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Posts Tagged ‘autoliderazgo’

¿Alta ansiedad al preparar una intervención? ¡Revisa tu ego!

23623315973_3bc4f221ed_k_dEs frecuente y normal que, en el ámbito laboral, tengamos que intervenir en público.

Bien sea para presentar un producto o servicio, impartir una conferencia, exponer una propuesta, explicar los resultados de una evaluación…

O realizar una entrevista de selección para trabajar en una empresa.

En todos estos casos sentir cierta ansiedad durante la preparación de la intervención es natural y saludable porque nos ayuda a usar con más eficacia nuestros recursos personales.

También es síntoma de responsabilidad e interés ante el evento.

Ahora bien, cuando estas situaciones nos “superan” de forma que dejamos de disfrutar y sufrimos porque las vivimos con excesiva preocupación, es posible que haya un componente de egoísmo.

¿Por qué?

Porque puede que estemos poniendo el foco de atención excesivamente sobre nosotros olvidando a los demás, al cliente.

Y es posible que mi preocupación excesiva derive de una necesidad desmedida de deslumbrar, de conseguir atención, de asegurar aplausos o elogios para demostrar lo que sé, mi nivel, lo bueno que soy, lo que “valgo”.

Es decir yo, “mi mi mi”, lo mío.

Pero también puede que mi preocupación excesiva derive de una necesidad desmedida de aceptación, aprobación, reconocimiento, elogio, aplausos o atención porque tengo miedo a no ser lo suficientemente “bueno o buena”.

Podíamos decir que en el primer caso busco la gloria y en el segundo busco la aceptación o, mejor dicho, evitar el rechazo.

Da igual. En un caso y en otro hay un ego que absorbe en demasía nuestra atención, por exceso o por defecto.

Ello nos lleva, a menudo, al perfeccionismo.

Pero no a un perfeccionismo saludable (querer hacer bien nuestro trabajo) sino a uno tóxico o neurótico en el que nunca nos damos por satisfechos.

Y el perfeccionismo tóxico es un gran aliado de la ansiedad, que es el miedo al que se aferra el ego al percibir el evento como una amenaza.

Si no sale bien, en el primer caso echaremos la culpa a los demás por no saber reconocer “nuestra calidad” (ellos se lo pierden, pensaremos).

Y en el segundo nos echaremos la culpa a nosotros mismos por considerarnos incapaces (no soy buen profesional, pensaremos).

¿Qué podemos hacer?

Re-educar al ego desarrollando nuestra inteligencia emocional.

El primer paso es ser consciente. Darse cuenta. Y para ello necesitamos un poco de valentía y humildad para mirar dentro de nosotros mismos.

El segundo paso es parar y reflexionar sobre la paradoja que se produce ante nuestra preocupación “egoísta”.

Ya que un nivel excesivo de malestar nos lleva a cometer más errores o pasar por alto detalles importantes, ampliando así las posibilidades de conseguir el efecto contrario al buscado.

Por último tenemos que entrenar nuestro foco de atención para llevarlo más a nuestra audiencia o interlocutor y sus necesidades.

Es decir, percibir y trabajar nuestra intervención como una oportunidad de ser de utilidad o valor a la persona o personas a las que nos dirigimos.

Al quitar buena parte del foco de atención sobre nosotros mismos, automáticamente, bajará el nivel de ansiedad.

Ello contribuirá a que podamos trabajar con mayor bienestar y eficacia. Lo que, paradójicamente, ampliará las posibilidades de ser reconocido y aceptado.

Y si no lo conseguimos, al menos tendremos la certeza y tranquilidad de haber trabajado de forma más saludable.

Si además preguntamos, humildemente, qué es lo que no ha gustado o sido de utilidad, tendremos información muy valiosa para mejorar nuestro trabajo la próxima vez.

¿Y tú, revisas tu ego cuando sientes demasiada ansiedad?

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Fuente imagen:Autor: Viktor Hanacek

Mejora tu efectividad mejorando tu afectividad (I)

15 diciembre 2016 1 comentario

mejoraefectivdadEn este post para la plataforma prevencionar hablaba de integrar de manera consciente, como fórmula de trabajo inteligente, las funciones del cerebro derecho.

Esa parte intuitiva, metafórica, global y afectiva que, aunque siempre está activa, solemos obviar por considerarla solo útil o necesaria el fin de semana.

Si embargo, una sana e inteligente gestión integral de razón y emoción es lo que nos va a permitir, con creces, aumentar nuestra efectividad en el trabajo y en la vida.

Pero además es importante porque en su ausencia es muy fácil caer en un comportamiento reactivo en lugar de “responsivo” frente a los numerosos estímulos y retos laborales.

Ello nos lleva a trabajar en piloto automático la mayor parte del día, con el agravante de caer repetidamente en la trampa de nuestros propios errores cognitivos, sesgos y creencias irracionales que arrastramos desde quién sabe cuánto tiempo.

