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FLEXIBILIDAD EMOCIONAL: CLAVE PARA EL ÉXITO PROFESIONAL

Gracias a la investigación en psicología, junto a las neurociencias, estamos conociendo mejor cómo funcionan las emociones en el ser humano; qué finalidad tienen y cómo impactan en la salud, el pensamiento y la conducta.

Como las emociones son inherentes al ser humano vaya donde vaya, incluido el ámbito organizacional y de negocio, sería una negligencia por nuestra parte que las obviásemos aferrándonos a la obsoleta y caduca idea de que el ser humano es eminentemente racional.

Y aunque la mayoría de las veces hablamos de emociones de valencia agradable como forma de potenciar la productividad en el trabajo (alegría, entusiasmo, humor, orgullo, satisfacción, serenidad, calma o confianza), no siempre son las más adecuadas en cualquier momento y situación.

Igualmente, hablar de seriedad, solemnidad, enfado, ansiedad, desconfianza o miedo, como emociones predominantes para un buen rendimiento laboral es un error garrafal de primera magnitud.

¿Por qué? Porque la rigidez, en general, no es buena compañera de éxitos. En mi opinión y experiencia, es mucho más productivo y exitoso aprender a hacer un uso flexible de nuestro sistema emocional (ya inteligente por sí mismo).

La clave del éxito profesional está en aprender a gestionar nuestras emociones de forma consciente e inteligentemente flexible.

En primer lugar tenemos que aprender a percibir, usar, comprender y regular nuestras emociones y las de nuestros compañeros o colaboradores.

Esto lo podemos aprender seleccionando un buen taller práctico de gestión emocional aplicada al trabajo y… mucha, mucha práctica.

Y cuando digo “un buen taller” no quiero decir sólo en contenidos (que esto está al alcance de cualquiera) sino en localizar un ponente profesional que haya trabajado su propia inteligencia emocional y que sea capaz de “llegar” a su audiencia, conectar “y verter su esencia” para que salgan transformados y capaces de llevarlo al día a día.

En segundo lugar es altamente crítico saber generar la emoción adecuada (en nosotros mismos y en los demás) a la situación y/o tarea en al que tenemos que trabajar, ya que si tenemos “distracciones emocionales” no estaremos optimizando el nivel energético y atencional que nos proporciona cada tipo de activación emocional.

Uso Emociones

De esta manera y a modo de ejemplo, tal como vemos en el gráfico, dependiendo de la valencia o “agradabilidad” de la emoción y de su intensidad, estaremos mejor preparados para abordar un tipo de actividad u otro.

Por ejemplo, para desenvolvernos en tareas y situaciones que requieran análisis y reflexión (p.ej., revisar un informe o propuesta antes de enviar a un cliente), la emoción más eficaz para ello es la que tiene un tono “negativo”, de intensidad moderada, como puede ser tristeza o seriedad.

Siguiendo con los ejemplos, reclamar el pago de una factura “que se resiste” requiere un comportamiento enérgico de superación y defensa de intereses para exigir nuestro derecho de cobro (mediante expresión asertiva, uno de los pilares de la inteligencia emocional). Para ello, la emoción optima requiere mayor intensidad de tono negativo, como puede ser un enfado moderado.

Como vemos, no siempre la mejor opción es la alegría o el entusiasmo, ya que hay situaciones y tareas que requieren emociones de valencia más desagradable.

Sin embargo, para tareas que requieran creatividad o innovación (generar nuevos proyectos, abrir mercados o planificar las ventas del próximo año) es crucial generar emociones de tono positivo e intensidad moderada, como la alegría, el humor o el entusiasmo.

Igualmente, para promover la colaboración, la cooperación y la cohesión de nuestros equipos es necesario generar climas de humor positivo, confianza y satisfacción.

¿Dónde está la dificultad? En desarrollar una sensibilidad consciente hacia el contexto que nos permita poder elegir y regular emociones adecuadas, evitando distorsiones emocionales que nos lleven a mantener sentimientos poco adecuados o incluso opuestos a la tarea o situación en la que tenemos que desempeñarnos (o nuestro equipo).

De nada sirve una reunión para encontrar soluciones innovadoras o creativas donde el pensamiento lateral sea necesario, si generamos tensión, miedo o rabia de elevada intensidad entre nuestros compañeros o colaboradores. Estas emociones estrechan el campo atencional del cerebro y predisponen al análisis excesivo y la “rumiación”, intentando localizar conductas de escape o evitación.

En cambio, si nuestra reunión de equipo es para analizar los detalles de una situación problemática, sí que necesitaremos un clima de seriedad, tristeza o incluso enfado, pero de intensidad leve o moderada, para que no se nos pasen por alto los detalles del problema.

