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EGOÍSMO ALTRUISTA: DE LA ESCASEZ A LA ABUNDANCIA

21 septiembre 2016 1 comentario

altruismo_egoismo“Egoísmo altruista” es un oxímoron atribuido al Dalai Lama que creo que resume a la perfección el proceso de crecimiento y madurez de una persona, sociedad u organización.

Viene a significar algo así como que no es posible hablar de egoísmo y altruismo por separado cuando ambos conceptos son bien entendidos y aplicados ya que, en este caso, son dimensiones complementarias y relativas a una misma cosa:

El bienestar físico, mental, emocional y social del ser humano.

Yo añadiría, por tanto, “egoísmo altruista saludable”, o también “altruismo egoísta saludable”.

Es decir, cuando el motivo que me lleva a ayudar a otra persona es la sensación de bienestar y plenitud que siento al hacerlo, lo podríamos llamar altruismo egoísta saludable.

O bien, cuando yo quiero ser el primero en sentir bienestar, satisfacción y/o plenitud por que sé que solo así es como puedo ayudar de verdad y aportar valor a otras personas (egoísmo altruista saludable).

Lo que ocurre es que la educación que recibimos (familiar y académica), a lo largo de nuestros primeros años de vida, nos va inoculando una serie de filtros mentales que estrechan la capacidad de ver más allá de nuestras narices con perspectiva y amplitud.

Esta visión estrecha y miope de la realidad nos puede llegar a instalar en una percepción de tal escasez que llegamos a creernos de verdad que para que yo gane algo tiene que haber otro que lo pierda, o que mi bienestar depende de que otros estén peor que yo.

No voy a hablar de severas deformaciones de un ego que podíamos llamar patológico, ni tampoco de un altruismo patológico (cuando ayudo a alguien con la obsesión u obcecación de obtener algo a cambio).

En este último caso estaríamos hablando entonces de puras transacciones instrumentales, eso sí, bien maquilladas.

Tampoco voy a entrar en si a determinados poderes fácticos les interesa que la inmensa mayoría de personas tenga esta visión tan miedosa del mundo para que sea más fácil su control y “aborregamiento” (ya que en tal caso existiría un ministerio de “educalienación y miedo ambiente”).

Lo que si está claro es que esta forma de ver tan obtusa y escasa nos lleva a provocar lo que llamamos en psicología “profecía autocumplida“, una especie de espejismo que nos lleva a comportarnos como si lo bueno estuviese limitado a unas pocas concesiones que hay que “pillar como sea” antes de que las “pille” otro y nos quedemos sin nada.

Resumiendo, que nuestro ego se va quedando ci-ego tras ir apagando luces durante el proceso de “educación”. Y claro, así termina viviendo de forma miedosa en un “zulo mental” de 2×1 que proyecta a su entorno, inoculando de nuevo a aquellas personas más inmaduras con su comportamiento defensivo.

Por supuesto también vamos a proyectar este ego ciego en el mundo laboral a todos los niveles (individual, grupal y organizacional) dependiendo de la posición que ocupemos, haciendo saltar alarmas por todas partes:

  • El jefe que no se fía de su colaborador y lo vigila constantemente llegando a “estrangularlo” psicológicamente (burn out).
  • El colaborador que cree que su jefe quiere “explotarlo” y se pone en modo “cumplir mínimos”.
  • Lo que quieren obtener el reconocimiento de la dirección a toda costa y hacen el máximo “ruido y poses” que pueden (en detrimento de sus compañeros a menudo).

Algo así como los infantes cuando dicen a sus papás “¡¡mira lo que hagoooooo!!”, tratando de conseguir el aplauso de sus progenitores.

juega

Otras veces es peor, cuando la forma de reclamar atención y reconocimiento es mediante la agresividad (mobbing, bullying, recriminaciones sistemáticas, demostraciones de poder, etc.).

En cualquier caso, es la consecuencia de egos por desarrollar necesitados del amor y la luz que nos permita ver y reconocer nuestra propia magnitud y grandiosidad como algo satisfactorio per se, y que podemos poner a nuestro servicio y al de los demás como fuente de abundancia y felicidad.

En la base de todo ello suele haber carencias de afecto y reconocimiento en la niñez no intencionadas, sino proyectadas desde las propias carencias del educador, pero que terminan hiriendo nuestra autoestima.

¿Cómo se inicia un proceso de mejora ascendente y positivo a nivel personal y profesional?

Pues justo haciendo lo contrario que el proceso educativo. Si este apaga luces y daña la autoestima, el proceso de mejora pasa por encender luces y recuperar una sana autoestima.

Para mí, una de las mejores herramientas que hay es el desarrollo de la inteligencia emocional como habilidad transversal que sustenta al resto de habilidades (tanto técnicas como actitudinales).

La inteligencia emocional es la habilidad de ir encendiendo luces en la consciencia para poder ver nuestros “códigos de conducta” o “mapas mentales” y desmontar o flexibilizar aquellos que nos perjudiquen o limiten, tal como explicaba en el post anterior.