Con el consiguiente desgaste de nuestra motivación y el contagio a los que nos rodean.

Y como cualquier rol que practicamos en el día a día se sustenta en la persona que somos, nuestro nivel de bienestar físico, mental y emocional tiene consecuencias también en nuestro trabajo, aunque no nos guste o no queramos.

Voy a intentar describir, de forma somera y sencilla, cómo funciona el proceso que provoca la mayoría de nuestras creencias irracionales y errores cognitivos que nos llevan a sentir y actuar desafortunadamente.

El germen suele estar en la falta de reconocimiento y apoyo (especialmente en la infancia y adolescencia), junto a una protección o exigencia desmedida por parte de las figuras de autoridad (padres, profesores y, más tarde, jefes), donde se nos ha señalado siempre solo fallos y errores.

Si además esa señalización iba/va acompañada de un pseudocomponente pedagógico (castigo, recriminación o ridiculización) “para que aprendas”, existe la probabilidad de que fomente en mí el efecto contrario.

Y lo que es peor, si el mensaje no diferencia entre comportamiento e identidad (lo que hago de lo que soy), una sensación de no ser valioso y aceptado me puede atravesar, ya que me puede inundar el pensamiento “nunca soy lo suficientemente bueno”.

Así voy instalando e interiorizando un sentimiento de poca valía y una necesidad creciente de satisfacer los deseos de los demás con la finalidad de ser aceptado.

Mi ego se va construyendo con andamios y materiales de baja calidad (creencias erróneas), fofos o poco resistentes (pensamientos trampa), no desarrollándose saludablemente y, por tanto, quedándose inmaduro e insatisfecho emocionalmente (autoestima poco realista -por defecto o por exceso-).

De esta forma, cuando mi ego se sienta vulnerable (cosa que ocurrirá a menudo) se agarrará a un miedo “irracional” tratando de “protegerse” contra la inseguridad percibida.

El miedo y la ansiedad irracional de mi ego inmaduro suele ser a:

  • No triunfar
  • No ser el mejor
  • Equivocarse
  • Que le señalen
  • Qué dirán
  • Que le excluyan
  • Que no le acepten
  • Comprometerse
  • Que no le hagan caso

Estos miedos refuerzan a su vez las creencias y los pensamientos erróneos, automáticos, negativos, frecuentes e improductivos que vuelven a reforzar el miedo, derivando en otras emociones desagradables (enfado, tristeza, asco).

Todas estas emociones desagradables nos envían información muy valiosa (sobre nosotros y cómo vivimos las situaciones), pero si no la gestionamos inteligentemente nos predisponen a:

  • Victimizarnos
  • Desvalorizarnos
  • Resignarnos
  • Ensimismarnos

O bien a:

  • Agredir  (verbal o fisicamente incluso)
  • Culpar a otros de nuestros problemas
  • Actuar con prepotencia
  • Magnificar o exagerar cualquier cosa

Pero, en realidad, lo que mi ego está buscando es:

  • Aceptación
  • Atención
  • Respeto
  • Apoyo
  • Afecto

Lo que ocurre es que lo busca de manera errónea y desmedida fuera de sí mismo (las redes sociales son un medio extraordinario para ello), sin darse cuenta que debe empezar por proporcionárselo él mismo.

En la edad adulta eso me puede llevar a una auto-exigencia desmedida y una autocrítica dañina, aislándome o refugiándome en conductas desadaptativas (comer y/o trabajar en exceso, evitar nuevos aprendizajes, estropear relaciones positivas, intoxicar el clima de mi equipo u organización y que huya el talento, etc.).

Y de ahí hay un paso muy corto al estrés perjudicial o crónico que termina provocando irritabilidad, insomnio, problemas de atención, preocupación excesiva, dolores musculoesqueléticos, contracturas, desconfianza, hipervigilancia…

De esta manera nuestros resultados y relaciones laborales se pueden ver perjudicados seriamente, especialmente si tenemos responsabilidad sobre otras personas o somos emprendedores, ya que vamos a actuar de una forma ilógica o disfuncional.

Eso sí, trataremos siempre de justificar o racionalizar inconscientemente nuestras conductas, paradójicamente, para “auto-protegernos”.

A su vez, ello nos lleva a mayor sensación de insatisfacción, preocupación, ansiedad, falta de valía, etc, volviendo a empezar en una espiral negativa, sin fin, que se refuerza a sí misma una y otra vez.

¿Cómo solucionarlo? En el próximo post publicaré el camino contrario hacia una espiral positiva de satisfacción que se refuerce a sí misma.

Acompañar en el proceso de mejora y adquisición de competencias emocionalmente inteligentes es lo que hago con emprendedores, profesionales, directivos y docentes para que consigan mejorar resultados en su día a día.

Te dejo este post resumido en una infografía interactiva (pasa el puntero por cada elemento del camino).

Si quieres saber más sobre esto y otros contenidos relacionados también puedes leer “La Palanca del Éxito, SL: activa tu inteligencia emocional y relánzate” (Kolima, 2016) en el que te propongo vivir una aventura amena y muy reflexiva de la mano del “Genio del Smartphone”.

