real que queremos conseguir, buscando una solución.

Lo que ocurre es que nos solemos focalizar en lo que percibimos como obstáculo.

Si es un objeto lo podemos golpear o incluso lanzar.

Si es una persona solemos gritar, insultar, recriminar, despreciar, desacreditar y, en general, herir de una u otra forma.

Estamos reaccionando a nuestro enfado, no gestionándolo. Y mucho menos respondiendo inteligentemente.

Con la posibilidad añadida de entrar en un bucle de ataques recíprocos que pueden tener consecuencias desfavorables para ambos.

De esta forma, el siguiente paso es preguntarme por el “para qué” de mi comunicación. ¿Qué es lo que quiero conseguir?

Si lo que quiero conseguir es mi objetivo, necesidad o expectativa, será muy poco inteligente dedicar tiempo y energía en atacar la cosa o persona.

Será muchísimo más productivo focalizarme en lo que quiero y plantearme soluciones alternativas, incluso tratando que la otra persona me ayude una vez le explique, sosegadamente, lo que necesito.

Y si ya quiero rizar el rizo y aprovechar mi enfado para conocerme un poco mejor, puedo indagar en qué filtro mental puede estar activando mi enfado.

Ello me dará pistas sobre posibles creencias irracionales, mapas mentales poco útiles o errores cognitivos que quizá necesiten un ajuste más realista y saludable.

Trabajar eficazmente en estos ajustes cognitivos me producirá bienestar personal y una mejor relación con mi entorno próximo. Es lo que llamamos, en líneas generales, inteligencia emocional.

Resumiendo, los 3 pasos que propongo para gestionar mi enfado de manera inteligente, son:

  1. Aceptar que no me enfadan los demás, que me enfado yo.
  2. Regular mi intensidad emocional, si es muy alta, antes de responder.
  3. Preguntarme qué quiero conseguir con mi respuesta y buscar soluciones prácticas, no hirientes.

Imagínate qué potente y útil puede resultar esta habilidad aplicada al mundo laboral.

¿Cuántas frustraciones se producen en el día a día de un emprendedor, directivo o profesional?

Si desarrollas esta habilidad conseguirás mejorar tus resultados y tu bienestar, pudiendo desconectar por la noche y dormir plácidamente hasta el día siguiente. Ello te permitirá volver a estar al 100% en la nueva jornada.

Por ejemplo, en un taller que impartimos sobre “cómo optimizar tu reclamación de cobros con resultados saludables”, esta habilidad es un tema de capital importancia que trabajamos.

También es algo que explico con detalle y ejemplos en el libro “La Palanca del Éxito, S.L.: activa tu inteligencia emocional y relánzate”. Abajo te dejo un vídeo explicativo.

¿Y tú, respondes o reaccionas a tus enfados?

Fuente imagen: google

EMPRENDER, UNA MONTAÑA RUSA EMOCIONAL A GESTIONAR

emprendedorSi eres emprendedor o emprendedora, sabrás que desde que tienes una idea de negocio hasta que la pones en marcha pueden pasar varios meses (o años).

Y que desde que pones en marcha tu idea, plasmada ya en un modelo de negocio con demanda, también van a pasar varios meses (mejor años) para que llegues al punto de equilibrio.

Por el camino vas a vivir (y después también, aunque quizá no tan pronunciado) una auténtica montaña rusa de emociones y sentimientos que removerán tu mente para empujarte a tomar decisiones y comportamientos varios.

Un día tienes la sensación de que vas a triunfar rotundamente y al día siguiente tienes la sensación de que vas a fracasar estrepitosamente.

¿Qué ha ocurrido por medio? Que tus emociones y sentimientos han modulado tu pensamiento, percepción, memoria y lenguaje, impulsándote a tomar acción en uno u otro sentido según fuera más o menos agradable tu sensación.

De manera que un día te dan ganas de “cerrar el chiringuito” y ponerte a buscar trabajo por cuenta ajena, y al día siguiente tienes la sensación de que vas a comerte el mundo con tu proyecto.

Fíjate en la conversación que tenía “un amigo mío” que quería ser emprendedor, con “un genio imaginario que sale de un smartphone”:

“… -Cuando llevas a la práctica los conocimientos adquiridos es también el momento en el que empiezan a surgir más obstáculos –dijo el Genio

-¿Qué tipo de obstáculos?, -preguntó ávidamente mi amigo.

-Pues de dos tipos -contestó el Genio, -el primero será entrar en lo que muchos denominan “zona de pánico”. Y es que los humanos tenéis, habitualmente, mucho miedo a dar el paso desde lo que sabéis (teoría), a hacer algo con lo que sabéis (práctica).

-Por eso una gran mayoría de personas nunca empieza a hacer cosas poniendo la excusa de no estar todavía bien preparada, de no ser el momento o no darse las circunstancias más propicias.

