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Archive for the ‘Psicología positiva y desarrollo personal’ Category

El TOP-10 de La Palanca del Éxito 2016

5895Había pensado en un principio presentar el TOP-10 de los artículos que han pasado “sin pena ni gloria” por La Palanca del Éxito, pero después he llegado a la conclusión de que quizá no iban a ser de mucho interés.

De todas formas si crees que me equivoco déjame un comentario y me replanteo publicar esa lista. 😉

Por el momento aquí tienes los 10 artículos publicados este 2016 que han sido más leídos en este blog.

Si no lo has hecho ya, deseo que los disfrutes tanto (o más) como yo he disfrutado con su redacción:

  1. Un ejemplo sencillo de inteligencia emocional en el trabajo
  2. 3 claves para relanzar tu vida personal y profesional
  3. 5 creencias irracionales que impiden un clima productivo
  4. Crecimiento profesional y personal, ¿incompatibles?
  5. Empresas que descuidan personas, ¿por qué “funcionan”?
  6. ¿Por qué tener en cuenta las emociones en mi empresa?, 3 ejemplos
  7. ¿Tu empresa dispone de “lavabos emocionales”?
  8. Cómo conseguir que tu equipo te escuche: 3 pasos
  9. Ética y valores organizacionales, ¿se respiran o se cuentan?
  10. ¿Cuida tu empresa mejor a máquinas que a personas?

Antes de despedirme hasta el próximo año me gustaría dejarte un pequeño aprendizaje que he adquirido este año:

Los demás son unos extraordinarios espejos de nuestras carencias o necesidades (de afecto o de reajuste de creencias poco ajustadas a la realidad).

Si tenemos la humildad de usar esta información para desarrollar nuestra inteligencia emocional, tendremos un crecimiento extraordinario.

Ello no quiere decir que tengamos que “aguantar” a toda aquella persona con la que estamos a disgusto, pero una vez que se activa el síntoma (sensación, sentimiento o pensamiento) podemos usarlo a nuestro favor para crecer.

Te deseo para este flamante 2017 que estés donde quieres estar y hagas lo que quieres hacer.

Imagen: Folleto vector designed by Harryarts – Freepik.com
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¿DISTINGUES LO QUE NO TE GUSTA DE LO QUE NO SIRVE?

gafas-graduadas-polo-ralph-lauren-ph1148Es muy importante distinguir lo que no nos gusta de lo que no sirve.

Parece obvio, pero la realidad demuestra que lo confundimos muy a menudo.

En primer lugar lo hacemos hacia nosotros mismos y, claro, terminamos hiriéndonos.

Por ejemplo, no me gusta el resultado de lo que he hecho y me digo “¡pero qué torpe soy, no sirvo para esto!” o, a lo peor, me digo “¡qué inútil soy!”.

Y es muy peligroso porque con este tipo de “auto-feedback”, si está cronificado, me cierro posibilidades a la mejora, al aprendizaje, a la práctica, a seguir intentándolo de otra forma, y encima me siento fatal.

Este tipo de diálogo es fruto de falta de crecimiento, autoestima o madurez que provoca a su vez, y se refuerza, una deficiente claridad de consciencia y competencia emocional.

Es fruto de ignorar que “yo no soy mis emociones” sino que “yo tengo mis emociones” y, por tanto, se abre el espacio a la posibilidad de gestionarlas. De lo contrario son ellas las que me tienen a mí.

Estos modos de ver o guiones de vida son tan automáticos como poco funcionales, posiblemente fruto de una educación excesivamente permisiva y sobreprotectora, o bien demasiado rígida y exigente.

Si bien la intención es “mimbrearnos” para que aprendamos, para que espabilemos y mejoremos (y puede que consiga dicho efecto), tiene “daños colaterales” ya que termina empobreciendo nuestra autoestima.

Muchos hemos recibido una educación caracterizada en señalar, principalmente, los fallos. Nunca o pocas veces los éxitos.

Señalización acompañada, además, de fatídicos mensajes llenos de intención positiva o pedagógica que hacen referencia a la inutilidad, recriminación o desprecio de la persona que realiza la acción.

Y sin propuesta de más alternativas que enviarte “al rincón de pensar” con un halo de culpabilidad, y sensación de no ser nunca lo suficientemente bueno/a.