¿Y tú y tu empresa, todavía os creéis tan lógicos y racionales?

 

3 PASOS PARA GESTIONAR TU ENFADO CON INTELIGENCIA

23 noviembre 2016 1 comentario

iraPara gestionar inteligentemente cualquier emoción, el enfado en este caso, el primer paso es asumir que soy yo el que me enfado.

Es decir, no me enfadan otras personas, ni las cosas, ni las situaciones. Me enfado yo al realizar una evaluación automática de lo que sucede.

El enfado, en concreto, se produce cuando no conseguimos alcanzar un objetivo deseado o no se produce una expectativa que teníamos.

En ese caso nos frustramos y, acto seguido, nos enfadamos y dirigimos nuestra rabia hacia lo que, o a quien, consideramos que ha sido el causante.

Pero el problema no es la emoción en sí, cuya intención es positiva porque envía información sobre tus necesidades y cómo vives las situaciones.

Se convierte en problema cuando la activación emocional es demasiado alta, de tal forma que puede resultar inmanejable.

A mayor intensidad emocional menor capacidad de razonamiento y más posibilidades de reaccionar impulsivamente.

También es un problema la duración. A mayor duración menos posibilidades de responder inteligentemente, ya que se suele producir una reiteración de pensamientos improductivos focalizados en lo acontecido.

La intensidad emocional se puede gestionar de dos formas pacíficas. A corto plazo, ralentizando de forma consciente nuestra respiración, realizando el ciclo inspirar-espirar de forma más pausada, profunda y armoniosa.

Lo podemos hacer sentados, de pie o dando un paseo, dependiendo de lo que mejor te funcione.

A medio y largo plazo, practicando mindfulness o atención plena, a diario. Ello nos hará más conscientes de por qué y para qué se produce nuestro enfado, proporcionándonos mayor espacio y claridad para responder en lugar de reaccionar.

Lo que ocurre habitualmente es que…

[Tweet “desde que salió el orfidal muy poca gente usa la respiración normal”]

Porque es más fácil “tirar de píldora” que desarrollar la habilidad de gestionar emociones.

Pero esto no soluciona el problema de base sino que “anestesia la emoción” y, además, tiene efectos secundarios poco beneficiosos para la salud.

Respecto a la duración de la emoción, podemos gestionarla dirigiendo nuestra atención al objetivo real que queremos conseguir, buscando una solución.

Lo que ocurre es que nos solemos focalizar en lo que percibimos como obstáculo.

Si es un objeto lo podemos golpear o incluso lanzar.

Si es una persona solemos gritar, insultar, recriminar, despreciar, desacreditar y, en general, herir de una u otra forma.

Estamos reaccionando a nuestro enfado, no gestionándolo. Y mucho menos respondiendo inteligentemente.

Con la posibilidad añadida de entrar en un bucle de ataques recíprocos que pueden tener consecuencias desfavorables para ambos.

De esta forma, el siguiente paso es preguntarme por el “para qué” de mi comunicación. ¿Qué es lo que quiero conseguir?

Si lo que quiero conseguir es mi objetivo, necesidad o expectativa, será muy poco inteligente dedicar tiempo y energía en atacar la cosa o persona.

Será muchísimo más productivo focalizarme en lo que quiero y plantearme soluciones alternativas, incluso tratando que la otra persona me ayude una vez le explique, sosegadamente, lo que necesito.

Y si ya quiero rizar el rizo y aprovechar mi enfado para conocerme un poco mejor, puedo indagar en qué filtro mental puede estar activando mi enfado.

Ello me dará pistas sobre posibles creencias irracionales, mapas mentales poco útiles o errores cognitivos que quizá necesiten un ajuste más realista y saludable.

Trabajar eficazmente en estos ajustes cognitivos me producirá bienestar personal y una mejor relación con mi entorno próximo. Es lo que llamamos, en líneas generales, inteligencia emocional.

Resumiendo, los 3 pasos que propongo para gestionar mi enfado de manera inteligente, son:

  1. Aceptar que no me enfadan los demás, que me enfado yo.
  2. Regular mi intensidad emocional, si es muy alta, antes de responder.
  3. Preguntarme qué quiero conseguir con mi respuesta y buscar soluciones prácticas, no hirientes.

Imagínate qué potente y útil puede resultar esta habilidad aplicada al mundo laboral.

¿Cuántas frustraciones se producen en el día a día de un emprendedor, directivo o profesional?

Si desarrollas esta habilidad conseguirás mejorar tus resultados y tu bienestar, pudiendo desconectar por la noche y dormir plácidamente hasta el día siguiente. Ello te permitirá volver a estar al 100% en la nueva jornada.

Por ejemplo, en un taller que impartimos sobre “cómo optimizar tu reclamación de cobros con resultados saludables”, esta habilidad es un tema de capital importancia que trabajamos.

