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3 CLAVES PARA RELANZAR TU VIDA PERSONAL Y PROFESIONAL

Crecimiento personalAlgunas personas sienten en su interior la necesidad de dar un giro personal y/o profesional a su vida porque actualmente les resulta emocionalmente insatisfactoria pero no saben cómo hacerlo, o no se atreven.

Otras personas sienten también esta necesidad de mejora pero no tienen una vida (personal o profesional) tan insatisfactoria a nivel emocional y prefieren sacrificar la posibilidad de mejorar.

El refranero español parece que tiene un argumento o excusa para cada situación.

Quizá para los que no se atreven a dar el salto, les suponga un potente balsámico el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Puede que para el segundo caso sea más reconfortante el refrán “más vale pájaro en mano que ciento volando”.

Hay un tercer caso que sería el de las personas que son felices con su vida actual y no necesitan cambiar nada.

Por último, estarían los casos más difíciles de aquellas personas que viven situaciones de exclusión social, no teniendo los recursos propios necesarios para abordar un cambio.

Al final, lo verdaderamente importante es que tomes la decisión que tomes, que sea una decisión tuya, propia, con la que te sientas a gusto.

He de decir que yo he sido afortunado y he vivido los dos primeros casos en mi propia piel, perteneciendo actualmente al tercer caso.

¿Qué ha ocurrido por medio para pasar de una situación a otra, en mi caso? ¿Te podría ser de utilidad saberlo?

Pues tengo una buena noticia y otra mala.

La buena noticia es que se puede producir el cambio, es totalmente factible. Yo soy un claro ejemplo de ello (he trabajado durante 25 años en el sector de la consultoría tecnológica y desde hace 4 años trabajo en el sector de la psicología organizacional).

La mala noticia es que no es fácil conseguirlo y nadie lo va a hacer por ti.

Es decir, se puede pero cuesta trabajo y esfuerzo (si ya no quieres seguir leyendo lo comprenderé, a mí me ha costado el cambio 8 años).

¡Uy, me dejaba otra buena noticia!. El proceso de cambio, a pesar de no ser fácil, es muy reconfortante y satisfactorio.

Porque el hecho de caminar en la dirección que tú deseas, con tu fuerza interior, te hace sentir vitalidad. Te hace libre, al menos, durante el recorrido.

Por supuesto, nada ni nadie garantiza tu éxito. Pero si lo intentas no volverás a ser la misma persona de antes.

El proceso de cambio ensancha tu perspectiva, te da experiencia y te permite conocer personas que te ayudarán a crecer también (aún si saberlo ellas).

Yo no lo cambiaría por nada del mundo. Ojalá me hubiese decidido a dar el salto antes.

Pero no te preocupes, el camino de la mejora lo iniciamos cuando estamos preparados a nivel mental (racional, emocional y consciencial).

Cada persona tenemos un proceso evolutivo diferente.

A unos nos llega el momento en la juventud, a otros en la madurez y a otros… no nos llega nunca. Todo dependerá de los aprendizajes que vayamos haciendo con las situaciones y personas que se presentan en nuestra vida.

Si no aprendes, el curso de la vida te seguirá examinando para darte oportunidades de aprendizaje, no te preocupes.

Depende de ti que obtengas el aprendizaje adecuado, apruebes y vayas pasando al siguiente nivel, asignatura y curso vital.

Creo firmemente que no hay fórmulas mágicas para mejorar, pero sí 3 grandes aspectos a tener en cuenta:

  1. Inteligencia Emocional
  2. Conocimientos
  3. Acción

Inteligencia emocional para autoconocerte y saber gestionar tus emociones y las de los demás de forma que consigas una estabilidad emocional suficiente para aguantar los obstáculos que se van a presentar por el camino de la mejora.

Conocimientos que te den una especialización en un tema o materia para que puedas ayudar a los demás a solucionar problemas o satisfacer necesidades.

Acción, porque sin ella ya podemos tener mucha inteligencia emocional y conocimientos específicos, que no se producirá ningún resultado (al menos en la dirección que buscamos).

