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¿TIENES AUTOESTIMA, AUTOCONFIANZA Y APEGO, “PILTRAFILLA”?

11 diciembre 2015

autoestimaNo sé si recuerdas un anuncio que hacía atún Calvo en la que aparecía uno vestido de atún en la consulta del médico y le decía “Es que yo soy un atún cualquiera y me gustaría ser Calvo”.

A lo que el médico contestaba “¿pero tú tienes estudios “piltrafilla”?, ¿vas al gimnasio?, aaay”, en un tono despreciativo.

Y es que nadie quieres ser “un piltrafilla”, todos queremos ser de los mejores.

Por eso quizá las redes sociales están inundadas de mensajes y artículos positivos para crecer, desarrollarnos, ser felices, tener éxito personal y profesional, convertirnos en auténticos líderes 1.0, 2.0, 3.0…

Para mí, la clave de que este afán de superación sea saludable está en quitarle “de los” a la frase anterior, de forma que fuera “querer ser mejores”. De esta manera solo competimos con nosotros mismos, sin compararnos con los demás.

Pues bien, si leemos unos cuantos artículos sobre cómo alcanzar el éxito y no ser “un piltrafilla”, a menudo encontramos los siguientes factores “facilitadores”:

  • Claridad de metas
  • Planificación de la estrategia para alcanzarlas
  • Acción
  • Mantener el foco, o la atención, en la meta
  • Flexibilidad para ajustar la acción en base al resultado

También suelen aparecer como potenciadores del éxito:

  • Descubrir tu talento
  • Sentir “pasión” por lo que quieres conseguir
  • Desarrollar habilidades alineadas con tu talento

Algunos artículos hablan de:

  • Revisar posibles creencias limitantes
  • Desarrollar la autoeficacia en el área de interés

Desde mi punto de vista, el primer grupo de facilitadores hace referencia a “la superficie” o “la punta del iceberg”. Es decir, a los comportamientos visibles para alcanzar tu éxito.

Los siguientes potenciadores creo que ya empiezan a tocar la parte del iceberg que no se ve, es decir, las raíces que tienen que soportar y nutrir el árbol para que pueda dar frutos (inteligencia, emociones y creencias).

Pero donde creo que poca gente se centra es en hablar de los “nutrientes” de los que se alimenta las raíces del árbol.

Porque es en la calidad de estos nutrientes donde, independientemente del éxito que tengamos, vamos a sentirnos “piltrafillas” o personas seguras, serenas y con actitud positiva a pesar de los problemas y obstáculos que nos presenta la vida.

Y es que, paradójicamente, podemos tener “éxito” y seguir sintiéndonos personas inseguras, ansiosas y con actitudes defensivas aunque hayamos suplido esta carencia de nutrientes con sucedáneos vitamínicos y corazas protectoras.

Precisamente estos nutrientes de los que hablo son la base, el terreno, los cimientos que permiten desarrollar fortalezas (raíces) que facilitarán un crecimiento saludable y un posible fruto (si es que es eso lo que queremos) al accionar los resortes o palancas del éxito que suponen las acciones señaladas más arriba.

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Considero que estos “nutrientes” están constituidos por la triada:

  1. Autoestima
  2. Autoconfianza
  3. Estilo de apego

Autoestima, autoconfianza y apego son los cimientos para poder manifestar todo el potencial que hay en ti.

Los tres factores están relacionados y se conforman en nuestra infancia, por lo que la crianza y educación recibida es fundamental para una correcta y saludable cimentación de los mismos.

La autoestima es la valoración global que hacemos de nosotros mismos como persona en todos los ámbitos de nuestra vida.

¿Sentimos (y digo sentir, no pensar) que valemos lo mismo que cualquier otro ser humano, menos, más? Una autoestima deficiente es dañina, pero una autoestima excesiva también puede serlo.

La autoconfianza es el sentimiento (no el pensamiento) de que disponemos de los recursos internos necesarios para afrontar una situación concreta.