También es algo que explico con detalle y ejemplos en el libro “La Palanca del Éxito, S.L.: activa tu inteligencia emocional y relánzate”. Abajo te dejo un vídeo explicativo.

¿Y tú, respondes o reaccionas a tus enfados?

Fuente imagen: google

EGOÍSMO ALTRUISTA: DE LA ESCASEZ A LA ABUNDANCIA

21 septiembre 2016 1 comentario

altruismo_egoismo“Egoísmo altruista” es un oxímoron atribuido al Dalai Lama que creo que resume a la perfección el proceso de crecimiento y madurez de una persona, sociedad u organización.

Viene a significar algo así como que no es posible hablar de egoísmo y altruismo por separado cuando ambos conceptos son bien entendidos y aplicados ya que, en este caso, son dimensiones complementarias y relativas a una misma cosa:

El bienestar físico, mental, emocional y social del ser humano.

Yo añadiría, por tanto, “egoísmo altruista saludable”, o también “altruismo egoísta saludable”.

Es decir, cuando el motivo que me lleva a ayudar a otra persona es la sensación de bienestar y plenitud que siento al hacerlo, lo podríamos llamar altruismo egoísta saludable.

O bien, cuando yo quiero ser el primero en sentir bienestar, satisfacción y/o plenitud por que sé que solo así es como puedo ayudar de verdad y aportar valor a otras personas (egoísmo altruista saludable).

Lo que ocurre es que la educación que recibimos (familiar y académica), a lo largo de nuestros primeros años de vida, nos va inoculando una serie de filtros mentales que estrechan la capacidad de ver más allá de nuestras narices con perspectiva y amplitud.

Esta visión estrecha y miope de la realidad nos puede llegar a instalar en una percepción de tal escasez que llegamos a creernos de verdad que para que yo gane algo tiene que haber otro que lo pierda, o que mi bienestar depende de que otros estén peor que yo.

No voy a hablar de severas deformaciones de un ego que podíamos llamar patológico, ni tampoco de un altruismo patológico (cuando ayudo a alguien con la obsesión u obcecación de obtener algo a cambio).

En este último caso estaríamos hablando entonces de puras transacciones instrumentales, eso sí, bien maquilladas.

Tampoco voy a entrar en si a determinados poderes fácticos les interesa que la inmensa mayoría de personas tenga esta visión tan miedosa del mundo para que sea más fácil su control y “aborregamiento” (ya que en tal caso existiría un ministerio de “educalienación y miedo ambiente”).

Lo que si está claro es que esta forma de ver tan obtusa y escasa nos lleva a provocar lo que llamamos en psicología “profecía autocumplida“, una especie de espejismo que nos lleva a comportarnos como si lo bueno estuviese limitado a unas pocas concesiones que hay que “pillar como sea” antes de que las “pille” otro y nos quedemos sin nada.

Resumiendo, que nuestro ego se va quedando ci-ego tras ir apagando luces durante el proceso de “educación”. Y claro, así termina viviendo de forma miedosa en un “zulo mental” de 2×1 que proyecta a su entorno, inoculando de nuevo a aquellas personas más inmaduras con su comportamiento defensivo.

Por supuesto también vamos a proyectar este ego ciego en el mundo laboral a todos los niveles (individual, grupal y organizacional) dependiendo de la posición que ocupemos, haciendo saltar alarmas por todas partes:

  • El jefe que no se fía de su colaborador y lo vigila constantemente llegando a “estrangularlo” psicológicamente (burn out).
  • El colaborador que cree que su jefe quiere “explotarlo” y se pone en modo “cumplir mínimos”.
  • Lo que quieren obtener el reconocimiento de la dirección a toda costa y hacen el máximo “ruido y poses” que pueden (en detrimento de sus compañeros a menudo).

Algo así como los infantes cuando dicen a sus papás “¡¡mira lo que hagoooooo!!”, tratando de conseguir el aplauso de sus progenitores.

juega

Otras veces es peor, cuando la forma de reclamar atención y reconocimiento es mediante la agresividad (mobbing, bullying, recriminaciones sistemáticas, demostraciones de poder, etc.).

En cualquier caso, es la consecuencia de egos por desarrollar necesitados del amor y la luz que nos permita ver y reconocer nuestra propia magnitud y grandiosidad como algo satisfactorio per se, y que podemos poner a nuestro servicio y al de los demás como fuente de abundancia y felicidad.

En la base de todo ello suele haber carencias de afecto y reconocimiento en la niñez no intencionadas, sino proyectadas desde las propias carencias del educador, pero que terminan hiriendo nuestra autoestima.

¿Cómo se inicia un proceso de mejora ascendente y positivo a nivel personal y profesional?

Pues justo haciendo lo contrario que el proceso educativo. Si este apaga luces y daña la autoestima, el proceso de mejora pasa por encender luces y recuperar una sana autoestima.

