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¿QUIÉN CUIDA AL CUIDADOR? DIRECTIVOS “SWITCHED OFF”

2014-07-02 19.17.12

El pasado miércoles 2 de julio, asistí a la presentación del libro “El dilema del directivo“. Fue en un enclave valenciano de extraordinaria belleza, puesto que estábamos en un restaurante justo encima del mar.

Junto a su co-autora, Isabel Iglesias, lo presentaba Carmen Soler y Miguel Ángel Díaz (extraordinarios profesionales que se dedican, como yo, a ayudar a aquellas organizaciones que quieren ser mejores lugares para trabajar -saludables, agradables y seguros-, a la vez que rentables).

Echamos de menos, por supuesto, a su otro co-autor, Daniel Sánchez Reina, gran profesional con el que me comunico en el 2.0 y al que tengo ganas de conocer en el 1.0 (seguro que tendrá a bien complementar la amable dedicatoria que me hizo, Isabel Iglesias).

A lo largo de la entrevista que sirvió de presentación del libro, surgió esta pregunta al hilo del capítulo 9 (El dilema de la motivación del jefe): “¿Y quién motiva al motivador cuando se viene abajo?, ¿quién cuida al cuidador?”.

He de reconocer que pensé para mis adentros “¡Menuda pregunta más difícil!”. Si me la hacen a mí en ese momento, me hubiese surgido un blackout (mente en blanco), seguramente.

Antes de seguir, aclarar una cosa. Suele haber controversia sobre si uno/a tiene que llevar la motivación al trabajo igual que la ducha, es decir, puesta al salir de casa.

Mi opinión es que cada uno debe llevar su motivación de casa. Ahora bien, al igual que ocurre con la ducha, con el paso de las horas te sueles ir manchando/sudando en proporción al grado de limpieza/suciedad del ambiente/entorno en que trabajes.

“No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia”, Refranero español.

Entonces, entre todos nos debemos ocupar (directivos y colaboradores) de NO VERTER “monodosis de porquería” sobre el ambiente (prevención) para no erosionar la motivación que cada uno trae de casa:

  • Hacer juicios de valor sobre el otro
  • Omitir el saludo al llegar o al salir
  • Ningunear
  • Obviar los sentimientos
  • Usar malas formas a la hora de comunicar
  • Trabajar como el ejercito de Pancho Villa (sin orden ni concierto)
  • Incurrir en incoherencias
  • Falta de equidad y justicia
  • Mantener agendas ocultas

ScreenClipEs más, se trata de inyectar “monodosis nutritivas” (promoción del bienestar) para contribuir a un clima emocional más armónico, saludable  y productivo:

  • Hablar sobre hechos y conductas observables (u omitidas)
  • Saludar a todo el mundo
  • Contar con la opinión de los demás (y más si son parte afectada directa)
  • Tener en cuenta los sentimientos
  • Tratar a los demás con respeto y cortesía
  • Trabajar en equipo, acordando las reglas del juego
  • Armonía entre lo que decimos y hacemos (coherencia)
  • Remunerar dignamente y sin discriminación de ningún tipo
  • Equilibrar objetivos personales y globales

Dicho esto, me acabo de dar cuente de que, más o menos, he respondido a la pregunta que da título y origen a este post.

Es decir, ¿quién se ocupa de cuidar al cuidador? Entre todos. ¿Quién se ocupa de motivar al motivador? Entre todos, procurando evitar esas “monodosis de desmotivación” e inyectando “monodosis nutritivas” en el ambiente. Lo mejor, es que esto sirve para cuidar y motivar a todo el equipo.

Si partimos de la base en la que decíamos que cada uno tiene que venir motivado desde casa, los demás (todos/as) nos tenemos que preocupar y ocupar de conseguir mantener ese clima de armonía saludable la mayor parte del tiempo.

¿Y qué ocurre si aún así el directivo está desmotivado? Si él mismo no se da cuenta (no es consciente) y tiene un superior, éste se tendrá que encargar de averiguar qué pasa. Saber si es un tema profesional (para solucionarlo) o personal (para ver en qué puede ayudar).

Para esto, el equipo directivo tendría que estar entrenado en competencias emocionales.

Si es un tema personal, lo ideal sería que el directivo se tomara unos días hasta que lo solucionase.

Si el problema es de mayor calado y no se resuelve con unos pocos días, él mismo debería comunicar a su equipo que su estado emocional es deficiente y deberán funcionar de forma más autónoma durante un tiempo.

Comunicación_2En cualquier caso se debe comunicar abierta y honestamente al equipo, porque las emociones se contagian con extrema facilidad y un estado emocional negativo crónico conlleva muchas pérdidas de productividad, y por tanto, económicas.

Hasta pronto!

Autor: Juan Pedro Sánchez
Fuente imágenes: fotografía (producción propia); e-saludable.com; elempresario.mx

 

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  1. 7 julio 2014 en 16:26

    Muy buena la pregunta y mejor la respuesta. Creo que es una pregunta de muy difícil respuesta. Donde reside la motivación? Qué % es personal? Son todas relativas a la persona. Gracias por el post!!!

    • 7 julio 2014 en 17:50

      Gracias a ti, Iosu, por el comentario. Aún estando de vacaciones me dedicas tiempo. Todo un honor, amigo! Difícil respuesta, efectivamente. Felices vacaciones!

  1. 18 julio 2014 en 11:23
  2. 22 julio 2014 en 8:22

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