Lamentablemente este comportamiento, si no somos conscientes, es el que ejercemos y transmitimos de forma automática a las personas que nos rodean.

Ya puedes imaginar el impacto de esta falta de madurez en una persona que dirija o gestione otras personas en cualquier organización. Ya sea de negocio, educativa o familiar.

Si nos centramos en la empresa podemos ver con claridad cómo estamos dando, a menudo, este tipo de feedback igual de mal que el que nos damos a nosotros mismos (y nos daban a nosotros).

Charismatic chairman talking with his team --- Image by © Wavebreak Media Ltd./Corbis

Le podemos decir a un compañero, colaborador o empleado, con intención de que “espabile”, que no sirve para hacer un determinado informe, propuesta o cualquier otra tarea, cuando en realidad lo que ocurre es que no nos gusta cómo lo ha realizado.

Pocas veces, o ninguna, proponemos alternativas o indicaciones sobre cómo mejorar el trabajo para que esa persona tenga un camino alternativo en el que poder aprender y mejorar.

Si sumamos que este tipo de feedback a menudo consigue el efecto contrario, ya que suele provocar sensación de inseguridad en vez de un saludable deseo de mejorar, el bloqueo o la baja productividad está servida.

Y es que en realidad, estoy descalificando y enjuiciando en lugar de decir que no me gusta lo que ha hecho el otro, desde el respeto a la persona a la que me dirijo y ofreciendo apoyo para mejorar.

Para poder, y querer, aprender con fluidez y actitud positiva es un potente acelerador el que me sienta respaldado por alguien de un nivel jerárquico mayor que el mío (o que así lo perciba yo).

Es similar a cuando aprendimos a montar en bicicleta y teníamos a alguien detrás de nosotros sujetando la bici (o haciéndonos sentir que la sujetaba).

Ello nos daba la energía y seguridad para seguir intentándolo sin descanso y con entusiasmo, a pesar de las caídas o los golpes.

¿Y tú, eres capaz de distinguir lo que no te gusta de lo que no sirve?

Fuente imágenes: google, opticamuniesa.com;  Wavebreak Media Ltd./Corbis

cropped-palanca_alta.jpg*Puedes encontrar más contenidos similares en el libro “La Palanca del Éxito, SL. Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Aquí puedes leer hasta el primer capítulo (además contribuirás a una labor social con el 15% de los derechos de autor).

3 PASOS PARA GESTIONAR TU ENFADO CON INTELIGENCIA

23 noviembre 2016 1 comentario

iraPara gestionar inteligentemente cualquier emoción, el enfado en este caso, el primer paso es asumir que soy yo el que me enfado.

Es decir, no me enfadan otras personas, ni las cosas, ni las situaciones. Me enfado yo al realizar una evaluación automática de lo que sucede.

El enfado, en concreto, se produce cuando no conseguimos alcanzar un objetivo deseado o no se produce una expectativa que teníamos.

En ese caso nos frustramos y, acto seguido, nos enfadamos y dirigimos nuestra rabia hacia lo que, o a quien, consideramos que ha sido el causante.

Pero el problema no es la emoción en sí, cuya intención es positiva porque envía información sobre tus necesidades y cómo vives las situaciones.

Se convierte en problema cuando la activación emocional es demasiado alta, de tal forma que puede resultar inmanejable.

A mayor intensidad emocional menor capacidad de razonamiento y más posibilidades de reaccionar impulsivamente.

También es un problema la duración. A mayor duración menos posibilidades de responder inteligentemente, ya que se suele producir una reiteración de pensamientos improductivos focalizados en lo acontecido.

La intensidad emocional se puede gestionar de dos formas pacíficas. A corto plazo, ralentizando de forma consciente nuestra respiración, realizando el ciclo inspirar-espirar de forma más pausada, profunda y armoniosa.

Lo podemos hacer sentados, de pie o dando un paseo, dependiendo de lo que mejor te funcione.

A medio y largo plazo, practicando mindfulness o atención plena, a diario. Ello nos hará más conscientes de por qué y para qué se produce nuestro enfado, proporcionándonos mayor espacio y claridad para responder en lugar de reaccionar.

Lo que ocurre habitualmente es que…

[Tweet “desde que salió el orfidal muy poca gente usa la respiración normal”]

Porque es más fácil “tirar de píldora” que desarrollar la habilidad de gestionar emociones.

