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COMIDAS Y CENAS DE EMPRESA, ¿MOTIVAN O DESMOTIVAN?

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Echando un vistazo a los orígenes de las comidas o cenas navideñas de empresa, parece que hay un antecedente basado en las celebraciones que se hacían durante el solsticio de invierno en tiempos romanos en honor a Saturno (Dios romano de la agricultura), la festividad de Saturnalia.

Esta celebración se parecía bastante a nuestras comidas y cenas de empresa navideñas. Los romanos, durante 7 días, liberaban temporalmente a los esclavos y se intercambiaban regalos. Por ello se llamaba coloquialmente la Fiesta de los Esclavos.

Aunque pueda parecer una barbarie el símil con los esclavos, la finalidad hasta hace poco era la misma (no creo que en el S.XXI exista ya este pensamiento, ¿o sí?): compartir con los subordinados un rato de buen ambiente, ofreciendo ricas viandas y simpáticos regalos para “distraer” al personal.

Si miramos en el diccionario el significado de “distraer”, vemos que quiere decir “apartar, desviar o alejar la atención de alguien del objeto al que la aplicaba“. Es decir, el objetivo era que la gente apartase su atención de lo desagradable y duro del trabajo diario e incluso de posibles abusos de poder ejercidos.

Hoy diríamos que se trata de dejar de lado las tensiones del día a día y “confraternizar” con compañeros, jefes y colaboradores. Incluso algunos expertos en recursos humanos creen que es importante realizar y asistir a este tipo de eventos, ya que se fomenta la cohesión de los equipos y mejora la empatía entre compañeros.

Y yo también lo creo. Lo que ocurre es que dependiendo del estilo y las prácticas de liderazgo que se ejerzan en el día a día de la empresa, este tipo de celebraciones puede mejorar las relaciones y servir de elemento motivador, o por el contrario, puede tener un efecto desmotivador o “tensionador” del mal clima ya preexistente.

Por ejemplo, un liderazgo con alto déficit de comunicación, baja empatía, falta de apoyo o de equidad, o peor, un liderazgo incoherente va a provocar una baja asistencia a este tipo de eventos, o “en el mejor de los casos” una asistencia forzada, meramente superficial, donde se producirán críticas de pasillo improductivas y generadoras de distanciamiento, en vez de acercamiento (con pocas sonrisas Duchenne y mucho glamour superficial).

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¿Qué quiero decir? