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WHATSAPP y MAIL, ¿AHORRO Y COMODIDAD O PROFILÁCTICO SOCIAL?

whatsapp-correo-01Últimamente me vengo haciendo las siguientes reflexiones:

¿Estaré(mos) haciendo un uso indiscriminado de la comunicación por mail y whatsapp?

¿Lo usamos por “ahorro” y “comodidad” o más bien nos estamos “refugiando” o “protegiendo” del contacto directo con personas para evitar incomodidades, inseguridades o temores?

Creo que muchas veces, sobre todo en el ámbito laboral, lo usamos también como “profiláctico social” para evitar el contacto directo con personas que no son “Santos de nuestra devoción”. Pero…

¿Podría ser contraproducente según el contenido que queremos comunicar?

Creo que no solo puede ser contraproducente, sino que nos puede salir muy caro querer ahorrar o evitar “el contacto”.

Me explico.

No es lo mismo hacer una propuesta de negocio, comunicar una buena noticia o preguntar dudas, que dar una mala noticia, proponer un cambio de planes o hacer una crítica (da igual si la adjetivamos de “constructiva”) porque sin duda irá con cierta carga emocional por nuestra parte, aunque lo queramos hacer lo más “asépticamente” posible.

En el primer caso, en mi opinión, no hay mucho “peligro” en usar un medio escrito. Los mensajes que muestran interés en el receptor suelen ser bien acogidos en general (a no ser que lleven “agendas ocultas”).

Pero en el segundo caso hay mucho más riesgo de que el mensaje llegue al receptor, “adulterado” y por tanto que se vuelva en nuestra contra pudiendo llegar a dañar la relación con un cliente, supervisor, colaborador, amigo o compañero.

¿Por qué?

Porque, como sabrás, nuestro cerebro procesa información emocional en primera instancia y después (y solo después) pasa al “módulo racional” más analítico.

¿Qué carga emocional predomina en la información escrita, la del emisor o la del receptor?

Si has contestado que la del receptor, ¡acertaste! A no ser que el escrito contenga expresiones emocionales explícitas (y aun así es difícil transmitir correctamente un sentimiento), el sentimiento predominante va a ser el del receptor.

¿Y cuál será este sentimiento?

Pues depende:

  1. Del estado emocional del receptor en el momento de leer el mensaje
  2. De cómo “le caiga” el emisor o de la percepción que tenga sobre él

La combinación de estos dos factores puede ser una mezcla “explosiva” que dé lugar a respuestas aparentemente “incomprensibles” por la razón y, por tanto, a muchos malentendidos que pueden dañar la relación y entrar en un “whatsapp boxing” poco recomendable.

whatsappplusLogoPor ello recomiendo (y así trato de hacerlo yo últimamente) tratar los temas “delicados” (malas noticias, solicitud de cambios, reclamaciones, etc.) en persona o, en su defecto, telefónicamente (a no ser que el receptor rehuse la comunicación personal o telefónica).

De esta manera estaremos emitiendo en “tiempo real” nuestro verdadero sentimiento respecto a lo que queremos comunicar.

Si aplicamos inteligencia emocional a nuestro tono, cadencia, volumen de voz, a nuestra mirada o gestos, vamos a ser capaces de conectar con nuestro interlocutor de una manera más eficaz.

Y lo más importante, podemos comprobar y manejar posibles susceptibilidades que el contenido escrito no puede hacer.

De esta manera seremos mucho más eficaces en nuestro objetivo al poder percibir, comprender e influir o modular las emociones del receptor, directamente.

Para una mayor eficacia es básico que desarrollemos nuestras competencias emocionales y consolidemos sus cuatro pilares (+1) fundamentales:

  1. Auto-consciencia
  2. Auto-conocimiento
  3. Empatía
  4. Asertividad
  5. Ética

Aunque, para mí, la empatía incluye la ética (si me pongo en el lugar del otro se supone que voy a ser ético), lo añado explícitamente por si nos fallara la empatía, para que seamos conscientes (aunque si falla también la consciencia ya es mucho fallar) y no caigamos en la “manipulación inconsciente” (algo tremendamente sencillo).

Si no tenemos en cuenta estos aspectos de la comunicación, podemos “liarla parda” o conseguir justo el efecto contrario.

Es decir, en vez de conseguir la apertura al diálogo, a la reflexión o al cambio en nuestro interlocutor/a, podemos provocar el cierre al raciocinio, una postura defensiva o rigidez mental.

Así que, en el próximo comunicado que tengamos que hacer seamos conscientes y empáticos para, dependiendo del contenido, enviar un mail o whatsapp o llamar por teléfono/hablar en persona.

Y si no queremos ser tan “invasivos”, lo que enviemos por escrito que sea una propuesta para hablar en persona o telefónicamente.

Y después (y solo después), ya enviaremos la comunicación escrita si procede para que conste.

¿Y tú, usas whatsapp y mail por ahorro y comodidad o para “evitar contactos”?

¿Reflexionamos sobre ello?

Fuente imágenes: downloadsource.com.br; elandroidelibre.com
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¿Y TÚ?, ¿A QUÉ TE DEDICAS REALMENTE?

¿A qué te dedicas realmente?

Me gustaría iniciar el nuevo curso con la reflexión que da título a este post, porque lo considero de máxima trascendencia para nuestro éxito, para el beneficio de nuestros clientes (y para la ética profesional).

Y cuando hablo de clientes, me refiero a empresas, proveedores, jefes, empleados, equipos y colaboradores.

Habitualmente (y “a bote pronto”), si nos preguntan a qué nos dedicamos profesionalmente, solemos contestar nombrando nuestra actividad, dónde trabajamos o, a veces,  haciendo alusión al título de nuestra profesión, formación o cargo jerárquico.

Pocas veces (muy pocas), contestamos haciendo alusión a los beneficios, al valor explícito o tácito que aportamos en nuestro día a día a los demás, con los que trabajamos.

Voy a intentar explicarme con ejemplos.

Si preguntamos a un fontanero, diría algo así como “me dedico a la fontanería. Soy fontanero” o “realizo instalaciones y reparaciones de agua y sanitarios”.  Si preguntamos a un mecánico de coches, podría decir “reparo coches”, o “soy mecánico de coches”, o “trabajo en un taller de reparación de coches”.

Si le preguntamos a un programador o diseñador web, diría tal vez, “programo, o diseño webs de comercio electrónico”. Un arquitecto de software podría decir “diseño soluciones tecnológicas de gestión de contenidos”.

Un psicoterapeuta diría “realizo terapias para solucionar trastornos mentales” o “soy psicoterapeuta”. Un profesor/a de matemáticas, diría “soy profesor/a de matemáticas” o “soy licenciado/a en matemáticas e imparto clases”.

Un directivo quizá diría “establezco objetivos y los hago cumplir” o “Soy director ejecutivo, director general, director comercial, etc.”.

Con el cambio de era, o cambio estructural (como diría Fernando Sánchez-Salinero) al que estamos asistiendo, nos encontramos con muchas personas que se quedan sin empleo y:

  • Buscan otro empleo similar por cuenta ajena
  • Se hacen freelance aprovechando su experiencia y conocimiento del sector
  • Se reciclan para especializarse
  • Se reinventan (se forman en otro trabajo/sector)
  • Otros, como yo, se reinventan, se hacen freelance y cambian de sector, todo a la vez (aún a riesgo de parecer kamikazes).

sociedad del conocimiento

Pues bien, ya no es útil (o cada vez tiene menos valor) explicar a qué te dedicas haciendo alusión sólo a qué conocimientos tienes o cuál es tu profesión.

Ahora es vital saber explicar qué sabes hacer, de valor para los demás, con lo que sabes.

Creo que, tal como nos explica fenomenalmente bien, Andrés Ortega, en su post “Itinerarios líquidos: de la carrera a la aventura profesional“, si las cosas ya no van a ser como antes, tampoco podemos seguir haciendo las cosas como antes.

“Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”, Albert Einstein.

Es imprescindible saber explicar, en pocas palabras, qué valor aportamos a una empresa o cliente (interno y externo).

Si además tenemos en cuenta que somos seres emocionales, e introducimos palabras que acaricien alguna emoción o sentimiento, mucho más eficaz será nuestro mensaje.

Así, nuestro fontanero del ejemplo tendría que decir algo así como “facilito una higiene cómoda a las personas”.  El mecánico de coches diría “me ocupo de hacer felices a los conductores que me traen su coche a reparar”.

El programador o diseñador web, podría decir “genero experiencias de usuario inolvidables en entornos de comercio electrónico”.  El arquitecto de software diría, “diseño entornos de gestión de contenidos de alta disponibilidad, seguros, robustos, escalables y fáciles de desarrollar”.

El psicoterapeuta diría algo como “mejoro la vida de mis clientes, generando bienestar y felicidad en ellos mismos y a su alrededor”. Nuestro profesor de matemáticas podría decir algo así como: “enciendo un mundo de posibilidades útiles, de creatividad. curiosidad y diversión a mis alumnos”.

El directivo podría decir “sirvo a mi empresa, a mi equipo y demás clientes, eliminando obstáculos para que todos puedan conseguir objetivos de forma saludable”.

En mi caso, también me ha costado muchísimo “cambiar el chip”. Hasta hace poco decía que era psicólogo del trabajo, experto en organizaciones saludables y competencias socio-emocionales para directivos y docentes.

Hoy, puedo afirmar que a lo que realmente me dedico es a “proporcionar alta rentabilidad a personas y organizaciones, incorporando con rigor y calidad, inteligencia emocional al liderazgo (neuroliderazgo) y prácticas saludables a la gestión de personas”.

Y por supuesto, detrás de una propuesta de valor, tiene que haber un producto/servicio al mismo nivel o superior.

¿Y tú?, ¿ya sabes a qué te dedicas realmente en esta nueva era?