Pero esto no soluciona el problema de base sino que “anestesia la emoción” y, además, tiene efectos secundarios poco beneficiosos para la salud.

Respecto a la duración de la emoción, podemos gestionarla dirigiendo nuestra atención al objetivo real que queremos conseguir, buscando una solución.

Lo que ocurre es que nos solemos focalizar en lo que percibimos como obstáculo.

Si es un objeto lo podemos golpear o incluso lanzar.

Si es una persona solemos gritar, insultar, recriminar, despreciar, desacreditar y, en general, herir de una u otra forma.

Estamos reaccionando a nuestro enfado, no gestionándolo. Y mucho menos respondiendo inteligentemente.

Con la posibilidad añadida de entrar en un bucle de ataques recíprocos que pueden tener consecuencias desfavorables para ambos.

De esta forma, el siguiente paso es preguntarme por el “para qué” de mi comunicación. ¿Qué es lo que quiero conseguir?

Si lo que quiero conseguir es mi objetivo, necesidad o expectativa, será muy poco inteligente dedicar tiempo y energía en atacar la cosa o persona.

Será muchísimo más productivo focalizarme en lo que quiero y plantearme soluciones alternativas, incluso tratando que la otra persona me ayude una vez le explique, sosegadamente, lo que necesito.

Y si ya quiero rizar el rizo y aprovechar mi enfado para conocerme un poco mejor, puedo indagar en qué filtro mental puede estar activando mi enfado.

Ello me dará pistas sobre posibles creencias irracionales, mapas mentales poco útiles o errores cognitivos que quizá necesiten un ajuste más realista y saludable.

Trabajar eficazmente en estos ajustes cognitivos me producirá bienestar personal y una mejor relación con mi entorno próximo. Es lo que llamamos, en líneas generales, inteligencia emocional.

Resumiendo, los 3 pasos que propongo para gestionar mi enfado de manera inteligente, son:

  1. Aceptar que no me enfadan los demás, que me enfado yo.
  2. Regular mi intensidad emocional, si es muy alta, antes de responder.
  3. Preguntarme qué quiero conseguir con mi respuesta y buscar soluciones prácticas, no hirientes.

Imagínate qué potente y útil puede resultar esta habilidad aplicada al mundo laboral.

¿Cuántas frustraciones se producen en el día a día de un emprendedor, directivo o profesional?

Si desarrollas esta habilidad conseguirás mejorar tus resultados y tu bienestar, pudiendo desconectar por la noche y dormir plácidamente hasta el día siguiente. Ello te permitirá volver a estar al 100% en la nueva jornada.

Por ejemplo, en un taller que impartimos sobre “cómo optimizar tu reclamación de cobros con resultados saludables”, esta habilidad es un tema de capital importancia que trabajamos.

También es algo que explico con detalle y ejemplos en el libro “La Palanca del Éxito, S.L.: activa tu inteligencia emocional y relánzate”. Abajo te dejo un vídeo explicativo.

¿Y tú, respondes o reaccionas a tus enfados?

Fuente imagen: google

¿CÓMO “SUENA” LA SALUD DE TU ORGANIZACIÓN?

orquesta-informal-rosario-editadaHace unos días, leyendo al Dr. Julio Herrero Lozano (psiquiatra y psicoterapeuta) me gustó la explicación que daba sobre la salud de una persona.

Decía así:

“La salud es el equilibrio de las funciones corporales, ya que un organismo sano se caracteriza porque todo en él fluye. Cada órgano cumple su cometido de manera armónica y equilibrada con el resto, lo que nos permite confiar en su correcto funcionamiento, sentirnos seguros de que por dentro todo está como debe”.

Este funcionamiento saludable del propio cuerpo se puede percibir a través del sentido interno (propiocepción) si prestamos atención y sabemos escuchar.

A esta percepción de la salud del cuerpo le llamaba “el sonido de la salud”, frente a otras definiciones que aluden a la salud como “el silencio de los órganos, o del cuerpo”, considerando esta definición como aberrante ya que, en tal caso, lo más sano sería estar “profundamente muerto”.

Quizá por deformación profesional pensé inmediatamente que esto es perfectamente aplicable a una organización, de cualquier tamaño.

Además encaja muy bien dentro del modelo HERO, de organizaciones saludables y resilientes, desarrollado por la Dra. Salanova y su equipo Want.