Lo ideal es empezar a la mayor edad temprana posible (si puede ser en el vientre materno, mejor), aunque en la adultez también es posible desarrollar esta habilidad.

Tiene cuatro pilares básicos que son:

Los dos primeros corresponden a área de la inteligencia intrapersonal y los dos últimos a la inteligencia interpersonal.

En todas las áreas subyace una herramienta común: la comunicación, el lenguaje que usamos para comunicarnos con nosotros mismos y con otras personas.

El lenguaje no solo sirve para describir la realidad, sino para crearla. Primero en nuestra mente y después en el mundo material.

“Lo que creemos es lo que creamos”, Alex Rovira.

Cuando vamos encendiendo luces en la consciencia somos capaces de ver nuestras fortalezas y las de los demás, poniendo el foco en lo positivo de cada uno de nosotros.

Empezamos a vislumbrar que todos podemos ganar, que hay de sobra y en abundancia para satisfacer las necesidades de todos.

De esta visión más amplia de la realidad parten, por ejemplo, algunos métodos de resolución de conflictos (como el de Harvard) que se centra en los intereses comunes y no en las posiciones defensivas:

Cuando transcendemos la posición del ego y ponemos encima de la mesa los verdaderos intereses de cada uno,

[Tweet “La tarta se puede ampliar para todos de forma creativa”]

Para llegar a este punto el desarrollo de nuestra inteligencia emocional es básica, necesaria y urgente.

¿Y a ti, te apetece ir “encendiendo luces”?

Fuente imágenes: glosariodigital.wordpress.com; panorama.com.ve

palanca_alta*Puedes ampliar información sobre cómo desarrollar tu inteligencia emocional leyendo “La Palanca del Éxito, S.L.: Activa tu inteligencia emocional y relánzate”. Aquí puedes ver las primeras páginas para que compruebes si te gusta.

 

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GENIO Y FIGURA…, ¿HASTA LA SEPULTURA?

refran2Es bien sabido que el refranero español tiene un gran repertorio de locuciones para enviarnos el mensaje petrificado “una persona es lo que es y no puede ser otra cosa”:

  • Quien nace lechón muere cochino
  • El hijo de la gata ratones mata
  • La cabra siempre tira al monte
  • De tal palo tal astilla
  • La bodega huele al vino que tiene

El problema de fondo es que este tipo de refranes, al aludir a la identidad de la persona, transmite la idea de que es imposible un cambio o mejora.

Y cada vez que se produce en la persona una conducta que confirma la identidad atribuida, se le suelta el refrán de turno a modo de axioma.

A veces también se añade la coletilla “¿lo ves? ¡ya te lo decía yo!”, obviándose por supuesto cualquier comportamiento que falsaria la hipótesis de identidad.

Cada vez que ocurre esto supone una vuelta de tuerca más sobre la persona, que termina por creerse la atribución e impedirse cualquier posibilidad de mejora.

Esto es también lo que venía a decirnos hace muchos años (quizá estos refranes deriven de aquí) las teorías genetistas:

La vida de una persona está determinada por sus genes y no tiene nada que hacer.

Afortunadamente, se ha descubierto que los genes predisponen pero no determinan la vida de una persona.

De forma que el ambiente y el contexto interactúan con nuestros genes (epigenética), teniendo la capacidad de activarlos o desactivarlos.

O sea, que el que yo tenga un gen o conjunto de ellos (genotipo) no significa que su impacto físico y conductual sobre mí (fenotipo) esté 100% determinado.

El impacto final va a ser regulado por aspectos como:

  • El grado de pureza o contaminación del aire que respiramos
  • El nivel de contaminación acústica que nos rodea
  • La naturaleza de los alimentos que ingerimos a diario
  • El ejercicio físico que hacemos semanalmente
  • Los estados emocionales que vivimos habitualmente
  • El tipo de pensamientos que “masticamos” la mayor parte del día
  • El número de horas que dormimos plácidamente
  • La calidad de nuestras relaciones personales
  • El nivel de estrés percibido en nuestro día a día
  • El tipo de lenguaje que usamos al hablar(nos)

Si te fijas, la mayoría de estos aspectos epigenéticos son susceptibles de mejora usando nuestra voluntad para cambiar comportamientos y, por tanto, hábitos de vida.

Por supuesto no es instantáneo, no se hace con un simple chasquido de dedos o en un abrir y cerrar de ojos. Cualquier proceso de mejora lleva su tiempo debido a la forma en que funciona nuestro sistema nervioso.

Y aquí es donde tenemos un serio problema actualmente en los llamados países “desarrollados”. Parece que todo es fácil de conseguir, rápido y sin esfuerzo.

Vivimos lo que yo llamo “la falacia de la urgencia”: si no conseguimos lo que queremos, rápido y fácil, lo descartamos privándonos de una mejora sustancial a medio y largo plazo.

Poner el foco solo en el corto plazo (sin equilibrar con el largo plazo) se vuelve en nuestra contra porque muchas veces estamos cambiando, inconscientemente, bienestar inmediato por ansiedad y estrés tóxico a medio y largo plazo.