Foto libro editadoTodo esto (y mucho más) lo explico con más detalle en mi nuevo libro “La Palanca del Éxito S.L. Activa tu inteligencia emocional y relánzate“.

Además, el libro colabora con un proyecto social para ayudar a las personas que se encuentran en el cuarto caso, el riesgo de exclusión social.

El 15% de los derechos de autor van destinados a ayudar a la Fundación Novaterra en su proyecto “Viaje a la Dignidad”.

Aquí puedes leer un pequeño adelanto del libro.

Si crees que te puede resultar útil y deseas aportar tu granito de arena al proyecto de la Fundación Novaterra, puedes adquirirlo aquí.

¿Y tú, en que nivel evolutivo te encuentras?

¿Vas a hacer algo para mejorar?

Fuente imágenes: eleconomista.es; elaboración propia.

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CRECIMIENTO PROFESIONAL Y PERSONAL, ¿INCOMPATIBLES?

DreamsTime“El trabajo dignifica”, dijo Karl Marx (o al menos se le atribuye).

Es bien sabido que el trabajo tiene importantes beneficios para nuestro bienestar psicosocial, tal como se desprende de un estudio de Salanova, Prieto y Peiró (1993):

  • Función económica (no solo para sobrevivir sino para acceder a otros bienes)
  • Da estructura a nuestro tiempo diario, semanal, mensual y anual (marco de referencia útil y saludable)
  • Representa una fuente de oportunidades para la interacción y los contactos sociales
  • Proporciona un sentido o significado de vida
  • En muchos casos proporciona estatus y prestigio social
  • Favorece la autoestima (especialmente cuando podemos desplegar nuestro potencial)
  • Nos permite adquirir conocimientos, habilidades y experiencia (construyendo identidad personal y laboral)
  • Constituye un medio para transmitir normas, creencias, valores y expectativas sociales

A la vista de estos beneficios puede parecer que Karl Marx llevaba razón y podemos pensar que el trabajo es una fuente de desarrollo profesional y personal saludable. Y así es o podría ser.

Es decir, el trabajo no solo es un medio para conseguir beneficios materiales, sino que también es un fin en sí mismo porque proporciona beneficios psicosociales.

[Tweet “El trabajo siempre proporciona dos tipos de salario: uno económico y otro emocional.”]

El salario económico está claro que se corresponde con la función económica antes señalada (aunque también constituye una parte del salario emocional, ya que considerarse bien o mal pagado influye en nuestro estado emocional).

El resto de funciones que mencionábamos constituye el salario emocional “percibido”.

Pongo entre comillas “percibido” porque tiene un doble significado: es un valor recibido porque produce bienestar psicológico, pero también es subjetivo porque para cada persona tendrá un valor diferente, en función de su momento de maduración personal.

Es decir, el nivel de crecimiento profesional y personal puede influir poderosamente en el salario emocional.

Ahora bien, la eficacia de estas funciones dependerá de lo alineadas que estén nuestras expectativas o necesidades con la cultura y prácticas organizacionales.

Por ello es imposible tener satisfecha al 100% de la plantilla, ya que siempre habrá quien tenga expectativas o necesidades poco alineadas con la organización.

Por supuesto partimos de la base de que el trabajo no se produce en condiciones precarias, tanto económicas o de seguridad y salud, porque esta situación no satisfaría las expectativas o necesidades de nadie (al menos eso creo).

A partir de aquí me gustaría hablar de la importancia del equilibrio entre crecimiento profesional y crecimiento personal, porque son necesarios ambos para un salario emocional saludable.

El crecimiento profesional está relacionado con la adquisición de conocimientos, experiencias y habilidades técnicas. Y aunque puede influir en el crecimiento personal, no es lo mismo.

El crecimiento personal está más relacionado con la adquisición de habilidades sociales, el desarrollo de la autoestima, la autoeficacia, la autoconfianza, o la revisión y actualización periódica de creencias o paradigmas mentales.