Es decir, podemos afirmar que la salud de una organización viene dada por el equilibrio en las funciones que realizan las personas que la componen.

Cuando cada persona cumple su cometido en armonía y equilibrio con el resto de colaboradores (horizontal, verticalmente y entre departamentos), ello nos permite confiar en su correcto funcionamiento, sentirnos seguros de que por dentro (psico-lógica y emocional-mente) todo está como debe.

A partir de ahí, por supuesto, podemos trabajar también en la mejora, optimización o desarrollo de cada persona/profesional, pero partiendo de una base sana.

En el otro lado, para mejor comprensión de lo que expongo, podemos comparar la definición de salud “el silencio de los órganos” con aquellas organizaciones en las que nadie dice lo que piensa ni siente, y tampoco propone cambios o mejoras (quizá por miedo o porque nadie escucha).

A lo mejor, parafraseando al Dr. Herrero, es que la empresa quizá esté “profundamente muerta”, y por eso no se oye nada.

¿Cómo podemos generar, mantener y mejorar un estado de salud organizacional?

Pues de manera similar a nuestra propia salud personal, y emulando el modelo de organizaciones saludables.

¿Qué podemos hacer a nivel personal para alimentar, mantener y mejorar una buena salud? Algunos ejemplos serían:

  • Dieta equilibrada
  • Ejercicio físico moderado
  • Descanso reparador
  • Tiempo de ocio activo
  • Relaciones de calidad
  • Gestión saludable de las emociones
  • Aprendizaje y desarrollo con-sentido o propósito
  • (todo ello de manera regular y sistemática)

Traducido a la empresa, a modo de ejemplo, algunas de las prácticas saludables son:

  • Flexibilidad de horario (si el trabajo lo permite)
  • Exigencia y generosidad a partes iguales
  • Facilitar recursos necesarios para completar la tarea con éxito
  • Instaurar un estilo de liderazgo transformacional o positivo
  • Alentar la formación y el desarrollo profesional
  • Desarrollar competencias socio-emocionales en las personas que gestionan personas
  • Usar el error como herramienta para aprender y crecer, no para golpear
  • (todo ello de manera regular y sistemática)

Siguiendo con el símil de la salud personal, al igual que es importante chequear de forma preventiva nuestra salud (en base a marcadores o índices), es conveniente hacer un screening psicosocial periódico del estado de un equipo, departamento u organización en su conjunto, en base a indicadores como:

  • Índice de absentismo o rotación
  • Nº de quejas de clientes
  • Nº de éxitos en cierres de ventas
  • Tiempo promedio en alcanzar objetivos
  • Promedio de personas que se inscriben al publicar una vacante
  • Tiempo promedio en cubrir la vacante
  • Nivel promedio bienestar o satisfacción de los colaboradores
  • Niveles de optimismo inteligente
  • (añade el que te pueda servir)

(En la medición deberemos vigilar los valores extremos ya que podrían quedar camuflados en un promedio aceptable).

En cualquier caso, como bien dice mi colega Elena Arnaiz, no debemos olvidar que el objetivo de medir es para actuar, no “para cubrir el expediente” o “salir en la foto”.

Sería una auténtica tontería hacerme un análisis de sangre, que me salga un índice de colesterol alto y no introduzca ningún cambio en mi estilo de vida.

“Peor todavía es no querer medir para no saber qué pasa por dentro”.

En una empresa además sería fatídico porque, no medir o medir y no introducir mejoras, estimularía la desconfianza de las personas que trabajan con nosotros, y esto es lo último que queremos.

Estos indicadores también nos servirán para volver a medir y comprobar si hemos conseguido mejorarlos tras una intervención pertinente (liderazgo, comunicación, trabajo en equipo, gestión de reclamaciones, etc.).

¿Y tu empresa, “cómo suena”?

Fuente imagen: google.es

 

palanca_alta*Si te gustaría aprender a gestionar inteligentemente tus estados emocionales como fuente de equilibrio y bienestar para tu vida personal y profesional, no dejes de leer mi libro “La Palanca del Éxito, S.L.: Activa tu inteligencia emocional y relánzate”.

Puedes adquirirlo en formato digital o formato papel, en cualquier librería online o en tu librería habitual, donde prefieras.

 

 

¿JUEGAS A GANAR, O A NO PERDER?