De ahí el tremendo “éxito” (sobre todo para el que lo vende) de las “dietas milagro”, de la “gimnasia pasiva”, de cursos tipo “aprenda inglés mientras duerme” y negocios estilo “hágase millonario en 10 días”.

Bueno, pues lamento decirte que cualquier proceso de mejora evolutiva “se cocina a fuego lento”, lo cual requiere un periodo inicial de incomodidad, paciencia y perseverancia para mantenerlo.

La buena noticia es que cuando introducimos cambios saludables en nuestro comportamiento diario y éste se convierte en un hábito, podemos mantenerlo el resto de nuestra vida de forma automática y, ahora sí, sin esfuerzo.

En la base de todo ello está la gestión de nuestros estados emocionales, ya que son nuestras emociones las que más fuerza tienen a la hora de dirigir el comportamiento.

Pero lo que realmente nos autoriza a hablar de todo este proceso de mejora en nuestro comportamiento es haber vivido un proceso de crecimiento y transformación en primera persona.

La Palanca del ÉxitoEsto, y mucho más, se explica con detalle en “La Palanca del Éxito, S.L. Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Un libro ameno en el que a través de una historia real inspiradora con un diálogo con el genio del smartphone y mediante una guía práctica de inteligencia emocional, podrás iniciar tu propio proceso evolutivo de mejora (si quieres, claro está).

Para terminar, propongo modificar los refranes iniciales de esta manera:

  • Quien nace lechón muere cochino (en tu mano está llegar a reserva, ibérico recebo o cinco jotas)
  • El hijo de la gata ratones mata (de ti depende la calidad del ratón que caces)
  • La cabra siempre tira al monte (y puedes elegir subir a uno árido o con vegetación y frutales)
  • De tal palo tal astilla (pero se hereda el ADN, no el comportamiento. Éste se aprende y re-aprende)
  • La bodega huele al vino que tiene (con paciencia y trabajo se transforma en crianza, reserva o gran reserva)

¿Y tú, vas a hacer algún esfuerzo inteligente para mejorar?

¿O te vas a la sepultura tal cual crees que eres?

*También puedes leer “El ego pueda matar la empresa. ¿Quién lo gestiona?”

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3 CLAVES PARA RELANZAR TU VIDA PERSONAL Y PROFESIONAL

Crecimiento personalAlgunas personas sienten en su interior la necesidad de dar un giro personal y/o profesional a su vida porque actualmente les resulta emocionalmente insatisfactoria pero no saben cómo hacerlo, o no se atreven.

Otras personas sienten también esta necesidad de mejora pero no tienen una vida (personal o profesional) tan insatisfactoria a nivel emocional y prefieren sacrificar la posibilidad de mejorar.

El refranero español parece que tiene un argumento o excusa para cada situación.

Quizá para los que no se atreven a dar el salto, les suponga un potente balsámico el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Puede que para el segundo caso sea más reconfortante el refrán “más vale pájaro en mano que ciento volando”.

Hay un tercer caso que sería el de las personas que son felices con su vida actual y no necesitan cambiar nada.

Por último, estarían los casos más difíciles de aquellas personas que viven situaciones de exclusión social, no teniendo los recursos propios necesarios para abordar un cambio.

Al final, lo verdaderamente importante es que tomes la decisión que tomes, que sea una decisión tuya, propia, con la que te sientas a gusto.

He de decir que yo he sido afortunado y he vivido los dos primeros casos en mi propia piel, perteneciendo actualmente al tercer caso.

¿Qué ha ocurrido por medio para pasar de una situación a otra, en mi caso? ¿Te podría ser de utilidad saberlo?

Pues tengo una buena noticia y otra mala.

La buena noticia es que se puede producir el cambio, es totalmente factible. Yo soy un claro ejemplo de ello (he trabajado durante 25 años en el sector de la consultoría tecnológica y desde hace 4 años trabajo en el sector de la psicología organizacional).

La mala noticia es que no es fácil conseguirlo y nadie lo va a hacer por ti.

Es decir, se puede pero cuesta trabajo y esfuerzo (si ya no quieres seguir leyendo lo comprenderé, a mí me ha costado el cambio 8 años).

¡Uy, me dejaba otra buena noticia!. El proceso de cambio, a pesar de no ser fácil, es muy reconfortante y satisfactorio.

Porque el hecho de caminar en la dirección que tú deseas, con tu fuerza interior, te hace sentir vitalidad. Te hace libre, al menos, durante el recorrido.

Por supuesto, nada ni nadie garantiza tu éxito. Pero si lo intentas no volverás a ser la misma persona de antes.

El proceso de cambio ensancha tu perspectiva, te da experiencia y te permite conocer personas que te ayudarán a crecer también (aún si saberlo ellas).

Yo no lo cambiaría por nada del mundo. Ojalá me hubiese decidido a dar el salto antes.

Pero no te preocupes, el camino de la mejora lo iniciamos cuando estamos preparados a nivel mental (racional, emocional y consciencial).

Cada persona tenemos un proceso evolutivo diferente.