Para mí, una de las mejores herramientas que hay es el desarrollo de la inteligencia emocional como habilidad transversal que sustenta al resto de habilidades (tanto técnicas como actitudinales).

La inteligencia emocional es la habilidad de ir encendiendo luces en la consciencia para poder ver nuestros “códigos de conducta” o “mapas mentales” y desmontar o flexibilizar aquellos que nos perjudiquen o limiten, tal como explicaba en el post anterior.

Lo ideal es empezar a la mayor edad temprana posible (si puede ser en el vientre materno, mejor), aunque en la adultez también es posible desarrollar esta habilidad.

Tiene cuatro pilares básicos que son:

Los dos primeros corresponden a área de la inteligencia intrapersonal y los dos últimos a la inteligencia interpersonal.

En todas las áreas subyace una herramienta común: la comunicación, el lenguaje que usamos para comunicarnos con nosotros mismos y con otras personas.

El lenguaje no solo sirve para describir la realidad, sino para crearla. Primero en nuestra mente y después en el mundo material.

“Lo que creemos es lo que creamos”, Alex Rovira.

Cuando vamos encendiendo luces en la consciencia somos capaces de ver nuestras fortalezas y las de los demás, poniendo el foco en lo positivo de cada uno de nosotros.

Empezamos a vislumbrar que todos podemos ganar, que hay de sobra y en abundancia para satisfacer las necesidades de todos.

De esta visión más amplia de la realidad parten, por ejemplo, algunos métodos de resolución de conflictos (como el de Harvard) que se centra en los intereses comunes y no en las posiciones defensivas:

Cuando transcendemos la posición del ego y ponemos encima de la mesa los verdaderos intereses de cada uno,

[Tweet “La tarta se puede ampliar para todos de forma creativa”]

Para llegar a este punto el desarrollo de nuestra inteligencia emocional es básica, necesaria y urgente.

¿Y a ti, te apetece ir “encendiendo luces”?

Fuente imágenes: glosariodigital.wordpress.com; panorama.com.ve

palanca_alta*Puedes ampliar información sobre cómo desarrollar tu inteligencia emocional leyendo “La Palanca del Éxito, S.L.: Activa tu inteligencia emocional y relánzate”. Aquí puedes ver las primeras páginas para que compruebes si te gusta.

 

¿JUEGAS A GANAR, O A NO PERDER?

12 septiembre 2016 1 comentario

play-to-win-words-determination-concept-green-marker-hand-42255629A todas las personas nos gusta mejorar y ganar (o al menos eso creo).

Lo que pasa es que para ganar o conseguir lo que queremos es necesario realizar acciones o comportamientos motivados, dirigidos y sostenidos hacia el objetivo en cuestión.

Pero claro, a no ser que participes en un juego en el que sorteen lo que quieres ganar (donde el esfuerzo a realizar es tan bajo como las posibilidades de ganar el premio), conseguir algo diferente a lo que ya estás consiguiendo supone realizar conductas diferentes a las que estás realizando, durante el tiempo necesario.

Y comportarse de manera diferente y duradera a cómo lo hacemos requiere, además de motivación (motivos para la acción), un reenfoque en la forma de interpretar y sentir determinados aspectos de nuestra realidad que irán apareciendo en forma de obstáculos y excusas.

Por ello hay muchas personas a las que les gustaría jugar a ganar o mejorar, pero su forma de enfocar las circunstancias junto a sus arraigados hábitos de comportamiento les impide ver con claridad que están inmersas en una dinámica de jugar a no perder o no empeorar.

Y créeme, así la vida se vive mucho más amenazante y, por tanto, mucho menos satisfactoria porque tu leit motiv será “cuidao, cuidao, cuidao”.

Por supuesto me refiero a jugar a ganar de forma ecológica, ética, desde un modelo ganar-ganar.

Y es que cambiar, ampliar o adaptar conocimientos, actitudes y paradigmas obsoletos requiere “soltar” aquellas estrategias, formas de ver y sentir que nos han servido para sobrevivir hasta el momento, lo cual nos genera un miedo atenazante ante las consecuencias inciertas.

Ya en la primera mitad del siglo XX, el gran psicólogo Burrhus F. Skinner demostró cómo el entorno y las consecuencias de la conducta podían modular la misma incorporando nuevos comportamientos, incrementándolos o disminuyéndolos incluso hasta extinguirlos.

Por otro lado, en PNL (programación neurolingüística) se introduce el concepto de “mapa mental” a la forma en que cada persona interpreta la realidad, aspecto al que Skinner no dio importancia alguna (quizá por trabajar habitualmente con animales).

La buena noticia es que es posible “redibujar” ciertos aspectos de nuestro mapa mental con el objetivo de ampliar nuestro rango de posibilidades de acción, influyendo en el entorno y nuestro bienestar.

Porque la forma en que cada persona vemos y percibimos el mundo, no coincide exactamente con la realidad (de hecho ni siquiera un mapa o GPS lo hace), sino que es una interpretación que cada uno “fabricamos” en base a nuestra predisposición genética en interacción con el entorno, la educación y los aprendizajes adquiridos.