-En realidad, se trata de miedo a no saber hacerlo, a equivocarse o a la incertidumbre del resultado, buscando en vano una perfección, control o seguridad que no existe y nunca llegará.

-No entiendo, -dijo mi amigo -pienso que si tienes muchos conocimientos debe resultar fácil hacer cosas con ellos.

-Sí, eso piensa la mayoría de personas y por eso muchos no paran de formarse aunque ya tengan mucha formación, creyendo que así podrán acceder mejor al mercado de trabajo o tener más éxito en su negocio.

Lo que ocurre es que “de la inspiración a la transpiración” existe un abismo que produce ese miedo que te decía antes.

En Escuelas y Universidades os transmiten muchos conocimientos teóricos, habláis de casos prácticos y hacéis ejercicios simulados, incluso “prácticas en empresa”, pero que poco tienen que ver con vivir la experiencia de andar uno mismo sobre el terreno en el día a día.

No os enseñan a percibir, usar y regular vuestras emociones a través de experiencias reales. –contestó el Genio, con contundencia.

-Y ese autoconocimiento para comprender tu mundo emocional, -siguió aclarando el Genio, -es esencial para conseguir tus objetivos, porque los resultados tardarán en llegar, empezando a surgir pensamientos y sentimientos “negativos” que tratarán de empujarte hacia el abandono de la puesta en práctica de tus objetivos.

Y manejar eso, amigo mío, no es cuestión de conocimientos ni de lógica, es cuestión de inteligencia emocional.

Esta es la base del resultado positivo, gestionar inteligentemente las emociones que te irán “asaltando” mientras tratas de lanzar tu proyecto y hacerlo funcionar correctamente para que genere suficientes ingresos.

-Aquí es donde te ayudará de forma vital “el fulcro de la palanca del éxito”.

Si has hecho un buen trabajo conociendo tus emociones y creencias, ahora serás capaz de manejar con mayor eficacia esos pensamientos y sentimientos desalentadores que, inevitablemente, vivenciáis los humanos –dijo el Genio, a modo de conclusión.

-Entonces, -quiso preguntar mi amigo, -¿quieres decir que el principal obstáculo para conseguir mi éxito está dentro de mí?

[Tweet “Tu mente es el principal obstáculo, afirmó con rotundidad el genio “]

Y no nos confundamos, para que nuestro proyecto emprendedor tenga éxito es necesario aterrizar la idea en un modelo de negocio, tener una estrategia, una visión, un plan de acción, fuente financiera, etc.

Pero este, digamos que es un trabajo exterior necesario. La parte lógica o racional de mi proyecto.

Lo que ocurre es que los resultados no suelen llegar con la inmediatez que esperamos o necesitamos, y ahí empezarán a “acampar a sus anchas” si las dejamos, las emociones.

Si no incluimos la inteligencia emocional entre las competencias necesarias para ser un emprendedor de éxito, sufriremos ansiedades innecesarias que nos podrían llevar a echar a perder el proyecto o incluso a enfermar.

¿Y tú, ya le has dado a esta habilidad la prioridad que merece?

Fuente imagen: google

palanca_altaPost inspirado en un pasaje del libro “La Palanca del Éxito, SL. Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Editorial Kolima, 2016.

Si estás interesado/a en más contenidos relacionados con esta temática puedes adquirir el libro en Amazon, Kolima, HilandoLibros, El Corte Inglés o Fnac. Seguro te será de utilidad para robustecer tu proyecto.

Muchas gracias por leerme. Un fuerte abrazo y nos vemos en el siguiente post.

*También puedes subscribirte al blog para recibir puntualmente nuevos contenidos y descargar gratis el ebook “Consejos para un Liderazgo Saludable en la nueva era empresarial”.

EMPRENDEDOR, ¿SABES DIGERIR TU ENSALADA DIARIA DE EMOCIONES?

ensalada-de-frutasVivimos un cambio de época en el que muchas personas se están planteando la opción de emprender un proyecto, negocio o empresa como medio para ganar dinero y pagar facturas.

Otros profesionales, como yo, hemos iniciado hace no mucho ese camino y trabajamos cada día con el objetivo de llegar lo antes posible al punto de equilibro de nuestro negocio o “de apalancamiento cero”, tratando además de disfrutarlo.

Dependiendo del tipo de proyecto o negocio, su diseño, planificación y ejecución tendrá una u otras características propias. Puede también que usemos alguna herramienta tipo Canvas para definir el modelo de negocio.

Además, es muy importante que el proyecto esté lo más alineado posible con tu talento, fortalezas y habilidades, ya que esto incrementa enormemente las posibilidades de éxito.

Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que todo este trabajo de diseño, planificación, pruebas y puesta en marcha es tarea que incumbe al sistema racional e intelectual de nuestro encéfalo.

