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¿Conoces cuál es tu ratio de “miedo a perder”?

30050574003_3fb4b760e2_kEs bien sabido que la aversión al riesgo, o a la pérdida, es uno de los temores más comunes que nos unen como personas.

Y que dependiendo de la educación, experiencia, creencias, necesidades, confianza o expectativas de autoeficacia, el grado de tolerancia al riesgo puede variar en cada persona.

Lo que ya no sabe mucha gente es que se produce un sesgo mental paradójico (derivado de las emociones) que nos puede hacer tomar una decisión de mayor riesgo, tratando de evitarlo.

Es algo que descubrió el psicólogo Daniel Kahneman junto a su colega Amos Tversky en el ámbito de la economía conductual, analizando algunos “gaps” en la teoría de la utilidad esperada de Bernoulli.

Kahneman y Tversky crearon la teoría de las perspectivas, que viene a decir algo así como que la pérdida y la ganancia de un mismo valor objetivo no tiene el mismo valor subjetivo o mental para cada persona.

Es decir, por ejemplo, no valoramos psicológicamente igual la diferencia (en términos absolutos) de ganar 100€ que perder 100€.

El nivel de malestar por la pérdida suele tener mayor peso psicológico que el nivel de bienestar por la ganancia, a pesar de tener igual valor objetivo (100€).

Nuestra sensibilidad es mucho mayor a la pérdida que a la ganancia.

Es algo que se ve muy bien representado en la gráfica siguiente:

Teoria Perpectivas

Ello explicaría también, por ejemplo, el miedo a salir de la famosa “zona de confort”.

La aversión percibida a peder el statu quo es mayor que la satisfacción percibida de las posibles ganancias.

De aquí deriven, posiblemente, algunos refranes españoles como “más vale pájaro en mano que ciento volando” o “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

En realidad son excusas disfrazadas de argumentos lógicos tratando de “apaciguar” la mente.

Si nos preguntan, por ejemplo, si aceptamos jugar a lanzar una moneda al aire con la posibilidad de ganar 150 € si sale cara, y perder 100 € si sale cruz, es muy posible que digamos que no.

Sin embargo se produce un efecto curioso cuando la perspectiva cambia y debemos elegir entre dos opciones de pérdida, como también se aprecia en la gráfica de arriba.

Si nos plantean qué preferimos, perder con seguridad 100€ o lanzar una moneda al aire y si sale cara no perdemos nada pero si sale cruz perdemos 150€, es muy probable que aceptemos jugar.

En este caso, nuestra aversión a la pérdida se ve modulada por el efecto mental que produce la pérdida segura pero, paradójicamente, arriesgamos más.

Esto explicaría, por ejemplo, la decisión que tomamos ante una inversión que está en pérdidas (bolsa, fondo de inversión o negocio) y decidimos continuar “a ver si mejora y evitamos la pérdida”, incurriendo en un mayor riesgo.

En definitiva, el miedo a perder nos hace tomar de decisiones tratando de evitar la pérdida (real o percibida), aunque en muchas ocasiones resulte una decisión poco racional que nos puede llevar a una situación peor.

Las posibles pérdidas percibidas pueden ser tangibles o intangibles:

  • Dinero
  • Bienes materiales
  • Comodidad
  • Derechos
  • Justicia
  • Expectativas
  • Respeto
  • Prestigio
  • Statu quo

Ello explica, p.ej., que prefiramos mantener una situación (laboral o personal) que percibimos como emocionalmente perjudicial tratando de evitar una pérdida de statu quo, económica o social, incurriendo en mayores perjuicios a medio y largo plazo.

O que percibamos como pérdida el no cumplimiento de ciertas expectativas sobre un compañero, jefe, equipo o empresa.

Si además vamos acumulando “pérdidas percibidas” en el ámbito laboral (o familiar) terminaremos llevando a cabo conductas de protección, ataque o huida, debido al malestar in crescendo.

Para saber cual es tu grado o ratio de aversión a la pérdida tienes que hacerte la siguiente pregunta:

¿Cuál es la ganancia mínima que necesito para llegar a un equilibrio que compense el valor de la pérdida percibida?

Por ejemplo, si para arriesgarme a perder 100€ necesito optar a ganar 200€, mi ratio será 2 (necesito el doble de ganancias).

Parece ser que, según diversos experimentos, el rango medio oscila entre 1,5 y 2,5.

Ahora bien, hay un punto de ruptura conforme se va elevando la cantidad de la posible pérdida percibida (material o inmaterial) que inclinará la balanza hacia la acción o la inacción.

Puede que valoremos no hacer nada porque no nos compensa ninguna posible ganancia, o actuar porque percibimos tanto malestar que pensamos que el riesgo solo puede traer alguna mejora.

En cualquier caso la mejor decisión pasa por observar qué cantidad de paz o ausencia de conflicto interno sentimos con ella.

¿Vas a reflexionar sobre tu ratio de aversión a la pérdida?

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Fuente imagen #1: Autor: Viktor Hanacek; imagen 2: Figura 10 libro “Pensar Rápido, pensar despacio”, (Kahneman, 2012)