A unos nos llega el momento en la juventud, a otros en la madurez y a otros… no nos llega nunca. Todo dependerá de los aprendizajes que vayamos haciendo con las situaciones y personas que se presentan en nuestra vida.

Si no aprendes, el curso de la vida te seguirá examinando para darte oportunidades de aprendizaje, no te preocupes.

Depende de ti que obtengas el aprendizaje adecuado, apruebes y vayas pasando al siguiente nivel, asignatura y curso vital.

Creo firmemente que no hay fórmulas mágicas para mejorar, pero sí 3 grandes aspectos a tener en cuenta:

  1. Inteligencia Emocional
  2. Conocimientos
  3. Acción

Inteligencia emocional para autoconocerte y saber gestionar tus emociones y las de los demás de forma que consigas una estabilidad emocional suficiente para aguantar los obstáculos que se van a presentar por el camino de la mejora.

Conocimientos que te den una especialización en un tema o materia para que puedas ayudar a los demás a solucionar problemas o satisfacer necesidades.

Acción, porque sin ella ya podemos tener mucha inteligencia emocional y conocimientos específicos, que no se producirá ningún resultado (al menos en la dirección que buscamos).

Foto libro editadoTodo esto (y mucho más) lo explico con más detalle en mi nuevo libro “La Palanca del Éxito S.L. Activa tu inteligencia emocional y relánzate“.

Además, el libro colabora con un proyecto social para ayudar a las personas que se encuentran en el cuarto caso, el riesgo de exclusión social.

El 15% de los derechos de autor van destinados a ayudar a la Fundación Novaterra en su proyecto “Viaje a la Dignidad”.

Aquí puedes leer un pequeño adelanto del libro.

Si crees que te puede resultar útil y deseas aportar tu granito de arena al proyecto de la Fundación Novaterra, puedes adquirirlo aquí.

¿Y tú, en que nivel evolutivo te encuentras?

¿Vas a hacer algo para mejorar?

Fuente imágenes: eleconomista.es; elaboración propia.

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CRECIMIENTO PROFESIONAL Y PERSONAL, ¿INCOMPATIBLES?

DreamsTime“El trabajo dignifica”, dijo Karl Marx (o al menos se le atribuye).

Es bien sabido que el trabajo tiene importantes beneficios para nuestro bienestar psicosocial, tal como se desprende de un estudio de Salanova, Prieto y Peiró (1993):

  • Función económica (no solo para sobrevivir sino para acceder a otros bienes)
  • Da estructura a nuestro tiempo diario, semanal, mensual y anual (marco de referencia útil y saludable)
  • Representa una fuente de oportunidades para la interacción y los contactos sociales
  • Proporciona un sentido o significado de vida
  • En muchos casos proporciona estatus y prestigio social
  • Favorece la autoestima (especialmente cuando podemos desplegar nuestro potencial)
  • Nos permite adquirir conocimientos, habilidades y experiencia (construyendo identidad personal y laboral)
  • Constituye un medio para transmitir normas, creencias, valores y expectativas sociales

A la vista de estos beneficios puede parecer que Karl Marx llevaba razón y podemos pensar que el trabajo es una fuente de desarrollo profesional y personal saludable. Y así es o podría ser.

Es decir, el trabajo no solo es un medio para conseguir beneficios materiales, sino que también es un fin en sí mismo porque proporciona beneficios psicosociales.

[Tweet “El trabajo siempre proporciona dos tipos de salario: uno económico y otro emocional.”]

El salario económico está claro que se corresponde con la función económica antes señalada (aunque también constituye una parte del salario emocional, ya que considerarse bien o mal pagado influye en nuestro estado emocional).

El resto de funciones que mencionábamos constituye el salario emocional “percibido”.

Pongo entre comillas “percibido” porque tiene un doble significado: es un valor recibido porque produce bienestar psicológico, pero también es subjetivo porque para cada persona tendrá un valor diferente, en función de su momento de maduración personal.

Es decir, el nivel de crecimiento profesional y personal puede influir poderosamente en el salario emocional.

Ahora bien, la eficacia de estas funciones dependerá de lo alineadas que estén nuestras expectativas o necesidades con la cultura y prácticas organizacionales.

Por ello es imposible tener satisfecha al 100% de la plantilla, ya que siempre habrá quien tenga expectativas o necesidades poco alineadas con la organización.

Por supuesto partimos de la base de que el trabajo no se produce en condiciones precarias, tanto económicas o de seguridad y salud, porque esta situación no satisfaría las expectativas o necesidades de nadie (al menos eso creo).

A partir de aquí me gustaría hablar de la importancia del equilibrio entre crecimiento profesional y crecimiento personal, porque son necesarios ambos para un salario emocional saludable.

El crecimiento profesional está relacionado con la adquisición de conocimientos, experiencias y habilidades técnicas. Y aunque puede influir en el crecimiento personal, no es lo mismo.

El crecimiento personal está más relacionado con la adquisición de habilidades sociales, el desarrollo de la autoestima, la autoeficacia, la autoconfianza, o la revisión y actualización periódica de creencias o paradigmas mentales.

