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De la afectividad a la efectividad laboral, ¿cómo empezar?

28 diciembre 2016

24075590440_9dfd0a8f93_k_dEn el post anterior vimos la espiral negativa en la que nos metemos cuando caminamos de forma inconsciente a través de ideas, sensaciones e interpretaciones erróneas o no muy racionales.

Hoy quiero recorrer el camino complementario.

El camino del desarrollo personal y profesional que se recorre de forma más consciente para ir ajustando o flexibilizando nuestras ideas, sensaciones y mapas mentales en caso de que no nos ayuden a progresar.

Por supuesto lleva trabajo, paciencia y perseverancia. Recuerda que para adquirir algo valioso tenemos que pagar un precio, aunque el esfuerzo vale su peso en oro.

¡Empecemos!

Al igual que a nadar se aprende nadando y desarrollar músculo se consigue levantando peso, para desarrollar la consciencia hay que entrenarla.

La consciencia es el contenido mental del que podemos dar cuenta, describiéndolo verbalmente o por escrito.

La puerta de entrada a la consciencia sobre la cual tenemos control personal para mover hacia una dirección u otra se llama “atención”.

Además de mover la atención, hacia donde queramos, también tenemos otra facultad: sostener o mantener la atención en un punto concreto.

A esta capacidad le llamamos “concentración” y, aunque no dure mucho, es básica para la reflexión y la toma de decisiones.

Bien, pues atención y concentración es lo que vamos a entrenar diariamente, de manera formal e informal.

De manera formal reservando unos minutos al día (5′ para empezar), preferiblemente antes de comenzar la jornada.

Nos sentamos tranquilamente con la espalda recta, la cabeza ligeramente alzada (como si nos estuviesen tirando suavemente con un hilo desde la coronilla) y las manos descansando encima de las piernas.

En esta posición llevaremos la atención a nuestra respiración observando cómo entra y sale el aire por nuestra nariz, sin tratar de alterar de ningún modo la respiración, solo observándola sin emitir críticas ni reproches.

Como mucho describimos objetivamente lo que observamos.

De manera informal poniendo atención a cualquier experiencia que estemos viviendo a lo largo de la jornada, tratando de describirla de forma objetiva, sin adjetivos, juicios o reproches.

El entrenamiento requiere que cada vez que nos demos cuenta que la atención se ha apartado del punto elegido (estamos pensando en el pasado, en el futuro o haciendo un juicio) volvamos a dirigir la atención al objeto inicial de atención.

Este tipo de entrenamiento sistematizado y mejorado, llamado mindfulness o atención plena, tiene múltiples beneficios.

Además de desarrollar la habilidad de estar más atentos y concentrados a lo que está ocurriendo dentro y fuera de nosotros, nos permitirá mantener una mayor estabilidad emocional y un pensamiento más orientado a aportar soluciones.

Esta mayor claridad mental nos va a facilitar una mayor percepción, uso, comprensión y regulación de los estados emocionales que se vayan activando a lo largo de nuestra jornada.

De esta manera estaremos en situación de responder en lugar de reaccionar, tal como decíamos en el post anterior.

Y entre responder y reaccionar no hay color.

Responder significa poder parar, observar y decidir conscientemente dentro del espacio que se genera entre la situación y nosotros.

Reaccionar significar emitir un comportamiento no pensando (aprendido e incorporado cómo hábito) ante situaciones similares.

Responder significa poder elegir y cambiar nuestra respuesta de manera inteligente y adaptativa.

Reaccionar significar no elegir la respuesta de forma inteligente y, por tanto, quizá emitir palabras o comportamientos que nos perjudiquen o de los que nos arrepintamos en cuanto aparezca una chispa de consciencia.

No voy a entrar en cómo usar las emociones para facilitar el pensamiento o en su comprensión razonada porque eso escapa del alcance de este post (y requeriría unos cuantos más).

En cuanto a la regulación emocional, la amplitud de miras que da una mayor consciencia te va a permitir ver con claridad que tú tienes la emoción pero no eres la emoción, ni tampoco ella te tiene a ti.

Al no estar “atrapado” por la emoción vas a poder responder de una forma más beneficiosa para ti y tu contexto.

Podrás decidir si expresarla de forma saludable, bajar su intensidad primero si lo crees necesario o generar otra emoción mediante la acción adecuada.

Si quieres saber más sobre este tema y disfrutar de una historia inspiradora para emprendedores, puedes leer “La Palanca del Éxito, SL: activa tu inteligencia emocional y relánzate” (Kolima, 2016), en papel o ebook.

lapalancaregaloCreo que es uno de los mayores y mejores regalos que nos podemos hacer para este próximo 2017:

[Tweet “Desarrollar consciencia e inteligencia emocional para disfrutar trabajando y trabajar disfrutando”]

¿Vas a correr el riesgo de no hacer nada diferente?

Te deseo, de corazón, una muy fantástica entrada en el nuevo año.

*Fuente imagen: imagenesgratis.eu; autor: Viktor Hanacek

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