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¿INVERTIR EN INTANGIBLES? ¡NO ME TOQUES LOS PARADIGMAS!

sellingintangiblesHace poco mantenía una interesante conversación con el responsable de RSE de una gran empresa española, sobre la dificultad de medir el retorno de la inversión en intangibles.

Después de un rato de conversación llegamos a la conclusión de que, habitualmente, la empresa “trata de aferrarse” a una demostración económica (al menos sobre el papel) del retorno de la inversión, como lógicamente puede suponerse.

Lo que nos llamaba la atención es que este “apego” al cálculo del ROI venía determinado por el tipo de intangible, siendo además normalmente rechazado el informe, aunque éste fuera positivo.

Sin embargo el cálculo del ROI es “igualmente impreciso” en la mayoría de los casos, independientemente del tipo de intangible. Siempre hablamos de porcentajes aproximados o correlaciones.

Curiosamente (o no), unos días después hablaba del mismo tema con el máximo ejecutivo de una pequeña empresa (con su licenciatura y su MBA incorporado), y llegábamos a una conclusión similar.

Y es que hay muchos intangibles en las organizaciones con los que se está en contacto a diario, sea de forma consciente o no:

  • Software
  • Formación
  • Comunicación
  • Marketing y publicidad
  • Liderazgo
  • Clima
  • Relaciones

Intangible

Sin embargo parece que la inversión en software, marketing y publicidad (por ejemplo), está “asumida” por la dirección de la empresa como “rentable” o “necesaria”,  aunque la realidad es que es difícil demostrarlo numéricamente (se pueden hacer números pero algunos surgen “a ojo, o en base a otros años”, lo cual es igualmente impreciso).

Si hablamos de formación se suele considerar “importante pero secundaria”.

A menudo se duda de su rentabilidad y se argumenta en base a experiencias insatisfactorias (sí que es cierto que si no se diseña y se realiza adecuadamente, puede ser ineficaz -pero lo mismo ocurre con otro tipo de inversiones-).

Y si ya hablamos de liderazgo, clima, competencias socio-emocionales o gestión de las relaciones (o comunicación, que subyace al resto), entramos de lleno en un escepticismo que aleja sistemáticamente de su incorporación a la empresa como mejora rentable, estratégica, planificada y sistemática.

En el mejor de los casos se realizan cursos o talleres indoor o outdoor, pero de manera aislada y separada de la praxis del día a día, por lo que quedan como un hecho anecdótico de un día agradable y divertido para recordar, nada más (quizá por esto el escepticismo de muchas empresas).

Cuando se pone encima de la mesa estudios que demuestran la rentabilidad de dichas inversiones, así como datos positivos de otras empresas que ya han implementado en su estrategia corporativa estas mejoras, se suelen recibir excusas (disfrazadas de argumentos) para evitar hacer cambios en este sentido:

  • Eso es muy difícil de cambiar aquí
  • En esta empresa eso no funciona
  • Eso es para grandes empresas (dicen algunas pequeñas)
  • Eso es para pequeñas empresas (dicen algunas grandes)
  • Nos tenemos que centrar en producir (como si la gestión de intangibles no fuera producir)
  • No podemos perder el tiempo con inversiones a medio-largo plazo, necesitamos facturar (como si fuera excluyente)

Claro, cuando sabemos que la realidad es que somos primero emocionales y después (y solo después) racionales, empezamos a comprender.

Es entonces cuando descubrimos que estas inversiones dependen, en realidad, del sistema de creencias del equipo directivo (en especial, las de su máximo ejecutivo).

Porque lo que hacemos las personas todo el rato, en todo momento, es racionalizar nuestras emociones (derivadas de nuestro sistema de creencias).

Entonces para que una empresa invierta en comunicación, inteligencia emocional, formación o gestión de las relaciones, RSC…, tiene que tener un sistema de creencias alineado con este tipo de mejoras.

Por muy demostrada que esté la rentabilidad de la gestión de intangibles (tanto a nivel científico como experimentadas por otras empresas), nadie puede cambiar el sistema de creencias de otra persona más que ella misma en un proceso de auto-reflexión, auto-consciencia y humildad.

Porque a nadie le gusta que “le toquen los paradigmas”.

No depende del tamaño de la empresa (aunque influya).

No depende del ROI (aunque influya).

No depende del mercado (aunque influya).

La inversión en intangibles depende del estado de maduración del sistema de creencias del equipo directivo, especialmente, el del máximo ejecutivo.

Para que se convierta en hábito y forme parte del ADN de la empresa este tipo de inversiones, el máximo ejecutivo de la organización tiene que ser capaz de revisar periódicamente su sistema de creencias y tenerlo actualizado.

Y por extensión, el resto del equipo directivo. Este punto es clave porque puede que alguna creencia fuera útil en el pasado pero esté obstaculizando el presente -y por tanto, el futuro de la empresa-.

No es cuestión de números, ni demostraciones. Está ya suficientemente demostrado.

Cada vez hay más evidencia de la rentabilidad de la inversión en gestión de intangibles como es el desarrollo de la inteligencia emocional aplicada al liderazgo.

¿Y tu empresa, en qué tipo de intangibles invierte?

 

¿Qué sistema de creencias impera?

 

¿Lo revisa periódicamente?

Fuente imágenes: jobs.net; mswerkz.blogspot.com

 

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