Todo ello va dando forma en nuestra mente a una serie de categorías, suposiciones y generalizaciones que asumimos como “verdades indiscutibles”, esculpiendo nuestra forma de ver, sentir e interpretar la realidad, lo que nos lleva a actuar de una determinada forma.

A este proceso mental selectivo y personal, el psicólogo Chris Argyris lo llamó “escalera de inferencias”.

escalera-de-la-inferencia

Como se aprecia en el gráfico, este proceso mental inconsciente y automático nos induce una percepción selectiva de la realidad (atendemos unos detalles y obviamos el resto), lo cual va reforzando en un bucle sin fin nuestro modelo de interpretación o mapa mental del mundo. ¿Me explico?

¿Y cómo se cambia esto? ¿Es doloroso?

Em primer lugar decir que no todos los mapas mentales de una persona necesitan cambios. Puede que la mayoría sean válidos en general, si bien puede que haya alguno incompleto, erróneo o poco útil en ciertos aspectos.

La señal inequívoca de que necesitamos revisar alguno de nuestros mapas mentales será el sufrimiento sentido ante situaciones cotidianas.

Aclarar que me refiero a la cotidianeidad en territorios libres de guerras y/o hambrunas donde salvar la vida sería el único objetivo de cada día.

Dicho esto, vemos cómo muchas personas querrían mejorar su vida pero les resulta imposible o extremadamente doloroso, especialmente a aquellas personas que están rígidamente aferradas a su forma de ver actual.

Es decir, para aquellos que creen que su forma de ver la realidad “es la forma de ver” (no creen que exista otra diferente ni mejor), es especialmente inviable provocar un cambio o mejora motivada porque no son conscientes que su forma de ver “es solo una forma de ver” dentro de múltiples posibilidades.

Esto último supondría aceptar y reconocer que puede que estemos equivocados en nuestra mirada. Y eso podría herir un ego inmaduro.

Aceptarlo sería una forma de auto-proclamar que no se tiene “la razón” y eso genera incertidumbre al soltar la verdad a la que estábamos aferrados como si fuese una tabla de salvación, certidumbre y seguridad.

Esa incertidumbre hace, ante esa forma de ver estrecha, que nuestro ego active un miedo y lo ponga como escudo defensivo para evitar soltar lo conocido.

Quedarse anclado en el miedo a la incertidumbre es vivir la vida desde una posición de escasez (jugar a no perder o “a ver qué puedo obtener”).

Sin embargo, ensanchar o actualizar nuestros mapas mentales supone ampliar nuestra capacidad de acción y eso es vivir la vida desde la abundancia (jugar a ganar o “a ver qué puedo aportar”).

Por supuesto gestionaremos los posibles riesgos que haya pero será desde la capacidad de acción múltiple y no desde la paralización.

¿Cómo hacer la transición desde una visión de escasez a una de abundancia?

Esto lo voy a tratar en un siguiente post para no hacer demasiado extenso este (que ya lo es).

Trataré de desarrollar una respuesta lo más sencilla y útil que sea capaz en mi estado evolutivo actual.

Aunque si eres suscriptor o te apetece serlo lo recibirás en tu bandeja de correo mucho antes (la semana próxima).

¿Y tú, estás jugando a ganar, o a no perder? ¿Te gustaría ampliar esa visión?

Fuente imágenes: dreamstime.com; aprencytimagenes.blogspot.com

 

palanca_alta*Puedes aprender más de forma sencilla leyendo “La Palanca del Éxito, S.L.: activa tu inteligencia emocional y relánzate”.  Aquí puedes leer las primeras páginas del libro, una reseña aquí y una entrevista en “Libros de Management”.

**Además, si te suscribes al blog recibirás gratuitamente el ebook “Consejos para un liderazgo saludable en la nueva era empresarial”.

EMPRENDER, UNA MONTAÑA RUSA EMOCIONAL A GESTIONAR

emprendedorSi eres emprendedor o emprendedora, sabrás que desde que tienes una idea de negocio hasta que la pones en marcha pueden pasar varios meses (o años).

Y que desde que pones en marcha tu idea, plasmada ya en un modelo de negocio con demanda, también van a pasar varios meses (mejor años) para que llegues al punto de equilibrio.

Por el camino vas a vivir (y después también, aunque quizá no tan pronunciado) una auténtica montaña rusa de emociones y sentimientos que removerán tu mente para empujarte a tomar decisiones y comportamientos varios.

Un día tienes la sensación de que vas a triunfar rotundamente y al día siguiente tienes la sensación de que vas a fracasar estrepitosamente.

¿Qué ha ocurrido por medio? Que tus emociones y sentimientos han modulado tu pensamiento, percepción, memoria y lenguaje, impulsándote a tomar acción en uno u otro sentido según fuera más o menos agradable tu sensación.