De forma que si nos focalizamos única y exclusivamente en el crecimiento profesional podríamos entrar en un bucle inconsciente donde estemos creciendo solo a nivel profesional.

Y esto está bien (sobre todo en los primeros años de vida laboral), pero suele llegar un momento en el que resulta claramente insuficiente.

Es posible que lleguemos a sentir quizás un vacío interior, un sentimiento de desasosiego, de falta de plenitud o significado.

Si esto ocurre, nuestro sistema emocional nos está enviando un mensaje claro: “Puede que te guste tu trabajo pero “solo es trabajo” y la vida es mucho más amplia y rica que eso”.

En este caso el sistema de información emocional nos está pidiendo a gritos que crezcamos también a nivel personal.

Cada uno necesitará una forma de crecer diferente dependiendo de en qué momento de su vida esté.

En unos casos quizá necesitemos dedicar más tiempo a estar con la familia, en otros hacer (más) deporte, tener más relaciones sociales, estar en contacto con la naturaleza, estar solos y reflexionar, dedicar tiempo a un hobby, etc.

Y es que los seres humanos somos seres globales que, además de “sobrevivir”, necesitamos vivir con un equilibrio de bienestar material, físico, social, profesional y emocional.

Este equilibrio de “bienestares” (si se me permite la palabra) nos permite “alumbrar” formas de vida mucho más satisfactorias que solo la tan habitual y paupérrima de “ir tirando”.

Flor de BeniciaEs lo que llama “Flor de Benicia”, el Profesor Rafael Bisquerra.

¿De quién es responsabilidad conseguir este equilibrio entre los distintos tipos de bienestar?

De todos. Personas, Organizaciones y Administraciones, cada uno a su nivel de influencia y responsabilidad.

¿Y tú, creces solo profesionalmente o también a nivel personal?

 

¿Contribuyes al equilibrio de tu propio bienestar y el de los demás?

Fuente imágenes: ; google (echanizbarrondo.blogspot.com; mujeresontop.com)

 

**Si quieres crecer (tú y tu equipo) en calidad de comunicación, te recomiendo encarecidamente este curso online:

CursoPrevencionar

¿ESTÁS EN TU CAMINO AL ÉXITO?

En primer lugar disculparme porque la semana pasada no fui capaz de publicar este post. Además me gustaría que fueras un poquito condescendiente conmigo porque he decidido tomarme unas pequeñas vacaciones blogueras 🙂 , pero prometo volver en 15 días con más y mejores contenidos.

En el último post expliqué en qué consiste la autoconfianza y el estilo de apego, así que nos quedaría saber cómo podemos desarrollarlos con el objetivo de completar y conservar lo que para mí son los verdaderos nutrientes del éxito duradero, reforzándose los unos a los otros en una espiral sin fin.

Pues bien, la autoconfianza está íntimamente ligada a la autoeficacia y consiste, básicamente, en creer o confiar no solo en tener los recursos necesarios para afrontar una situación (autoconfianza), sino además en poder llevar a cabo las acciones necesarias para realizar una tarea de manera exitosa.

¿Cómo puedes potenciar tu autoconfianza y autoeficacia?

  1. Haz una lista de tus logros pasados. Has llegado hasta dónde estás porque has superado obstáculos o conseguido metas, ¿cierto? Si además eres capaz de identificar qué fortaleza(s) te ha(n) facilitado el logro, mejor que mejor.
  2. Aprende de los que ya están dónde tú quieres llegar. Pregunta, escucha, observa. Averigua qué puedes adaptar a tu situación personal y ponlo en marcha.
  3. Rodéate de personas entusiastas que te animen a conseguir tus objetivos, que crean en ti, que te apoyen. Y si no es así, diles que si te quieren ayudar ¡que se callen!, que no maten tus sueños.
  4. Interpreta positivamente tus emociones. Ponerse nervioso/a, por ejemplo, no es síntoma de no poder hacer algo, sino de ser responsable y estar comprometido/a con la tarea (quizá incluso demasiado). Solo tienes que aprender a regular tu emoción de forma saludable y seguir adelante.

Conoce tu estilo de apego y podrás empezar a manejarlo

Aunque el estilo de apego se forja en la infancia, ser consciente de él te ayudará a manejarlo y modularlo a tu favor.

Como todo aprendizaje conlleva un periodo de incomodidad pero te aseguro que el esfuerzo vale su peso en oro porque es una ganancia para toda la vida.

Aquí van algunas pistas gráficas.