 Fuente imágenes: lospatriotas.org; educacionysociedadpeterpan.blogspot.com

TEAM (visión circular organizacional)

A lo largo de mis 25 años trabajando en distintas organizaciones (y en la que yo mismo creé), he ido observando cómo nos comunicamos las personas, y llevo un tiempo reflexionando sobre ello, en especial desde la perspectiva de la Psicología Organizacional Positiva.

He llegado a la conclusión de que a la hora de mantener conversaciones importantes (dentro de las organizaciones) para el presente y el futuro de empleados, empleadores, clientes, y el de la sociedad próxima, uno de nuestros principales problemas (si no el más relevante) que impide conseguir los objetivos empresariales y personales, es un fallo grave, gravísimo, de comunicación, debido a que tenemos una visión semicircular de la realidad, es decir, solo vemos nuestra parte del círculo. Me estoy refiriendo no solo a esa falta de empatía que me impide ponerme en el lugar del otro tratando de comprender su punto de vista, sino además, a una falta de acercamiento al otro, a una falta de afecto, a una falta de “abrazar” la relación (aunque sea profesional o de negocio) para compartir, para trabajar unidos por un objetivo o un fin que nos beneficie a ambos, y en definitiva, de conectar nuestras fortalezas para atraer a nuestra vida lo que queremos y hemos decidido conseguir. Me temo que no sabemos trabajar en equipo.

De esta forma, esa visión semicircular con la que conversamos con la otra persona, nos separa, nos divide, nos hace ver al otro como un ser egoista, interesado solo en sí mismo, cerrado, prejuicioso, distante, que no me entiende, y en definitiva lo que se consigue es conectar con las debilidades del otro y separarnos como personas, llegando a ver la relación y el entorno como una amenaza para nuestro progreso. Pero lo más complicado de esto, es hacer el esfuerzo personal para vernos a nosotros mismos como una persona egoista, interesados solo en nosotros mismos, cerrados, prejuiciosos, distantes, que no entendemos al otro, viendo nuestras debilidades, separándonos del otro y visualizándonos como una amenaza para el otro (que es como nos percibe la otra persona). Lo peor de todo es que esto ocurre muy a menudo y salimos de una conversación con otra persona en la que no nos hemos entendido, pensando ambos que lo que nos ha transmitido el otro son excusas, egoismos, intereses personales, o banalidades para dispersar el verdadero núcleo del problema.

Insisto porque el tema me parece muy grave y de una urgente intervención en las empresas (y en la vida personal), sobre todo ahora, que la situación política, económica y social que estamos viviendo requiere unión y no separación para avanzar y entrar en la senda del crecimiento. Esta visión semicircular solo genera división, separación, tensión, ansiedad, rabia, frustración, insatisfacción, desmotivación, tristeza profunda, e incluso depresión si mantenemos este tipo de comunicación muy a menudo. Este es uno de los grandes problemas en las empresas actualmente, cuyas consecuencias son (entre otras): disminución de productividad, incremento de absentismo, “despido interior“, bajas por enfermedad, ruptura del contrato psicológico.

¿Solución? Empezar a practicar la visión circular. Ésta consiste en un camino de ida y vuelta que debemos recorrer en cada conversación, aunque nos duela al principio. Debemos salir caminando de nuestro semicírculo y entrar en el semicírculo de la otra persona para mantenernos allí por un rato, el necesario para conocer su territorio. Deberemos preguntarle abiertamente en qué se está basando para pronunciar sus palabras, tratando de comprender su punto de vista, sus sentimientos, indagando en su marco mental aunque éste sea muy complejo en ocasiones. Este camino es un proceso que nos llevará tiempo y paciencia, pero es mejor esto que seguir separados, divididos, pensando que el otro no me comprende porque es un egoista, o como me decía un cliente el otro día, pensando que el otro es un “singer morning” (cantamañanas).

Para completar el círculo, es necesario volver de nuevo a nuestro semicírculo acompañados del otro, cogidos de la mano, para mostrarle nuestro marco mental, nuestros sentimientos, nuestras competencias y fortalezas, y en definitiva para salir unidos, fortalecidos de la conversación, con un acuerdo tácito y explícito de cómo vamos a continuar hacia los objetivos que nos benefician a ambos desde el respeto y la conexión de nuestras fortalezas de forma complementaria, donde mi debilidad sea suplida por su fortaleza, y viceversa.

Es por lo que a partir de ahora he decidido regalarme este paseo circular y regalar a la otra persona esa visión circular para que, poco a poco, nuestro desarrollo personal y profesional avance en la dirección adecuada y positiva que todos queremos. En beneficio personal y organizacional.

Por supuesto no será un camino de rosas, y algunas personas no querrán salir de su semicírculo, pero ¿y tú? ¿Te quieres regalar a ti y a los demás esa visión circular? ¡Trabajemos en equipo! (“TEAM”: Tratar con Empatía, Afecto y Madurez).

Hasta pronto!