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¿SABE HACER TU EMPRESA, “CAKES”, O SE LE QUEMAN?

BizcochoHace poco escuché una metáfora sobre la maduración emocional de las personas que me hizo reflexionar sobre cómo consiguen evolucionar algunas organizaciones, y obtener resultados excelentes a pesar de problemas, obstáculos y cualquier otra situación compleja, como la que vivimos actualmente.

La metáfora consistía en saber hacer un buen bizcocho. Para ello, obviamente, tenemos que seleccionar ingredientes de calidad (y adecuados) dependiendo del tipo de bizcocho que queremos obtener (objetivo).

Pero además (y esto es lo que más me impactó), es imprescindible usar ingredientes que aporten verdaderos nutrientes (ya sea por propia naturaleza o por maduración/transformación) al conjunto y que, en colaboración con el resto (y cocinados adecuadamente), nos permitan obtener un excelente y sabroso bizcocho. Por ejemplo:

  • Harina; componente transformado del trigo, ya que éste no nos sirve tal cual (por muy bonito u ornamental que sea)
  • Aceite; componente transformado de la aceituna (no podemos echar aceitunas enteras y, menos aún, enlatadas)
  • Huevo; aquí también nos interesa el contenido natural (sin la cáscara)
  • Manzana; es el resultado del proceso de maduración de la flor del manzano (no nos sirve la flor tal cuál, por muy bonita u ornamental que sea)
  • Yogur; al igual que con el huevo, nos interesa el contenido del yogur sin el envase (si puede ser “natural”, mejor)
  • Canela molida (corteza “hecha polvo” extraída del árbol de la canela)
  • Azúcar común (derivado extraído de la caña de azúcar o la remolacha)
  • Pizca de sal (como condimento)
  • Levadura (para dar “esponjosidad” a la masa)
  • Azúcar glass (para decorar)

Si observamos los ingredientes con una mirada profunda, vemos perfectamente que son esencia o nutriente de un producto de orden superior. Un buen envase está muy bien, pero no nos sirve “entero”, tiene que estar “abierto” y verter su contenido.

Por muy “de luxe” o alta gama que sea el envase, éste no podrá mezclarse directamente con los demás ingredientes (aunque lo intente). No podemos mezclar, por ejemplo, aceitunas rellenas de anchoa (por muy atractivas y apetitosas que parezcan) ni aceite en envase de lujo, si lo que necesitamos es aceite puro de oliva (el contenido).

Aceite de lujo

Si después, el cocinero hace una buena mezcla ordenada y pone el horno a calentar a la temperatura adecuada (intensidad idónea), durante el tiempo adecuado (las prisas por abrir el horno, podría echar a perder el resultado) y vigilando que el bizcocho no se queme (orientación al resultado), obtendrá un bizcocho excelente.

Y también, por supuesto, es importante el aspecto final (decorado por el azúcar glass), así como su esponjosidad (ayudado por la levadura) y sabor, siempre y cuando aporte nutrientes de valor (solución de necesidades y deseos).

Por último, aunque después se trocee el bizcocho y se reparta, se regale o se venda, cada trozo de bizcocho contiene todos los componentes y nutrientes que contribuyeron a dar forma, contenido, textura, color y sabor a la unidad. No se pierde ningún aporte.

Pues lo mismo ocurre en las organizaciones.

Para obtener un buen producto o servicio, todas las personas tienen que dar su mejor versión, su esencia, su talento, y “mezclarlo” con el talento de los demás componentes del equipo sin importar que “se pierda su entrega” (aparentemente) en el resultado, porque no se “echa a perder nada” si el “horno” (empresa) tiene la temperatura bien regulada (clima) y “el cocinero” (directivo) organiza, dirige y vigila que no se queme los nutrientes (talento).

De nada sirve tener directivos o colaboradores con altos conocimientos técnicos “rellenos de ego” o “en envase de luxe“, si no vierten su esencia madura al conjunto de la organización.