12 septiembre 2016 1 comentario

play-to-win-words-determination-concept-green-marker-hand-42255629A todas las personas nos gusta mejorar y ganar (o al menos eso creo).

Lo que pasa es que para ganar o conseguir lo que queremos es necesario realizar acciones o comportamientos motivados, dirigidos y sostenidos hacia el objetivo en cuestión.

Pero claro, a no ser que participes en un juego en el que sorteen lo que quieres ganar (donde el esfuerzo a realizar es tan bajo como las posibilidades de ganar el premio), conseguir algo diferente a lo que ya estás consiguiendo supone realizar conductas diferentes a las que estás realizando, durante el tiempo necesario.

Y comportarse de manera diferente y duradera a cómo lo hacemos requiere, además de motivación (motivos para la acción), un reenfoque en la forma de interpretar y sentir determinados aspectos de nuestra realidad que irán apareciendo en forma de obstáculos y excusas.

Por ello hay muchas personas a las que les gustaría jugar a ganar o mejorar, pero su forma de enfocar las circunstancias junto a sus arraigados hábitos de comportamiento les impide ver con claridad que están inmersas en una dinámica de jugar a no perder o no empeorar.

Y créeme, así la vida se vive mucho más amenazante y, por tanto, mucho menos satisfactoria porque tu leit motiv será “cuidao, cuidao, cuidao”.

Por supuesto me refiero a jugar a ganar de forma ecológica, ética, desde un modelo ganar-ganar.

Y es que cambiar, ampliar o adaptar conocimientos, actitudes y paradigmas obsoletos requiere “soltar” aquellas estrategias, formas de ver y sentir que nos han servido para sobrevivir hasta el momento, lo cual nos genera un miedo atenazante ante las consecuencias inciertas.

Ya en la primera mitad del siglo XX, el gran psicólogo Burrhus F. Skinner demostró cómo el entorno y las consecuencias de la conducta podían modular la misma incorporando nuevos comportamientos, incrementándolos o disminuyéndolos incluso hasta extinguirlos.

Por otro lado, en PNL (programación neurolingüística) se introduce el concepto de “mapa mental” a la forma en que cada persona interpreta la realidad, aspecto al que Skinner no dio importancia alguna (quizá por trabajar habitualmente con animales).

La buena noticia es que es posible “redibujar” ciertos aspectos de nuestro mapa mental con el objetivo de ampliar nuestro rango de posibilidades de acción, influyendo en el entorno y nuestro bienestar.

Porque la forma en que cada persona vemos y percibimos el mundo, no coincide exactamente con la realidad (de hecho ni siquiera un mapa o GPS lo hace), sino que es una interpretación que cada uno “fabricamos” en base a nuestra predisposición genética en interacción con el entorno, la educación y los aprendizajes adquiridos.

Todo ello va dando forma en nuestra mente a una serie de categorías, suposiciones y generalizaciones que asumimos como “verdades indiscutibles”, esculpiendo nuestra forma de ver, sentir e interpretar la realidad, lo que nos lleva a actuar de una determinada forma.

A este proceso mental selectivo y personal, el psicólogo Chris Argyris lo llamó “escalera de inferencias”.

escalera-de-la-inferencia

Como se aprecia en el gráfico, este proceso mental inconsciente y automático nos induce una percepción selectiva de la realidad (atendemos unos detalles y obviamos el resto), lo cual va reforzando en un bucle sin fin nuestro modelo de interpretación o mapa mental del mundo. ¿Me explico?

¿Y cómo se cambia esto? ¿Es doloroso?

Em primer lugar decir que no todos los mapas mentales de una persona necesitan cambios. Puede que la mayoría sean válidos en general, si bien puede que haya alguno incompleto, erróneo o poco útil en ciertos aspectos.

La señal inequívoca de que necesitamos revisar alguno de nuestros mapas mentales será el sufrimiento sentido ante situaciones cotidianas.

Aclarar que me refiero a la cotidianeidad en territorios libres de guerras y/o hambrunas donde salvar la vida sería el único objetivo de cada día.

Dicho esto, vemos cómo muchas personas querrían mejorar su vida pero les resulta imposible o extremadamente doloroso, especialmente a aquellas personas que están rígidamente aferradas a su forma de ver actual.