ApegoAdulto

En función de cómo nos vemos y valoramos (más o menos confiables, merecedores de afecto y atención por parte de los demás) y qué imagen/esquema mental tenemos de los demás en general (si son de mayor o menor confiabilidad e intencionalidad sana), tendemos a posicionarnos en uno de estos 4 estilos:

  1. Seguro.- Tener una imagen positiva de nosotros mismos y de los demás nos predispone a acercarnos e involucrarnos positivamente con otras personas, ya que nos sentimos cómodos en esa cercanía.
  2. Preocupado.- Una auto-imagen positiva junto a una imagen negativa de los demás aunque nos permite potenciar nuestro desarrollo personal, nos hace desvalorizar la importancia de los vínculos sociales (desconfiamos y nos ponemos a la defensiva), lo cual nos priva de ese recurso tan positivo.
  3. Evitativo.- Al contrario, una auto-imagen negativa pero positiva de los demás aunque nos impulsa a relacionarnos e intimar con otras personas no nos permite llegar a materializarlo correctamente, ya que al temer ser rechazados o poco valiosos terminamos evitando ese acercamiento, o lo hacemos tímidamente.
  4. Temeroso.- Tener una imagen negativa de nosotros mismos y de los demás nos hace sufrir una elevada ansiedad ya que, aunque nos gustaría intimar, no nos permitimos acercarnos demasiado a los demás (porque no nos fiamos), sintiéndonos frágiles y dependientes al mismo tiempo aunque lo tratemos de contrarrestar con “un caparazón” como mecanismo de protección.

Si averiguas en qué cuadrante estás más o menos ubicado/a tú, podrás trabajar en uno u otro eje.

En mejorar tu autoconfianza y/o en mejorar el modo en que miras a los demás (aunque no nos podamos fiar de todo el mundo, tampoco podemos desconfiar de todos porque ahí estaríamos incluidos nosotros también).

Esta desconfianza supone al fin y al cabo un miedo a ese acercamiento. Como cualquier otro miedo se supera enfrentándolo y comprobando una y otra vez que no pasa absolutamente nada. De esta manera terminará extinguiéndose.

Trabajar estos nutrientes, poco a poco pero de forma perseverante, irá enriqueciéndote mental y emocionalmente hasta que consigas una fuerza interior que no habrá quien te pare.

¿Cómo lo sabrás?

En el momento que sientas (no que pienses) que estás en tu camino y que tarde o temprano llegarás a tu meta sin haber espacio para el retorno o el abandono, aunque sí para la flexibilidad en el progreso.

¿Y tú, estás ya en tu camino al éxito?

Fuente imágenes: elaboración propia inspirada en “Disfrutar de las emociones positivas”, de Enrique Fernández-Abascal.

 

¡QUIERO QUE MI PYME MEJORE!

10 septiembre 2015 Los comentarios están cerrados

pymesSi preguntamos a cualquier persona que administre y/o dirija una Pyme (o microPyme) si le gustaría mejorar su empresa, será raro encontrar a alguien que diga que no.

Pero si decimos que una empresa suele ser fiel reflejo de quien la dirige en el día a día, quizá ya no tengamos tanto cuórum.

¿Por qué? Porque si lo que vemos fuera no nos gusta, a nuestro ego le es difícil asumir la responsabilidad.

Es muy probable que nos encontremos con respuestas del tipo:

  • “Si todos mis trabajadores fueran como yo nos iría mucho mejor”
  • “La culpa es del mercado, que está saturado”
  • “Yo lo hago bien pero mis competidores revientan el mercado tirando los precios”
  • “No encuentro gente con talento”
  • “Yo soy muy trabajador pero tengo mala suerte con la gente, está desmotivada”

Y es cierto que el contexto influye, por supuesto.

Pero debemos tener claro que influye tanto el contexto externo (el mercado) como el interno (clima, cultura, estilo directivo…):

¿En qué contexto podemos influir con más fuerza, en el interno o el externo?

Otra reflexión que debemos hacer es “si mi empresa está a merced del mercado, subiendo y bajando con él (en la misma proporción), da igual que la dirija una u otra persona, ¿no es cierto?”

¿Por qué entonces hay empresas en un mismo sector que viviendo el mismo contexto de mercado, a unas les va mejor que a otras?, ¿suerte quizá?

Si hacemos una profunda reflexión, junto a una cura de humildad, quizá podamos observar que para la mayoría de empresas:

  • La tecnología es accesible y aceptablemente “barata”
  • Contratar conocimiento no es complicado (incluso talento)
  • El marketing está al alcance de unos pocos “clicks”
  • Acceder a cualquier mercado del mundo, de forma online, es relativamente sencillo

¿Entonces, dónde está la diferencia?

“Lo que marca la diferencia son las personas y la cultura organizacional”.

Quien trabaja, quien dirige, quien maneja la tecnología, quien vende, quien compra, quien atiende clientes y gestiona a otras personas, son las personas.

Busqueda_de_personas

Por eso la clave está en las personas y, especialmente, en que integremos de forma inteligente aptitud y actitud, razón y emoción, palabra y conducta.

Si yo suelo comportarme de forma alegre, servicial, responsable, optimista, flexible y amable, mi empresa se comportará de forma alegre, servicial, profesional, optimista, flexible y amable (el producto o servicio de calidad ya es una commodity).

Pero si me suelo comportar de forma triste, pesimista, extremadamente seria, muy rígido o “estirado” mi empresa también proyectará tristeza, pesimismo, excesiva seriedad (sin pizca de buen humor), incluso rigidez y quizá prepotencia.

