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CRÍTICA Y QUEJA, LAS HIJAS NATURALES DEL MIEDO

10 julio 2015

quejasNo hace falta ser muy observador para ver a diario cómo muchas, muchísimas personas, no dejamos de quejarnos de nuestra mala suerte, de lo que ganamos, de lo que perdemos, del trabajo que tenemos, del trabajo que no tenemos, de nuestra enfermedad, de lo que nos falta para poder ser felices, etc.

Igualmente somos muy dados a criticar a nuestro vecino, al jefe, al empleado, al compañero, a la esposa, al marido, a los hijos, a los padres, a la familia, al gobierno…

Esta forma de actuar, cuando es inconsciente y repetitiva (un hábito) nos impide progresar, crecer, desarrollarnos como personas y profesionales para dar lo mejor de nosotros mismos.

Si además justificamos nuestra queja y crítica a través de argumentos aparentemente sólidos, la sensación de tener razón nos impedirá avanzar.

“Lo peor que le puede pasar a una persona es tener siempre la razón”, Luis Emilio Oliver

Porque tener razón (o creer tenerla) en nuestra crítica y queja, esconde el mensaje subliminal “hacer algún cambio es obligación del otro, no mío”.

Y no digo que no haya que quejarse ni criticar cuando percibamos daño o peligro. El problema está en quedarnos instalados en la queja y la crítica de forma permanente e improductiva.

Ahora bien, cuando somos conscientes de que este tipo de queja y crítica es el síntoma por el cual se expresan nuestros miedos irracionales o aprendidos a través de una educación basada en “autoridades”, entonces podemos asumir la responsabilidad sobre ello.

Es decir, estamos proyectando nuestros miedos sobre personas y situaciones. Si no nos gusta lo que proyectamos está en nuestra mano hacer algo para cambiarlo.

El reto que tenemos no es ya aceptarlo o reconocerlo, sino llegar a agradecer nuestros propios miedos y apegos, usándolos como punto de mejora personal, profesional y social.

He de reconocer que no es fácil, porque a nuestro ego le fastidia mucho reconocer que está lleno de este tipo de miedos y apegos.

quejas

Pero es un esfuerzo que tiene su recompensa en oro, porque una vez superado nunca más volverá a interferir en nuestro bienestar.

¿De qué tipo de miedos estamos hablando?:

  • A que no nos acepten
  • A que no nos reconozcan
  • A no ser lo suficientemente valiosos
  • A estar equivocados
  • A no ser perfectos

Añade tú los que quieras.

Estos miedos provocan que tengamos apego a:

  • Tratar de caer bien a todo el mundo
  • Llamar la atención, transmitiendo “¡mira lo que hago!”
  • Atesorar bienes materiales
  • Tener siempre razón
  • Querer controlar absolutamente todo

Y claro, estos apegos los defendemos “a capa y espada” porque creemos que son nuestra “tabla de salvación” para sentir bienestar.

Esto hace que tengamos numerosas expectativas de conseguir todo aquello a lo que nos apegamos, pero cuando éstas no se cumplen sentimos frustración.

La frustración nos puede llevar a la ira o rabia (criticar si percibimos peligro o daño) o a la tristeza (quejarnos si percibimos pérdida sin solución).

Este “malsentir” que nos hace “maldecir”, nos lleva a “malpensar” o “rumiar”, alimentando nuestro ego (el piloto automático de nuestra mente) en negativo. Y vuelta a empezar.

Así entramos en un bucle infinito que nos aleja cada vez más de la posibilidad de alcanzar serenidad y bienestar emocional.

¿Podemos hacer algo?

Lo dije antes. Empezar a agradecer de forma consciente nuestros miedos y apegos con la firme convicción de tener ahí un punto de partida para la mejora personal y profesional.

Para ello, podemos apoyarnos en prácticas como la gratitud o la atención plena (mindfulness) de forma organizada y sistemática (sin excusas tipo “no tengo tiempo”).

Ello nos llevará progresivamente a “biensentir”, lo cual nos llevará a “biendecir” y “bienpensar”, ampliando nuestra comprensión.

Esto nos acercará cada vez más a emociones como “serenidad”, “calma” o “confianza” que nos llevarán a mayor “bienestar”, disolviendo la ansiedad, la ira o la tristeza progresivamente.

Esto es, entre otras cosas, lo que trasmito y practicamos en los talleres de inteligencia emocional.

¿Y tú, qué miedos y apegos tienes?

Nota.- Post inspirado en la conferencia "Miedo, una oportunidad", del profesor Luis Emilio Oliver
Fuente imágenes: luzyreyna.blogspot.com; inmaculadasol.com
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