De manera que un día te dan ganas de “cerrar el chiringuito” y ponerte a buscar trabajo por cuenta ajena, y al día siguiente tienes la sensación de que vas a comerte el mundo con tu proyecto.

Fíjate en la conversación que tenía “un amigo mío” que quería ser emprendedor, con “un genio imaginario que sale de un smartphone”:

“… -Cuando llevas a la práctica los conocimientos adquiridos es también el momento en el que empiezan a surgir más obstáculos –dijo el Genio

-¿Qué tipo de obstáculos?, -preguntó ávidamente mi amigo.

-Pues de dos tipos -contestó el Genio, -el primero será entrar en lo que muchos denominan “zona de pánico”. Y es que los humanos tenéis, habitualmente, mucho miedo a dar el paso desde lo que sabéis (teoría), a hacer algo con lo que sabéis (práctica).

-Por eso una gran mayoría de personas nunca empieza a hacer cosas poniendo la excusa de no estar todavía bien preparada, de no ser el momento o no darse las circunstancias más propicias.

-En realidad, se trata de miedo a no saber hacerlo, a equivocarse o a la incertidumbre del resultado, buscando en vano una perfección, control o seguridad que no existe y nunca llegará.

-No entiendo, -dijo mi amigo -pienso que si tienes muchos conocimientos debe resultar fácil hacer cosas con ellos.

-Sí, eso piensa la mayoría de personas y por eso muchos no paran de formarse aunque ya tengan mucha formación, creyendo que así podrán acceder mejor al mercado de trabajo o tener más éxito en su negocio.

Lo que ocurre es que “de la inspiración a la transpiración” existe un abismo que produce ese miedo que te decía antes.

En Escuelas y Universidades os transmiten muchos conocimientos teóricos, habláis de casos prácticos y hacéis ejercicios simulados, incluso “prácticas en empresa”, pero que poco tienen que ver con vivir la experiencia de andar uno mismo sobre el terreno en el día a día.

No os enseñan a percibir, usar y regular vuestras emociones a través de experiencias reales. –contestó el Genio, con contundencia.

-Y ese autoconocimiento para comprender tu mundo emocional, -siguió aclarando el Genio, -es esencial para conseguir tus objetivos, porque los resultados tardarán en llegar, empezando a surgir pensamientos y sentimientos “negativos” que tratarán de empujarte hacia el abandono de la puesta en práctica de tus objetivos.

Y manejar eso, amigo mío, no es cuestión de conocimientos ni de lógica, es cuestión de inteligencia emocional.

Esta es la base del resultado positivo, gestionar inteligentemente las emociones que te irán “asaltando” mientras tratas de lanzar tu proyecto y hacerlo funcionar correctamente para que genere suficientes ingresos.

-Aquí es donde te ayudará de forma vital “el fulcro de la palanca del éxito”.

Si has hecho un buen trabajo conociendo tus emociones y creencias, ahora serás capaz de manejar con mayor eficacia esos pensamientos y sentimientos desalentadores que, inevitablemente, vivenciáis los humanos –dijo el Genio, a modo de conclusión.

-Entonces, -quiso preguntar mi amigo, -¿quieres decir que el principal obstáculo para conseguir mi éxito está dentro de mí?

[Tweet “Tu mente es el principal obstáculo, afirmó con rotundidad el genio “]

Y no nos confundamos, para que nuestro proyecto emprendedor tenga éxito es necesario aterrizar la idea en un modelo de negocio, tener una estrategia, una visión, un plan de acción, fuente financiera, etc.

Pero este, digamos que es un trabajo exterior necesario. La parte lógica o racional de mi proyecto.

Lo que ocurre es que los resultados no suelen llegar con la inmediatez que esperamos o necesitamos, y ahí empezarán a “acampar a sus anchas” si las dejamos, las emociones.

Si no incluimos la inteligencia emocional entre las competencias necesarias para ser un emprendedor de éxito, sufriremos ansiedades innecesarias que nos podrían llevar a echar a perder el proyecto o incluso a enfermar.

¿Y tú, ya le has dado a esta habilidad la prioridad que merece?

Fuente imagen: google

palanca_altaPost inspirado en un pasaje del libro “La Palanca del Éxito, SL. Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Editorial Kolima, 2016.

Si estás interesado/a en más contenidos relacionados con esta temática puedes adquirir el libro en Amazon, Kolima, HilandoLibros, El Corte Inglés o Fnac. Seguro te será de utilidad para robustecer tu proyecto.

Muchas gracias por leerme. Un fuerte abrazo y nos vemos en el siguiente post.

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GENIO Y FIGURA…, ¿HASTA LA SEPULTURA?

refran2Es bien sabido que el refranero español tiene un gran repertorio de locuciones para enviarnos el mensaje petrificado “una persona es lo que es y no puede ser otra cosa”:

  • Quien nace lechón muere cochino
  • El hijo de la gata ratones mata
  • La cabra siempre tira al monte
  • De tal palo tal astilla
  • La bodega huele al vino que tiene

El problema de fondo es que este tipo de refranes, al aludir a la identidad de la persona, transmite la idea de que es imposible un cambio o mejora.