En este caso, emociones como la alegría y el entusiasmo serían más agradables pero como amplían el campo atencional, probablemente dejaríamos pasar por alto pequeños detalles que podrían ser cruciales para dar con una solución.

Otro ejemplo más complejo. Para facilitar que un equipo comercial supere un punto de resistencia en ventas, además de las técnicas de venta adecuadas, será crítico generar emociones “negativas” de intensidad moderada (enfado o rabia, sin llegar a la ira o la ansiedad) en primera instancia, porque dotan de la energía necesaria para hacer esfuerzos de superación ante obstáculos que impiden nuestro objetivo.

Posteriormente, esas emociones hay que transformarlas, debidamente, en sentimientos de autoeficacia (creer que uno puede conseguirlo), compromiso y entusiasmo, ya que estas emociones facilitan la perseverancia, la colaboración y la aproximación a metas apetititvas.

Cada emoción proporciona la energía física y mental adecuada para llevarnos a la acción o la inacción.

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Pero, ¡ojo!, todas estas emociones debemos gestionarlas para usar nuestra energía de forma adaptativa hacia las situaciones o tareas que queremos superar.

Raramente van dirigidas contra la identidad de las personas, porque si “personalizamos” nuestros enfados y tensiones (o nuestras alegrías y euforias), éstos se volverán en nuestra contra ya que confundiremos a las personas que nos rodean y ,a medio plazo, no querrán trabajar con nosotros, o lo harán “a medio gas”.

Tenemos que dirigir nuestra flexibilidad emocional con firmeza hacia las situaciones que queremos cambiar y con suavidad hacia las personas que intervienen en ella.

Es muy fácil quedar atrapados en una “jaula mental” buscando culpables en lugar de soluciones.

Si aprendemos a desarrollar esta flexibilidad emocionalmente inteligente, conseguiremos hacer funcionar más saludablemente cuerpo y mente.

Y esta mejora personal nos llevará a la mejora profesional , ya que seremos dueños de nuestras emociones y no esclavos de ellas, sacándoles mayor productividad.

¿Y tú, has aprendido a ser emocionalmente flexible?

Fuente imagen mapa energético corporal: Revista pnas.org
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  1. Angela Caja Mendiola
    4 noviembre 2014 en 18:13

    Me ha encantado Juan Pedro. Realmente es muy buen resumen de un tema que lleva tiempo intentando entrar en el entorno empresarial, pero por razones que yo aun desconozco, parece que cuesta. Soy Psicologa y realice el master de RR.HH. y otro master de Coaching. Todo el tema de desarrollo personal, motivacion, inteligencia emocional, etc. me encanta. Como te digo, es muy buen articulo. Espero poder leer mas como este.
    Un saludo.

    • 4 noviembre 2014 en 20:11

      Muchas gracias, Angela. Me alegra mucho que te haya gustado el artículo, más viniendo de una colega con un nivel de formación como el tuyo. Un placer que me leas y que hayas dejado tu comentario en este blog. El tema de incorporar esto al entorno empresarial es cuestión de tiempo. Ya sabes que cambiar paradigmas y creencias cuesta muchísimo. Entre todos lo conseguiremos, por el bien de las personas y las organizaciones del siglo XXI. Saludos.

  2. Wuendy Aristi
    14 noviembre 2014 en 4:14

    Maravilloso artículo Juan Pedro . Es impresionante como la forma en que uno maneja sus propias emociones, es la que define el lugar a donde tu mismo eres capaz de llegar. Soy profesora y trabajo con niños de nivel inicial y primaria en mi propio centro de talleres de creatividad y artes plásticas pero ejercí la docencia en aula como tutora por 15 años. Qué bueno fuera que los profesores de ahora lograsen aplicar lo que dices día a día, en las pequeñas mentes de los grandes del mañana. Eso haría que crezcan más seguros, autónomos y puedan enfrentarse a nuevas situaciones con una actitud ganadora. Espero seguir al corriente de tus futuros artículos. Saludos.

    • 14 noviembre 2014 en 8:48

      Muchísimas gracias por dejar tu comentario, Wuendy. Me alegra mucho saber que cada día hay más docentes como tú que comparten el valor de las emociones y lo transmiten a sus alumnos para que puedan crecer más sanos, seguros de sí mismos y autónomos, tal como indicas. Un cordial saludo.

  3. Dolors
    21 noviembre 2014 en 14:20

    Un artículo fantástico!
    La imagen me parece extrordinaria.
    Felicidades

    Dolors
    @Mdviaplana

    • 21 noviembre 2014 en 18:17

      Muchísimas gracias, Dolors. Un privilegio tener tu comentario en este blog. Saludos!

  1. 26 abril 2016 en 15:28

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