Ahora bien, por muy bien diseñado y planificado que esté nuestro proyecto, nada ni nadie garantiza su éxito.

Por el camino van a ir surgiendo problemas y obstáculos no previstos, se romperán los timing planificados, clientes, proveedores y colaboradores tendrán comportamientos que interferirán en nuestros planes…, etc., etc.

Y con ello aparecerá delante de nosotros un buen plato de ensalada de emociones a masticar y digerir (ansiedad, rumiación, entusiasmo, tristeza, miedo, alegría, frustración, rabia…), como complemento del plato fuerte, una buena ración de incertidumbre, aderezada a menudo con redoble de tambores cada vez que aparece una oportunidad de crecimiento.

Dependiendo del entrenamiento y maduración de tu sistema digestivo, comer a diario este tipo de platos tendrá unos efectos u otros en tu cuerpo a corto, medio y largo plazo.

Si tu sistema digestivo empieza por no aceptar y/o tragar a medio masticar cada bocado pasando, por alto la información nutricional que contiene, los efectos serán más parecidos a un dolor de cabeza, insomnio, comportamiento impulsivo, contractura muscular, irascibilidad, agotamiento, jornada interminable, sensación de no avanzar…

¿Te suena? ¿Cuál es la mejor forma entonces de ingerir este tipo de platos que se nos presenta a los emprendedores?

En primer lugar, tomando conciencia y aceptando que tanto el plato central (incertidumbre) como la ensalada emocional es el menú habitual de un emprendedor, y por tanto cada día se servirá en nuestra mesa, queramos o no.

Ahora bien, un día tendremos unas ensaladas emocionales más agradables que otras. No hay problema, todas son comestibles y saludables.

Por tanto, no solo es posible “disfrutar el menú” sino que es la opción más inteligente que podemos adoptar. Por el bien de nuestra salud y nuestro negocio.

Y esto es algo de lo que se han hecho conscientes numerosos emprendedores que han conseguido superar estas “digestiones” de manera saludable, como Javier Megias.

Esto nos llevará a filtrar racionalmente la información emocional que contenga el plato. De forma que si determinado tipo de emoción está pidiendo un descanso y/o una reflexión, nos beneficiaremos de esa llamada inteligente.

Así, puede que otro ingrediente emocional contenga información del tipo “esta colaboración no te conviene”. Será vital darse cuenta a tiempo.

Porque te recuerdo que la emoción es física, aparece y se nota en el cuerpo. No tiene nada que ver con la experiencia mental subjetiva que se llama sentimiento, la etiqueta verbal que ponemos a la emoción.

damasio

Para detectar estos mensajes emocionales nuestro cuerpo va dotado de serie con unos sensores inteligentes, que el neurocientífico Antonio Damasio llamó “marcadores somáticos”.

Si no entrenamos la habilidad de leer e interpretar correctamente las señales que provienen de estos marcadores somáticos es muy probable que tomemos peores decisiones y además somaticemos las ensaladas emocionales, enfermando de algún modo.

Y es que es bien sabido que una emoción intensa y recurrente, no regulada, se imprime en nuestra biología alterando el funcionamiento del organismo.

Es muy habitual, por ejemplo, que nuestro cuerpo diga “necesito dormir más o con mayor calidad” cada día que nos duele la cabeza, tenemos la sensación de embotamiento y/o estamos irascibles o extremadamente sensibles a la crítica.

¿Y cómo se entrena esta habilidad?

Con los recursos que nos proporciona la “Inteligencia Emocional”, que no es otra cosa (en su vertiente intrapersonal) que entrenar la autoconsciencia y autoconocimiento para procesar inteligentemente la información que produce nuestro cuerpo y mente en interacción constante (La Palanca del Éxito SL, Kolima 2016).

Por ejemplo, una intensidad emocional elevada (tanto en positivo como en negativo) nos puede llevar a tomar acciones impulsivas que pueden tener consecuencias negativas a medio y largo plazo.

Y una intensidad emocional demasiado baja (en positivo y en negativo) nos puede llevar a tomar acciones tardías o, incluso, paralizarnos o no ver oportunidades.

Todo esto y mucho más lo explico de forma amena y sencilla en La Palanca del Éxito, SL. Activa tu inteligencia emocional y relánzate (disponible en papel y formato ebook) a través de una historia inspiradora y una guía práctica.

Puedes aprender más sobre inteligencia emocional aplicada al ámbito laboral, subscribiéndote a este blog (además recibirás gratuitamente el ebook “Consejos para un Liderazgo Saludable en la nueva era empresarial”) y/o siguiéndome en Twitter, Facebook o LinkedIn.

¿Y tú, sabes masticar y digerir tus ensaladas emocionales?

Fuente imágenes: Google.es

*Aquí puedes leer otros artículos que he publicado en Linkedin.

La Palanca del Éxito