Es decir, para aquellos que creen que su forma de ver la realidad “es la forma de ver” (no creen que exista otra diferente ni mejor), es especialmente inviable provocar un cambio o mejora motivada porque no son conscientes que su forma de ver “es solo una forma de ver” dentro de múltiples posibilidades.

Esto último supondría aceptar y reconocer que puede que estemos equivocados en nuestra mirada. Y eso podría herir un ego inmaduro.

Aceptarlo sería una forma de auto-proclamar que no se tiene “la razón” y eso genera incertidumbre al soltar la verdad a la que estábamos aferrados como si fuese una tabla de salvación, certidumbre y seguridad.

Esa incertidumbre hace, ante esa forma de ver estrecha, que nuestro ego active un miedo y lo ponga como escudo defensivo para evitar soltar lo conocido.

Quedarse anclado en el miedo a la incertidumbre es vivir la vida desde una posición de escasez (jugar a no perder o “a ver qué puedo obtener”).

Sin embargo, ensanchar o actualizar nuestros mapas mentales supone ampliar nuestra capacidad de acción y eso es vivir la vida desde la abundancia (jugar a ganar o “a ver qué puedo aportar”).

Por supuesto gestionaremos los posibles riesgos que haya pero será desde la capacidad de acción múltiple y no desde la paralización.

¿Cómo hacer la transición desde una visión de escasez a una de abundancia?

Esto lo voy a tratar en un siguiente post para no hacer demasiado extenso este (que ya lo es).

Trataré de desarrollar una respuesta lo más sencilla y útil que sea capaz en mi estado evolutivo actual.

Aunque si eres suscriptor o te apetece serlo lo recibirás en tu bandeja de correo mucho antes (la semana próxima).

¿Y tú, estás jugando a ganar, o a no perder? ¿Te gustaría ampliar esa visión?

Fuente imágenes: dreamstime.com; aprencytimagenes.blogspot.com

 

palanca_alta*Puedes aprender más de forma sencilla leyendo “La Palanca del Éxito, S.L.: activa tu inteligencia emocional y relánzate”.  Aquí puedes leer las primeras páginas del libro, una reseña aquí y una entrevista en “Libros de Management”.

**Además, si te suscribes al blog recibirás gratuitamente el ebook “Consejos para un liderazgo saludable en la nueva era empresarial”.

¡VOY A RELAJARME A TODA VELOCIDAD QUE TENGO PRISA!

sin-tiempoMe gustaría reflexionar y poner consciencia sobre algunas paradojas del ser humano occidental “desarrollado” y ya en siglo XXI.

Como decía Aristóteles en Ética a Nicómaco, en el término medio está la virtud. Y aquí reside, para mí, el punto de referencia de muchos de nuestros problemas actuales.

Porque es fenomenal querer incorporar a nuestras vidas todo lo que tildamos de desarrollo, bueno o positivo y en sentido físico, mental, emocional y espiritual.

El problema se produce cuando la mejora se convierte en una obligación sin sentido o, peor, en una obsesión.

Porque en ese momento estaríamos ante un arma de doble filo:

La búsqueda de bienestar podría transformarse en fuente de malestar.

Es en ese momento cuando podemos llegar a estas situaciones paradójicas:

  • ¡Voy a relajarme a toda velocidad que tengo prisa!
  • Quejarme de no tener tiempo para hacer deporte pero subo a un primer piso en ascensor
  • Ir a clase de yoga para relajarme y luego salir corriendo a clase de inglés o cualquier otra cita
  • Hacer un taller de Inteligencia Emocional y angustiarme intentando comprender qué siento a todas horas
  • Llevar una alimentación saludable de lunes a viernes y el fin de semana hacer excesos (g)astronómicos
  • Automedicarme con ansiolíticos para poder descansar. Sé que crea adicción pero no pasa nada porque “yo controlo”
  • Y vuelta a empezar…, ¡uf, qué desgaste emocional!

Bueno, lo he exagerado un poco porque esto no es tan habitual.

¿O sí? Bueno no para ti o para mí, pero sí para los que no leen este post 😉

Creo que nuestro problema raíz lo definió muy bien el Dalai Lama cuando dijo (al menos se le atribuye a él):

“Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, después pierde el dinero para recuperar la salud; y por pensar ansiosamente en el futuro no disfruta el presente, por lo que no vive ni el presente ni el futuro; y vive como si no tuviese que morir nunca… y muere como si nunca hubiera vivido”.

