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Operación Bikini

Ya se empieza a oír a la gente hablar de la operación bikini, que no es más que ponerse a dieta para quitarse de encima unos kilos que nos sobran, aunque no todos, para que cuando llegue el calor y nos empezemos a “destapar”, a ir a la playa o a la piscina, tengamos una estética más agradable a la vista o menos desagradable , según se mire.  Hasta aquí todo bien, perfecto, maravilloso, qué bien, oye, que la gente quiera mejorar su cuerpo para “lucirlo”. Y si no que se lo pregunten a los dietistas y a los gimnasios.

Ahora bien, si “hurgamos” un poco en el trasfondo,  e intentamos averiguar por qué tomamos estas decisiones solo cuando llega el verano (o determinados acontecimientos), la cosa puede ser preocupante en algunos casos, afortunadamente no en todos, pero igualmente es bueno reflexionar sobre ello. Voy a intentar desgranar el proceso cognitivo que seguimos.

 Normalmente nos asaltan pensamientos del tipo “¿qué van a pensar de mí cuando me vean esta barriga?”, o peor “¿qué van a decir de mí?”. Vamos, que podemos decir que un primer impulso es adelgazar un poco por aquello del “qué dirán”. En psicología se suele llamar a este tipo de pensamientos, “Deseabilidad Social” (en este caso el rol de experimentador lo tienen las personas que nos van a ver). Queremos ser aceptados por los demás. Y es estupendo esto, porque somos seres sociales y necesitamos sentirnos partícipes e integrados en la sociedad. Lo patológico estaría en solo hacer las cosas por los demás, por la aceptación social, aunque vaya en contra de nuestra conducta natural, pero esta conducta no es objeto de este post.

¿Entonces? ¿Qué pasa? ¿Por qué narices estoy escribiendo esto? ¿Si todo está bien? Pues lo que pasa, es que pienso que perdemos un poco el norte cuando solo queremos estar bien “unos días” al año. Me explico. Si estar más delgado, no solo es cuestión de estética sino de salud (física y mental), ¿por qué solo queremos “estar bien” en verano, y no todo el año? ¿No? Porque si puedo elegir, yo quiero estar y sentirme bien 12 meses al año y no solo 2 o 3.

Oye, Juan Pedro (me dicen), es que estar a dieta todo el año es muy duro, e imposible. ¿Tú lo estarías? ¡Hombre!, es que si la dieta es muy restrictiva y me aburro y me canso, pues no, claro que no lo haría. Pero resulta que uno puede comer de todo un poquito sin abusar, hacer ejercicio a diario, beber mucha agua y mantener la forma física y la energía psíquica en armonía (por cierto, también ayuda mucho la dieta estricta de información negativa).

En la entrada que hice en este blog  titulada “Para adelgazar no hagas dieta” explico un poco el mecanismo para conseguirlo. En fin, mi intención es solo despertar alguna conciencia dormida, que empiece a adquirir hábitos saludables (físicos y mentales) porque una vez incorporados a nuestro repertorio conductual, lo agradeceremos de por vida, y podemos ayudar a los demás también, con nuestro ejemplo.

Hasta pronto!!

Para adelgazar, no hagas dieta.

20 septiembre 2009 2 comentarios

Dieta

No, no estoy de broma, ni me he equivocado en el título de este post. Es que, simplemente, la única manera de conseguir un peso razonable para siempre, no es hacer dieta dos veces al año, sino cambiar nuestro estilo de alimentación de forma duradera y  estable.

En biopsicología, la teoría actual más plausible en el control del peso es la del modelo del punto de equilibrio, por la que el peso corporal tiende a oscilar en torno a un punto de equilibrio natural (entre los factores que influyen en él, como la ingesta y el gasto energético).

Cuando hay una alteración significativa a nivel fisiológico (ingreso o gasto energético), nuestro organismo intenta compensarlo (aumentando o disminuyendo el gasto energético en el metabolismo), aunque esto lo hace de forma progresiva. Por supuesto siempre que no tengamos problemas metabólicos, en cuyo caso hay que ponerse en manos de especialistas. 

Por esta razón, la mayoría de dietas solo funciona al principio. En cuanto nuestro cuerpo equilibra la disminución de ingesta de calorías reduciendo a su vez el gasto energético interno o metabólico (digamos que se “mimetiza” con el entorno), se estabiliza el peso, entonces nos desanimamos y dejamos la dieta volviendo a nuestros anteriores hábitos alimenticios.

Si a esto unimos la resistencia psicológica a privarnos de ciertos alimentos, que según la teoría del incentivo positivo sobre el alimento (solo su pensamiento reduce el nivel de glucosa en sangre y la sensación de hambre es mayor) vamos a desear comer todavía con más fuerza, y por lo tanto la dieta se vuelve una ardua tarea. De ahí el éxito de los mágicos complementos y pastillas “milagro” que sin esfuerzo nos van a solucionar todos nuestros problemas físicos.

Después de leer varios libros de nutrición –el que más me gustó fue “La dieta inteligente” (Pilar Riobo)“- y de conocer un poco los entramados neuronales que afectan a nuestra conducta, comencé un experimento conmigo mismo hace una año, que está dando resultado. Es básico beber agua, al menos 2 litros al día, porque es el medio de vida de nuestras células. 

Como ya hacía tiempo que evitaba las grasas y los fritos, empecé  reduciendo sustancialmente los postres muy dulces (la glucosa acelera el proceso de asimilación de las proteínas y carbohidratos debido a la acción de la insulina). Por supuesto comía dulce, pero era la excepción, no la norma. Solo con este cambio reduje notablemente el peso.

Cuando noté que se estabilizó mi peso (por la acción del punto de equilibro), introduje 20 minutos de ejercicio aeróbico (bicicleta elíptica) 3 días a la semana. Volví a perder peso. Cuando se volvió a estabilizar, introduje 30 minutos de ejercicio 6 días a la semana. Es mi situación actual. Estas fases pueden durar dos o tres meses cada una.

Ah! y muy importante es no pesarse, solo “sentir” los resultados, experimentando la sensación de bienestar; ya que si nos pesamos y no perdemos peso (aunque hayamos perdido volumen y ganado bienestar) nuestro inconsciente empezará a sabotearnos.

Si con esto puedo ayudar a alguien, quedaré sobradamente satisfecho. Si no, lo habré intentado al menos.  ¡Hasta pronto!