Si no hablo (o hablo lo justo), estoy siempre serio, metido en mi despacho, con cara de pocos amigos, no saludo cuando llego ni cuando me voy, en mi empresa se podrá “cortar” el ambiente.

Y después puede que me diga: “¿qué le pasa a la gente? Mira que son antipáticos, que poco sonríen. Me van a espantar los clientes”.

Si la cultura que se desprende de mis valores está constituida por la autoridad, el castigo del error o el trabajo sin descanso ni más recompensa que el salario “puro y duro”, entonces:

  • La creatividad brillará por su ausencia
  • Todo el mundo esperará a recibir “órdenes” y harán lo justo para “cumplir”
  • Los errores se ocultarán
  • La gente se dedicará a buscar culpables en vez de soluciones
  • La mayoría dará la razón al jefe porque no se atreverá a disentir
  • Muchos “calentarán la silla” todo lo que puedan (presentismo) para parecer muy ocupados y tratar de “sumar puntos” con su superior

Es decir, mis colaboradores se pondrán en “modo superviviencia. Lo cual quiere decir que harán lo mínimo para que no les despida y estarán más pendientes de que yo esté “contento” o “poco cabreado”, en lugar de enfocarse a proporcionar un servicio excelente a mis clientes y trabajar en equipo.

Pero, insisto, este escenario es fiel reflejo de la conductas desplegadas por el equipo directivo, especialmente, las de su director general, director ejecutivo o gerente. Vamos, del que “corta el bacalao” en el día a día. ¿Me explico?

Así que si no nos gusta lo que vemos fuera de nosotros, lo primero que debemos hacer es “mirar dentro de nosotros encendiendo alguna luz” y analizar nuestras creencias, prejuicios y expectativas que dan lugar a nuestro comportamiento (par ver si es racional o irracional).

Y si tu empresa no es como tú, pregúntate entonces quién la dirige de verdad en el día a día. Puede que no seas tú, sino tu esposa, esposo, hijo, hija o cualquier mando intermedio (o tú, pero con un rol equivocado).

Si confirmamos que somos nosotros los que dirigimos la empresa (y nadie más) y seguimos viendo “muy normal” nuestro interior, pero el exterior sigue siendo todo lo contrario, quizá es hora de contratar un profesional del desarrollo organizacional.

Y si nos ayuda alguien que tenga formación en psicología organizacional que haya vivido “desde dentro” estos problemas, mejor que mejor 😉

Pero si lo hacemos, no puede ser con la visión “arréglame a esta gente”, sino con la suficiente humildad para decir “ayúdame a que mejoremos todos, incluido yo mismo”.

Porque a menudo, como dijo Albert Einstein:

“Los problemas no pueden ser resueltos al mismo nivel de pensamiento que fueron creados”.

Cuando un directivo tiene presente que primero somos emocionales y que cuando este aspecto está bien gestionado (y no antes), es cuando puede brillar la razón, el talento, la creatividad, la fuerza para superar obstáculos y ver retos en lugar de amenazas, entonces, y solo entonces es cuando se abre un nuevo horizonte para la empresa.

Y hablar de emocionalidad no significa, ni de lejos, hablar de sensiblería ni de ser “blando”. Todo lo contrario, significa conocer las necesidades de un colaborador como ser humano.

Solo así se nos puede “llenar la boca” cuando hablemos de capital humano en nuestra organización.

Muchos directivos dicen “ya, pero es que en la empresa estamos para ganar dinero”.

Sin entrar en la responsabilidad social que tiene una empresa, precisamente cuando se tienen en cuenta, y se gestionan, los estados emocionales (de clientes, directivos y empleados) es cuando más dinero puede generar una empresa para todos los stakeholder.

Porque si generamos un clima de seguridad psicológica donde cada persona pueda expresarse en libertad e innovar a la hora de aportar soluciones, sin miedo al castigo, reproche, crítica o desprecio, aumentará el compromiso y las conductas extra-rol.

Se trata de que las personas perciban que se les exige, se les recompensa, apoya, se les da feedback constructivo, reconocimiento y apoyo, al mismo tiempo que se les facilita compaginar vida laboral y personal. Es decir, que perciban justicia.

¿Y cómo conseguimos esto?

Mejorando primero nosotros, lo directivos-empresarios. Si no desarrollamos nuestro autoconocimiento, autoconsciencia, empatía, asertividad y escucha, difícilmente podremos mejorar nuestro entorno laboral.

Si no revisamos nuestro sistema de creencias, difícilmente podremos mejorarlo (sí, también nosotros somos primero emocionales y después racionales).

Porque revisamos y analizamos mucha información externa, pero poca o ninguna información interna, procedente de nuestro interior, de nuestra esencia.

Pocos se atreven a hacerlo, pero el que tiene el coraje y la valentía de “hurgar” en su interior y conocerse mejor será el que pueda vencer sus propios miedos y “bajar barreras” que impiden la conexión auténtica con el equipo de personas que trabaja con él.