De forma que si nos focalizamos única y exclusivamente en el crecimiento profesional podríamos entrar en un bucle inconsciente donde estemos creciendo solo a nivel profesional.

Y esto está bien (sobre todo en los primeros años de vida laboral), pero suele llegar un momento en el que resulta claramente insuficiente.

Es posible que lleguemos a sentir quizás un vacío interior, un sentimiento de desasosiego, de falta de plenitud o significado.

Si esto ocurre, nuestro sistema emocional nos está enviando un mensaje claro: “Puede que te guste tu trabajo pero “solo es trabajo” y la vida es mucho más amplia y rica que eso”.

En este caso el sistema de información emocional nos está pidiendo a gritos que crezcamos también a nivel personal.

Cada uno necesitará una forma de crecer diferente dependiendo de en qué momento de su vida esté.

En unos casos quizá necesitemos dedicar más tiempo a estar con la familia, en otros hacer (más) deporte, tener más relaciones sociales, estar en contacto con la naturaleza, estar solos y reflexionar, dedicar tiempo a un hobby, etc.

Y es que los seres humanos somos seres globales que, además de “sobrevivir”, necesitamos vivir con un equilibrio de bienestar material, físico, social, profesional y emocional.

Este equilibrio de “bienestares” (si se me permite la palabra) nos permite “alumbrar” formas de vida mucho más satisfactorias que solo la tan habitual y paupérrima de “ir tirando”.

Flor de BeniciaEs lo que llama “Flor de Benicia”, el Profesor Rafael Bisquerra.

¿De quién es responsabilidad conseguir este equilibrio entre los distintos tipos de bienestar?

De todos. Personas, Organizaciones y Administraciones, cada uno a su nivel de influencia y responsabilidad.

¿Y tú, creces solo profesionalmente o también a nivel personal?

 

¿Contribuyes al equilibrio de tu propio bienestar y el de los demás?

Fuente imágenes: ; google (echanizbarrondo.blogspot.com; mujeresontop.com)

 

**Si quieres crecer (tú y tu equipo) en calidad de comunicación, te recomiendo encarecidamente este curso online:

CursoPrevencionar

Tú sí que vales

¿Te sientes culpable, o al menos afligido o afligida cuándo te dicen que has hecho algo mal, o cuando no haces algo que deberías hacer, o cuando te sale algo mal? ¡Pues bienvenido al club! A mí me pasa lo mismo (aunque ahora estoy  en proceso de mejora), especialmente cuando me lo dice una persona significativa y que yo considero de autoridad (padre, madre, jefe, profesor, etc.), siendo además la clave del “disparo” del malestar el lenguaje no verbal usado o percibido (entonación culpabilizadora de la voz, enfoque recriminatorio, con sentido agresivo, o irónico, etc.), incluso cuando no haya sido ese el propósito de la otra persona.

El problema es que ese sentimiento de culpabilidad no es un sentimiento positivo en el sentido de que nos impulsa a reparar y compensar el daño hecho (si es que lo ha habido), ya que no hay otro daño psicológico que reparar que el nuestro propio, con lo cual, el sentimiento añadido de impotencia y no saber qué hacer produce un malestar que va minando nuestra autoestima,  convirtiéndonos en personas con poca esperanza de llegar a destacar en nuestros talentos naturales, que bien seguro, todos tenemos al menos uno.