A estas alturas, casi todos sabemos que la causa principal de nuestro sufrimiento es la obsesión por conseguir cosas que, en realidad, no necesitamos.

Algo que descubrimos al poco de conseguir algo, porque ya queremos otro algo. Y así nos metemos en un bucle infinito, a pesar de saberlo.

Lo que pasa es que lo sabemos pero no lo sentimos (pensamiento y sentimiento no están alineados), y por ello no lo “encarnamos” en la práctica.

Como suelo decir en mis conferencias “de cejas para arriba -lo que sabemos- parecemos del siglo XXIII, pero de cejas para abajo -lo que hacemos- parecemos del Paleolítico”.

Porque a menudo nos auto-engañamos diciéndonos: “cuando consiga tal cosa, eso sí que me traerá auténtico bienestar”, cuando la causa del malestar es precisamente obsesionarnos con lo que no tenemos.

Y no digo que no haya que desear cosas y mejorar, sino que eso debe ser solo una parte de nuestra vida.

FelicidadPodemos y debemos disfrutar de bienes materiales e inmateriales, pero con serenidad, no con esa obsesión que se termina convirtiendo en un maratón crónico tratando de alcanzar “la felicidad” no se sabe muy bien dónde.

¿Cómo se llega a este equilibrio? Sin duda entrenando nuestra inteligencia emocional.

Esta habilidad nos permitirá conocernos los suficiente como para mantener una consciencia serena ante la adversidad y ante la prosperidad (porque todo pasa).

Y aquí viene mi última paradoja. La obsesión por una felicidad permanente como si fuera un objeto de consumo más.

Tratando de ser felices a toda costa conseguimos justo el efecto contrario porque ponemos la felicidad como una necesidad más junto al resto de carencias.

Es decir, se convierte en un “tengo que” adicional, en una obligación.

A veces esto ocurre porque en nuestro trabajo nos sentimos infelices o vacíos, teniendo que aparentar y demostrar implicación y compromiso.

Este alto desgaste emocional nos empuja a buscar bienestar en otros lugares y actividades.

Pero esto va en contra de nuestra inseparable naturaleza lógico-emocional ya que al tratar de usar solo la parte “racional” en el trabajo, y la parte emocional fuera de él, estamos forzando una división insana que genera grandes pérdidas para todos (personas, empresas y sociedad).

Y pongo racional entre comillas porque en muchos casos no es tan racional, sino un listado de creencias y guiones de vida asumidos por introyección.

Por eso en el próximo taller de felicidad vamos a trabajar el bienestar emocional como una serie de actividades conscientes en nuestra vida según estén alineadas o no con nuestra personalidad, libres de imposiciones y mucho menos de obsesiones.

Así que, lo que no sabe el grupo de personas que va a asistir a mi taller es que va a tener que trabajar mucho para ser felices.

Trabajar ampliando la consciencia.

Trabajar rompiendo creencias sobre la felicidad.

Trabajar des-cubriendo la felicidad que ya poseen.

En definitiva, trabajar para llegar a la conclusión de que en realidad no les hace falta ninguna adquisición externa para poder ser felices.

¿Y tú, también estás en la carrera estresante de un bienestar mercantilista?

¿Te apuntas al bienestar saludable?

Fuente imágenes: google

*También puedes leer “Autoliderazgo para un éxito saludable”

**Aquí tienes una lista de mis artículos publicados en LinkedIn

CRECIMIENTO PROFESIONAL Y PERSONAL, ¿INCOMPATIBLES?

DreamsTime“El trabajo dignifica”, dijo Karl Marx (o al menos se le atribuye).

Es bien sabido que el trabajo tiene importantes beneficios para nuestro bienestar psicosocial, tal como se desprende de un estudio de Salanova, Prieto y Peiró (1993):

  • Función económica (no solo para sobrevivir sino para acceder a otros bienes)
  • Da estructura a nuestro tiempo diario, semanal, mensual y anual (marco de referencia útil y saludable)
  • Representa una fuente de oportunidades para la interacción y los contactos sociales
  • Proporciona un sentido o significado de vida
  • En muchos casos proporciona estatus y prestigio social
  • Favorece la autoestima (especialmente cuando podemos desplegar nuestro potencial)
  • Nos permite adquirir conocimientos, habilidades y experiencia (construyendo identidad personal y laboral)
  • Constituye un medio para transmitir normas, creencias, valores y expectativas sociales

A la vista de estos beneficios puede parecer que Karl Marx llevaba razón y podemos pensar que el trabajo es una fuente de desarrollo profesional y personal saludable. Y así es o podría ser.