Y cada vez que se produce en la persona una conducta que confirma la identidad atribuida, se le suelta el refrán de turno a modo de axioma.

A veces también se añade la coletilla “¿lo ves? ¡ya te lo decía yo!”, obviándose por supuesto cualquier comportamiento que falsaria la hipótesis de identidad.

Cada vez que ocurre esto supone una vuelta de tuerca más sobre la persona, que termina por creerse la atribución e impedirse cualquier posibilidad de mejora.

Esto es también lo que venía a decirnos hace muchos años (quizá estos refranes deriven de aquí) las teorías genetistas:

La vida de una persona está determinada por sus genes y no tiene nada que hacer.

Afortunadamente, se ha descubierto que los genes predisponen pero no determinan la vida de una persona.

De forma que el ambiente y el contexto interactúan con nuestros genes (epigenética), teniendo la capacidad de activarlos o desactivarlos.

O sea, que el que yo tenga un gen o conjunto de ellos (genotipo) no significa que su impacto físico y conductual sobre mí (fenotipo) esté 100% determinado.

El impacto final va a ser regulado por aspectos como:

  • El grado de pureza o contaminación del aire que respiramos
  • El nivel de contaminación acústica que nos rodea
  • La naturaleza de los alimentos que ingerimos a diario
  • El ejercicio físico que hacemos semanalmente
  • Los estados emocionales que vivimos habitualmente
  • El tipo de pensamientos que “masticamos” la mayor parte del día
  • El número de horas que dormimos plácidamente
  • La calidad de nuestras relaciones personales
  • El nivel de estrés percibido en nuestro día a día
  • El tipo de lenguaje que usamos al hablar(nos)

Si te fijas, la mayoría de estos aspectos epigenéticos son susceptibles de mejora usando nuestra voluntad para cambiar comportamientos y, por tanto, hábitos de vida.

Por supuesto no es instantáneo, no se hace con un simple chasquido de dedos o en un abrir y cerrar de ojos. Cualquier proceso de mejora lleva su tiempo debido a la forma en que funciona nuestro sistema nervioso.

Y aquí es donde tenemos un serio problema actualmente en los llamados países “desarrollados”. Parece que todo es fácil de conseguir, rápido y sin esfuerzo.

Vivimos lo que yo llamo “la falacia de la urgencia”: si no conseguimos lo que queremos, rápido y fácil, lo descartamos privándonos de una mejora sustancial a medio y largo plazo.

Poner el foco solo en el corto plazo (sin equilibrar con el largo plazo) se vuelve en nuestra contra porque muchas veces estamos cambiando, inconscientemente, bienestar inmediato por ansiedad y estrés tóxico a medio y largo plazo.

De ahí el tremendo “éxito” (sobre todo para el que lo vende) de las “dietas milagro”, de la “gimnasia pasiva”, de cursos tipo “aprenda inglés mientras duerme” y negocios estilo “hágase millonario en 10 días”.

Bueno, pues lamento decirte que cualquier proceso de mejora evolutiva “se cocina a fuego lento”, lo cual requiere un periodo inicial de incomodidad, paciencia y perseverancia para mantenerlo.

La buena noticia es que cuando introducimos cambios saludables en nuestro comportamiento diario y éste se convierte en un hábito, podemos mantenerlo el resto de nuestra vida de forma automática y, ahora sí, sin esfuerzo.

En la base de todo ello está la gestión de nuestros estados emocionales, ya que son nuestras emociones las que más fuerza tienen a la hora de dirigir el comportamiento.

Pero lo que realmente nos autoriza a hablar de todo este proceso de mejora en nuestro comportamiento es haber vivido un proceso de crecimiento y transformación en primera persona.

La Palanca del ÉxitoEsto, y mucho más, se explica con detalle en “La Palanca del Éxito, S.L. Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Un libro ameno en el que a través de una historia real inspiradora con un diálogo con el genio del smartphone y mediante una guía práctica de inteligencia emocional, podrás iniciar tu propio proceso evolutivo de mejora (si quieres, claro está).

Para terminar, propongo modificar los refranes iniciales de esta manera:

  • Quien nace lechón muere cochino (en tu mano está llegar a reserva, ibérico recebo o cinco jotas)
  • El hijo de la gata ratones mata (de ti depende la calidad del ratón que caces)
  • La cabra siempre tira al monte (y puedes elegir subir a uno árido o con vegetación y frutales)
  • De tal palo tal astilla (pero se hereda el ADN, no el comportamiento. Éste se aprende y re-aprende)
  • La bodega huele al vino que tiene (con paciencia y trabajo se transforma en crianza, reserva o gran reserva)

¿Y tú, vas a hacer algún esfuerzo inteligente para mejorar?

¿O te vas a la sepultura tal cual crees que eres?

*También puedes leer “El ego pueda matar la empresa. ¿Quién lo gestiona?”

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