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DEL EMPLEADO ALINEADO AL ALIENADO, ¿QUÉ OCURRE POR MEDIO?

Tempos-ModernosSe supone que, normalmente, una persona que se incorpora a trabajar en una organización está alineada con la empresa, es decir, con su proyecto, misión, visión y valores.

Si yo empiezo a trabajar en una empresa y no me siento alineado o no me importa el proyecto, ni la misión, ni los valores, es que solo quiero trabajar por dinero.

Bueno, eso y que la selección de personas ha sido bastante deficiente porque no me deberían haber contratado, ya que a esta colaboración se le augura poco futuro.

También puede ocurrir que el puesto no requiera gran cualificación y a ambos (a la dirección de la empresa y a mí) no nos preocupe la fugacidad de nuestra colaboración.

En cualquier caso creo que, también ambos, nos estamos olvidando de algo muy importante: el cliente final que contrata los servicios de la empresa.

¿Por qué? Porque es el primero que paga “los platos rotos” de una selección de mala calidad. Después lo pagará la empresa, que verá reducida su cartera de clientes. Y por último yo, que me despedirán por no haber suficiente trabajo.

Ya que, probablemente, el cliente final será el único preocupado por el servicio, puesto que mi foco y el de mi jefe estarán puestos en el dinero: yo tratando de cobrar más y trabajar menos, y mi jefe tratando de pagar menos y que yo trabaje más.

Ahora bien, imaginemos que sí que comienzo alineado con la empresa, que el proyecto me interesa y no solo quiero trabajar por dinero sino también para aportar valor y desarrollarme profesionalmente (y como persona, por supuesto).

Si además el puesto requiere una alta cualificación todavía es más crítica mi alineación, ya que será la que permita que yo dé lo mejor de mí (flexibilidad, creatividad, dedicación, vigor).

Si después de los seis primeros meses de trabajo mi alineación se debilita, y cuando llego a los dos años (si llego) ya no estoy alineado sino alienado, ¿qué ha podido ocurrir por medio?

En primer lugar tenemos que aclarar que el término “alienado” hace referencia a que el trabajo ha dejado de satisfacerme emocionalmente.

Trabajar en esta empresa ha perdido el significado para mí más allá de lo única y exclusivamente monetario, no le encuentro sentido y no siento ilusión ni vigor.

Podría llegar incluso a padecer el síndrome del trabajador quemado, pero no necesariamente tengo por qué llegar a ese extremo clínico.

Retomando la pregunta anterior, pueden haber ocurrido muchas cosas.

Habría que analizar caso por caso pero como no puedo hacerlo desde aquí, voy a proponer algunas posibilidades:

  • Ha cambiado mi motivación y ya no me interesa la empresa
  • Ha cambiado la estrategia de la empresa y ya no le interesa mi perfil
  • Uno de los dos (o ambos) hemos sido incoherentes con lo que dijimos que haríamos
  • La empresa ha sido coherente (en general), pero mi jefe directo incumple su palabra
  • Uno de los dos (o ambos, mi jefe y yo) tenemos baja inteligencia emocional y no nos soportamos
  • etc.

Las posibilidades que he expuesto, además de estar relacionadas, van de menor a mayor grado de insatisfacción, llegando a la alienación en el caso de trabajar bajo un continuo de incoherencias y/o que ya no soporte a mi jefe, o éste a mí.

¿Qué podemos hacer en este punto? Cuando la alienación se ha instalado en nosotros se produce un conflicto de intereses entre razón y emoción.

Mi sistema emocional dice “márchate” (el de mi jefe dice “despídelo”) y mi sistema racional dice “quédate, necesitas el dinero”. Es posible que el sistema racional de mi jefe diga “no lo despidas, te cuesta mucho dinero”.

Ahora bien, el quid de la cuestión es, ¿por qué hemos llegado a este punto?

Pues, habitualmente, por falta de inteligencia emocional.

Es importante que dispongamos ambos de esta habilidad, empresa y colaborador, pero es sumamente crítico que la tenga la empresa.

Es más, que la tenga como estrategia corporativa. Que incluya programas anuales de entrenamiento y desarrollo de inteligencia emocional para directivos, mandos intermedios y empleados.

Jefes-satisfaccion-direccion

De esta manera es muy difícil, por no decir imposible, llegar a estos extremos de alienación (o sí, porque hay que contar con un 10% de amargators como dice Javier F. Aguado).

Sin duda algunas competencias de la inteligencia emocional, como la empatía y la asertividad, hubieran tendido puentes de comunicación y confianza para comprender necesidades mutuas desde los primeros estadios de insatisfacción.

Y si éstas no hubiesen podido verse satisfechas se encontraría una salida razonable para ambas partes, independientemente de que siguiesen nuestros caminos juntos o se separasen.

Porque cuando gestionamos nuestras emociones inteligentemente estamos abriendo las puertas de la humildad, la generosidad, la confianza y la comprensión de manera totalmente compatible con la exigencia y la excelencia organizacional.

Y es que la inteligencia emocional no solo es compatible con la calidad del liderazgo, sino que lo catapulta a cotas inimaginables desde la visión que uno tiene antes de crecer emocionalmente.

Y la calidad del liderazgo está significativamente relacionada con la calidad del desempeño y los resultados.

En tu empresa ¿hay más empleados alineados o alienados?

¿Tenéis programas de desarrollo de inteligencia emocional?

Fuente imágenes: google.com

*También puedes leer “¿Sabemos castigar el error en la empresa?

**Inteligencia Emocional para comunicar eficazmente con tu equipo.

 

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  1. 30 marzo 2016 en 14:35

    A mi me parece que a veces tanto los empleados como el empleador quieren dar una imagen que en la realidad no la hay.

    Si preguntamos a las empresas si utilizan la inteligencia emocional, nos dirán, qué es esto? “yo soy inteligente, pero emocional”.

    Saludos

    • 31 marzo 2016 en 16:12

      Gracias una vez más por comentar el post, Josep, y enriquecerlo.

      Sí, esto que dices es tan habitual como absurdo. Porque dar una imagen que no es real solo es cuestión de unos pocos meses para descubrirlo. Y esto no es inteligencia emocional; puede ser astucia, pillería, jeta… no sé cómo llamarlo pero tampoco es inteligencia, y mucho menos emocional.

      Saludos.

  1. 1 abril 2016 en 10:42

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