Tampoco servirán organizaciones con el horno a pocos grados (relajación) ni demasiados grados (ansiedad), ni directivos que terminen quemando los componentes (talento) por querer obtener demasiado pronto el resultado, abriendo constantemente el horno, “a ver si ya está hecho” (excesiva presión).

Dar la lataEstas personas “enlatadas” no se mezclarán con nadie del equipo, o si lo hacen será “con envase y todo”; y esto no aporta nutrientes.

Nos dirán que se están dando al conjunto, pero en realidad, lo que están dando es “la lata”.

Por eso es clave hacer una buena selección de los componentes de un equipo. No basta con su aspecto exterior, su currículo o su capacidad narrativa. Es necesario que hayan madurado y entreguen su esencia, su actitud, su flexibilidad, su pasión a la hora de trabajar en el día a día con todo el equipo. En definitiva, su maduración emocional.

Otra opción es tener programas de desarrollo de “inteligencia emocional” para equipos y directivos, pero si partimos ya de componentes transformados o madurados, mucho mejor.

Una vez que tenemos equipos preparados intelectual y emocionalmente a dar lo mejor de sí, egos extraídos o atenuados, no está todo hecho. Falta mezclar ordenadamente su talento y vigilar la temperatura del horno.

Insisto porque me parece crítico para obtener resultados excelentes:

Generar el contexto adecuado y las prácticas organizacionales saludables que faciliten y mantengan un clima emocional de aporte de nutrientes (talento) por parte de todo el equipo.

¿Y de quién es responsabilidad el horno? Como habrás adivinado, en realidad el horno es la empresa en su conjunto. La cultura y la estrategia será la versión del horno (“a leña”, “por resistencia”, “por inducción magnética”…).

Así que aquí es crítica la labor de directivos y mandos intermedios. Éstos tendrán que estar también vertiendo “su esencia”, fuera de egos, maquillajes vistosos o envases lujosos pero rígidos que impiden aportar nutrientes de valor.

¿Y cómo se crea la temperatura adecuada, sin quemar a las personas pero sin que se queden a medio gas?

Mi propuesta

Con prácticas organizacionales saludables y directivos emocionalmente inteligentes, orientados tanto a resultados como a personas. Es decir, que tengan consciencia de que los resultados se obtienen junto a las personas, y no por encima de ellas.

Directivos conscientes de que su acción es clave para que las personas que van a crear el resultado (el bizcocho) para el cliente, necesitan una organización, gestión y temperatura adecuada:

  1. Definición transparente de qué es éxito para la organización
  2. Claridad en las funciones del colaborador
  3. Claridad en lo que se espera del colaborador
  4. Claridad en lo que cada colaborador puede esperar de su directivo y de la empresa
  5. Flexibilidad de horario (equilibrio trabajo-vida personal)
  6. Intercambio de feedback constructivo entre colaborador y supervisor
  7. Apoyo al equipo para quitar o amortiguar obstáculos
  8. Reconocimiento (al éxito y al esfuerzo, huyendo del “era tu trabajo”)
  9. Reservar tiempo a “parar” y reflexionar sobre cómo mejorar (innovación)
  10. Explicar el valor de cada aporte al conjunto (de cualquier departamento o área)
  11. Coherencia (hacer lo que dices que vas a hacer)
  12. Respeto y confianza en el equipo y sus individualidades

Por supuesto también es importante el envase final, la decoración, el aderezo, el marketing y la publicidad para enfocar la venta.

En definitiva, no sólo ofrecer un producto o servicio de calidad, sino que además lo parezca. Pero esto sólo será sostenible si el contenido es de calidad.

Nos lo cuenta perfectamente el gran chef Ferrán Adriá (el mejor cocinero del mundo para muchos).