Es decir, el trabajo no solo es un medio para conseguir beneficios materiales, sino que también es un fin en sí mismo porque proporciona beneficios psicosociales.

[Tweet “El trabajo siempre proporciona dos tipos de salario: uno económico y otro emocional.”]

El salario económico está claro que se corresponde con la función económica antes señalada (aunque también constituye una parte del salario emocional, ya que considerarse bien o mal pagado influye en nuestro estado emocional).

El resto de funciones que mencionábamos constituye el salario emocional “percibido”.

Pongo entre comillas “percibido” porque tiene un doble significado: es un valor recibido porque produce bienestar psicológico, pero también es subjetivo porque para cada persona tendrá un valor diferente, en función de su momento de maduración personal.

Es decir, el nivel de crecimiento profesional y personal puede influir poderosamente en el salario emocional.

Ahora bien, la eficacia de estas funciones dependerá de lo alineadas que estén nuestras expectativas o necesidades con la cultura y prácticas organizacionales.

Por ello es imposible tener satisfecha al 100% de la plantilla, ya que siempre habrá quien tenga expectativas o necesidades poco alineadas con la organización.

Por supuesto partimos de la base de que el trabajo no se produce en condiciones precarias, tanto económicas o de seguridad y salud, porque esta situación no satisfaría las expectativas o necesidades de nadie (al menos eso creo).

A partir de aquí me gustaría hablar de la importancia del equilibrio entre crecimiento profesional y crecimiento personal, porque son necesarios ambos para un salario emocional saludable.

El crecimiento profesional está relacionado con la adquisición de conocimientos, experiencias y habilidades técnicas. Y aunque puede influir en el crecimiento personal, no es lo mismo.

El crecimiento personal está más relacionado con la adquisición de habilidades sociales, el desarrollo de la autoestima, la autoeficacia, la autoconfianza, o la revisión y actualización periódica de creencias o paradigmas mentales.

De forma que si nos focalizamos única y exclusivamente en el crecimiento profesional podríamos entrar en un bucle inconsciente donde estemos creciendo solo a nivel profesional.

Y esto está bien (sobre todo en los primeros años de vida laboral), pero suele llegar un momento en el que resulta claramente insuficiente.

Es posible que lleguemos a sentir quizás un vacío interior, un sentimiento de desasosiego, de falta de plenitud o significado.

Si esto ocurre, nuestro sistema emocional nos está enviando un mensaje claro: “Puede que te guste tu trabajo pero “solo es trabajo” y la vida es mucho más amplia y rica que eso”.

En este caso el sistema de información emocional nos está pidiendo a gritos que crezcamos también a nivel personal.

Cada uno necesitará una forma de crecer diferente dependiendo de en qué momento de su vida esté.

En unos casos quizá necesitemos dedicar más tiempo a estar con la familia, en otros hacer (más) deporte, tener más relaciones sociales, estar en contacto con la naturaleza, estar solos y reflexionar, dedicar tiempo a un hobby, etc.

Y es que los seres humanos somos seres globales que, además de “sobrevivir”, necesitamos vivir con un equilibrio de bienestar material, físico, social, profesional y emocional.

Este equilibrio de “bienestares” (si se me permite la palabra) nos permite “alumbrar” formas de vida mucho más satisfactorias que solo la tan habitual y paupérrima de “ir tirando”.

Flor de BeniciaEs lo que llama “Flor de Benicia”, el Profesor Rafael Bisquerra.

¿De quién es responsabilidad conseguir este equilibrio entre los distintos tipos de bienestar?

De todos. Personas, Organizaciones y Administraciones, cada uno a su nivel de influencia y responsabilidad.

¿Y tú, creces solo profesionalmente o también a nivel personal?

 

¿Contribuyes al equilibrio de tu propio bienestar y el de los demás?

Fuente imágenes: ; google (echanizbarrondo.blogspot.com; mujeresontop.com)

 

**Si quieres crecer (tú y tu equipo) en calidad de comunicación, te recomiendo encarecidamente este curso online:

CursoPrevencionar