El estilo de apego nos predispone a relacionamos de una determinada forma con los demás en base a la imagen que tenemos de ellos y de nosotros mismos. ¿Sentimos que los demás son, en general, de fiar? ¿Nos sentimos merecedores de cariño y atención por parte de los demás?

Ahora bien, ¿qué pasa si no tenemos estos cimientos desde la infancia?

¿Estamos abocados al fracaso, a una vida mediocre o de “piltrafilla”?

La respuesta es “depende”.

Sí, depende de nosotros, porque en la actualidad tenemos la fortuna de poder acceder a todo tipo de información y una de ellas es cómo mejorar estos cimientos (aunque siempre nos queda acudir a un profesional de la psicología para que nos ayude).

Aunque el primer paso es reconocer y aceptar que tenemos carencias de alguno de estos nutrientes (y ello requiere una profunda humildad y valentía), después hemos de llevar a cabo el trabajo y la perseverancia para fortalecer unos cimientos que digamos “de fábrica” no pasaron el control de calidad.

Porque no podemos “devolvernos y cambiarnos por otra persona con mejores cimientos” (para eso tendríamos que esperar a otra vida), pero sí podemos re-modelarnos nosotros mismos, especialmente si contamos con la ayuda de alguien que nos apoye y crea en nosotros.

Y si además dirigimos personas o atendemos clientes en nuestro trabajo habitual, tenemos un grado más de responsabilidad en mejorar estos cimientos, puesto que vamos a influir en su emocionalidad y percepción, y por tanto en su comportamiento.

 autoconocimiento¿Cómo?

Desarrollar nuestra inteligencia emocional nos ayudará en gran medida a poner en equilibrio saludable nuestros sentimientos y, por tanto, nuestra estabilidad emocional.

Como he dicho antes lo primero es reconocer y aceptar si tenemos la carencia del nutriente. En el caso de la autoestima es tremendamente fácil de detectar.

Algunos síntomas que nos pueden poner en alerta ante una baja autoestima (si se producen de manera continua o crónica), son:

  • Hostilidad
  • Timidez
  • Irritabilidad
  • Desconfianza
  • Ansiedad
  • Rumiación improductiva (obsesionarnos con un asunto sin hacer nada)
  • Dificultad para soportar críticas (aunque sean justificadas)
  • Sensación de bienestar ante el fracaso de otros
  • Culpar a los demás de mis problemas

¿Cómo puedo mejorar mi autoestima? Te cuento cómo lo he hecho yo (y sigo trabajando en ello, es un proceso).

El primer paso es saber que nuestra autoestima es mutable y que aumenta cuando vivimos respetando nuestros propios valores y disminuye cada vez que nuestro comportamiento no es coherente con ellos.

Por otro lado es importante cuidar el diálogo interior:

  • Cambiar los “debo, debería, tengo que” por “quiero, decido, elijo”.
  • Cuando nos equivocamos o fallamos, sustituir los “soy tonto, inútil o un negado” por “he cometido un error”.

Dejar de autoinculparte por todo (yo tengo la culpa, soy gafe), de culpar a los demás o de hacerte la víctima, sin darte cuenta de que eres tú el que tiene el problema y que puedes hacer algo para solucionarlo.

Se trata de ver las situaciones de una forma global, tanto lo negativo como lo positivo, escogiendo de forma consciente las palabras que usamos, sustituyendo “culpa” por “responsabilidad”, evitando sacar conclusiones precipitadas y considerando las situaciones tan objetivamente como sea posible.

Dedicaré el próximo post a tratar de desgranar los otros dos nutrientes (autoconfianza y estilo de apego) para que podamos llevarlos a una posición lo más saludables posible y nos permitan echar raíces como base de nuestro éxito.

¿Y tú, también quieres ser “una buena marca”?

Fuente imágenes: psicoblog.com; fao.org; queaprendemoshoy.com
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