Ferrán Adriá es muy bueno técnicamente, pero eso no le ha impedido madurar para dar lo mejor de sí mismo y extraer lo mejor de su equipo sin que se quemen. Lo explica él mismo en esta entrevista reciente,  en “el hormiguero”:

¿Estás dispuesto a hacer excelentes bizcochos en tu empresa “sin quemar los ingredientes”?

Fuente imágenes: misthermorecetas.com; fueradeserie.expansion.com; osvoyadarlalata.com  
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  1. 22 enero 2015 en 8:41

    ¡Qué buena metáfora! Y en estos tiempos en que muchas empresas y profesionales nos piden “comida rápida” y “soluciones precocinadas” supone una interesante llamada de atención y un reto.
    La llamada de atención es para recordar que hay una consultoría artesana, a medida del cliente y de su situación, que se cocina en la casa del cliente y con sus ingredientes y con todos los nutrientes que el cliente necesita; y también hay un coaching que no puede ser de otra forma que la descrita si quiere llamarse coaching con un mínimo de propiedad.
    Y el reto es mantenernos en el mercado con esta exigencia de calidad, sin ceder a la tentación de enlatar productos de serie y manteniendo la tensión creativa para seguir dando servicio de alta calidad, cocido en un buen horno el tiempo necesario y cobrado a precio justo.
    ¡Casi nada!
    Un abrazo, Juan Pedro.

    • 22 enero 2015 en 18:44

      Tus comentarios, Jose, son siempre para mí un extraordinario aporte que me hace ampliar el enfoque del post. La visión de la “comida rápida” y las “soluciones precocinadas” hacia nosotros mismos como profesionales, me ha encantado. Un abrazo.

  2. Fernando San Segundo
    23 enero 2015 en 22:22

    Ciertamente la metáfora es muy acertada y los ingredientes expuestos están muy bien ”traídos”.
    Sólo falta saber ponerlo en práctica, nunca es tarde para empezar.

    • 24 enero 2015 en 10:47

      Muchas gracias por dejar tu comentario, Fernando. También gracias por tu feedback positivo. Para saber ponerlo en práctica, lo primero que hace falta es QUERER. A partir de aquí, a pesar de problemas y obstáculos, con la adecuada ayuda profesional cualquier empresa puede llevarlo a la práctica y “saborear” sus excelentes resultados. Un saludo.

  3. Enrique
    25 enero 2015 en 21:54

    Felicitarte por el post y por como lo enlazas con el concepto creatividad/honestidad, eliges a Ferrán que en esto es indiscutible y recnocido mundialmente, por él me aficioné a la gastronomia y por él se explica gran parte del cambio de paradigma que se está produciendo, cambio que dicho sea de paso no va hacia un nuevo paradigma sino ante la ausencia de él. Me quedo con la expresión de Adriá cuando habla de “ponerse en orden”….. dice mucho con esa expresión que puede parecer coloquial pero tiene transfondo y contenido, la interpretación es activo resortes de creatividad, me adelanto en el sentido de anticipo al grupo, preparo substrato para hacer equipo y luego lo enciendo (a modo de fogón) y lo dejo hirviendo “solo” con mis aportaciones dentro…. me voy de viaje, desconecto y cuando vuelvo a ver que me encuentro sabiendo que dejo en buenas manos(creativas) el puchero…. se rodea de los mejores para mejorar, con humildad a pesar de ser reconocido de los mejores (sino el nº1, por eso es el número uno y por eso es capaz de revolucionar en su campo porque innova “sin fronteras”cy por el simple hecho de explorar lo creativo, con pasión y dando carta de naturaleza a los sueños. Un abrazo JP

    • 26 enero 2015 en 15:49

      Muchísimas gracias, Enrique. Tus comentarios y feedback son siempre muy enriquecedores. A mi también me ha cautivado Ferrán. Si no has visto todavía su conferencia en Harvard (traducida al inglés por José Andrés -otro de los grandes-, te la recomiendo https://www.youtube.com/watch?v=z659R9Uzc0M )
      Un abrazo.

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