Solo así, desde la autenticidad, seremos capaces de generar un clima laboral que permita a nuestro equipo pasar del “modo supervivencia” al “modo confianza y compromiso”.

Y la confianza junto con el compromiso impulsa el desempeño y, por tanto, los resultados tan ansiados.

¿Y tú, quieres que tu Pyme mejore?

Fuente imágenes: redaccion.bligoo.com; familysearch.org

¿REVISAS LO QUE CUECES “EN TU OLLA” ANTES DE SERVIRLO?

olla
Hoy quiero centrarme en esos comportamientos que tenemos a diario que, sin estar rellenos de rabia, ansiedad ni malas intenciones (todo lo contrario), pueden ir deteriorando nuestras relaciones laborales y personales.

El tema adquiere mayor transcendencia cuando desempeñamos un rol de autoridad (directivo/a, profesor/a o padre/madre).

Aunque pueda parecer que tu autoridad tiene que estar por encima de la relación, es precisamente esto (cómo te relacionas) y las emociones que provocas, lo que produce unos comportamientos u otros, unos resultados u otros.

A menudo, tratando de ayudar a otra persona le decimos: “Mira, lo que tienes que hacer es…”, o “¡eso no es nada!, si te cuento lo mío…”, o “no le des tanta importancia, que es tu obligación”, o “la única verdad es… ¡y punto!”.

Me refiero a esas situaciones en las que queremos ayudar, servir o acompañar al otro en su malestar, fallo, pérdida o mejora, pero no comprobamos primero cómo estamos nosotros.

¿Mi yo físico, mental y emocional está en cierta armonía?, ¿voy a ayudar al otro con mi presencia o voy a transmitirle mis miedos, mis creencias, mis preocupaciones?

Es decir, ¿soy consciente de si “mi caldo”, si lo que estoy cocinando en “mi olla” es nutritivo y valioso o, por el contrario, está soso, rancio o caducado?.

A menudo, llegamos y… ¡zas!, servimos dos o tres cazos de nuestro caldo.

Y encima decimos “¡mira qué caldito te he traído, bebe, bebe! Sin ni siquiera olerlo, probarlo, degustarlo ni paladearlo nosotros previamente, por si por una de aquellas no le pudiese sentar bien al otro.

Como es el caldo que preparamos todos los días, suponemos que es bueno. ¡Cómo no va a ser bueno si es el caldo que tomamos nosotros y nos va fenomenal! (¿estamos seguros?).

Ese caldo, obviamente, está compuesto por una amalgama de nuestras creencias, prejuicios y paradigmas, aliñados con variopintas especias adquiridas a lo largo de nuestra vida en forma de aprendizajes y experiencias.

Todo ello, quizás, muy válido para nosotros en otra época (o incluso en la actual) pero que puede no sea plato de buen gusto para el otro.

¿Qué podemos hacer entonces?

En primer lugar, revisar lo que echamos dentro de la “olla” cada día. Que la materia prima sea de la mejor calidad posible (información, conversaciones, pensamientos).

ingredientes calidad

Después, oler y probar “lo que cocinamos” para ver si está en su punto, crudo, pasado o le falta una pizca de sal (¿te gustaría a ti que te dieran un plato mal cocinado?).

Y finalmente, y lo más importante, preguntar al otro si quiere probar “nuestro plato” (opinión, consejo o cómo queramos llamarlo), antes de servirle.

Si nos dice que sí, le servimos “un cazo” para que compruebe qué tal. Si vemos que le gusta, le servimos más. Si frunce el ceño, nos retiramos.

Es decir, preguntar al otro si quiere saber nuestra opinión o nuestro punto de vista es la base para no ir por ahí creyendo que ayudamos y luego preguntándonos qué ha pasado cuando nos dan de lado o “huyen de nosotros”.

Porque hay veces que ayudamos más si nos vamos, si no hacemos nada, si no decimos nada.

Porque hay veces que una simple mirada cómplice, empática, cercana, es mucho más eficaz que el mejor de los discursos.

Porque, a menudo, ayudamos más “probando el caldo del otro” que dándole a probar el nuestro; es la mejor forma de comprender cómo se siente él o ella, y tratar de entender cómo se ve desde su punto de vista.

Porque ayudar a otra persona es:

  • Servir (sin caer en servilismos)
  • Dar ejemplo (coherencia e integridad)
  • Preguntar qué necesita para crecer (no somos adivinos)
  • Generar un entorno de aprendizaje y seguridad psicológica (permitiendo el error)

Sin invadir, agobiar ni controlar cada paso y, por supuesto, sin hacer nosotros su trabajo.

Como te habrás dado cuenta, estoy hablando de auto-consciencia, auto-descubrimiento, empatía, comunicación inteligente, liderazgo transformacional…

En definitiva, de inteligencia emocional aplicada al entorno laboral, personal y educativo.

¿Y tú, pruebas tu caldo antes de servirlo o “sueltas dos cazos” nada más llegar?

Fuente imágenes: catalogomoda.com; tecnove.com Post inspirado en una conferencia de mi colega, el gran psicólogo Fidel Delgado.