¿Y por qué nos sucede esto? Bueno, pues puede haber varias causas o factores relacionados. En general, se debe al autoconcepto que hemos desarrollado por el aprendizaje (experiencias) que hemos tenido, sobre todo en nuestra infancia y adolescencia. Si hemos recibido todos los días mensajes, de personas significativas para nosotros, en tono recriminativo o cupabilizador del tipo “¿no te da vergüenza lo que has hecho?”, o “eres un inútil, todo lo haces mal”, o “quita, ya lo hago yo, que tú eres muy torpe”, etc., hemos incorporado a nuestro conjunto de creencias que somos un ser “monolítico” o unidimensional, que hagamos lo que hagamos, estamos reflejando siempre lo que somos en esencia (“self” de William James), sin tener en cuenta para nada que estamos interactuando con un contexto determinado, en una situación dada, en una actividad o acción determinada, que pudiendo salirnos mal o no teniendo una aptitud o talento natural para esa actividad (o simplemente falta de hábito o experiencia) es algo totalmente independiente de otra situación, en otro contexto, con otra actividad o acción  que sí sabemos hacerla de maravilla. Es decir, que estamos atribuyendo a nuestro valor como persona, lo que hacemos; si hacemos algo bien, somos valiosos; si hacemos algo mal, no valemos un pimiento. Ignorando que no es ni lo uno ni lo otro. Nuestro valor como persona es totalmente independiente de lo que hagamos.

Y esto que nos dicen las personas que nos aprecian, lejos de la intención de hacernos daño, hace un daño tremendo, brutal, devastador para la persona que lo recibe. Si las personas que nos quieren supieran el impacto de esos mensajes, no lo harían, seguro que no, ya que ese tipo de experiencia, erosiona y malforma nuestro autoconcepto y nuestra autoestima, y va a obligarnos a luchar ferozmente en nuestra edad adulta contra los estímulos que nos van a llegar de un modo u otro desde otras personas en otros contextos (universidad, empresa, asociaciones, grupo de amigos, etc.), y que aunque sean más suaves y no tan explícitos, van a disparar en nosotros por asociación, ese malestar cognitivo y afectivo, y lo vamos a pasar mal, muy mal, sin necesidad.

A partir de aquí, tenemos dos opciones: “tirar la toalla” y asumir que “somos así”, o iniciar un proceso de “limpieza interior” para sustituir esas creencias por otras más positivas que nos ayuden a desarrollarnos correctamente como persona. Este proceso autorreparador, dependiendo de nuestra fortaleza psicológica de base,  lo vamos a poder hacer de forma casi autónoma, o nos tendremos que poner en manos de un profesional de la Psicología.

De momento, y para nuestra tranquilidad, decirte que no somos seres “monolíticos y unidimensionales”. De este modo, el autoconcepto tiene una estructura multidimensional. Es decir, que si yo me defino por numerosos aspectos de mi vida, como los roles que mantengo (padre/madre, trabajador(a), esposo(a), socio(a), maestro(a), amigo(a), tio(a), estudiante, etc.), las actividades que hago, mis relaciones con la gente, intereses, metas, etc., de forma que la imagen global que tengo de mí mismo (mi autoconcepto) tiene todos estos aspectos bien diferenciados, puedo comprender que en unos ámbitos de mi vida lo haga mejor y en otros peor, no teniendo nada que ver con mi valor como persona. Además, cuanto mayor sea mi capacidad de diferenciar cada aspecto de mi vida, más inmune seré a los “fracasos” en una actividad determinada, puesto que no haré una generalización al resto de mi vida y de mi persona, y por lo tanto no pensaré que “soy” un desastre como persona, sino que simplemente tengo que mejorar en ese aspecto de mi vida. Y esto me hará sentirme bien y me facilitará la mejora.

De esta forma, puedes “cagarla” en el trabajo, y ser un padre fenomenal. O te pueden ir mal las matemáticas y ser un crack en filosofía, o en los trabajos manuales. O puedes ser un desastre como vendedor y un fuera de serie com profesor. Y no por ello va a variar tu valor como persona, que sigue siendo incalculable (mientras no le hagas daño a nadie, por supuesto). De esta forma, podrás mejorar la actividad en la que obtienes peor resultado, mejorando tus competencias en ese sentido, si así lo deseas. Y todo ello sin sentirte mal, sin sentirte culpable, ni afligido o afligida.

En definitiva, que tú sí que vales.

Espero haberte ayudado. Para mí, la escritura de este artículo ha sido una experiencia catalizadora y terapéutica.

Hasta pronto!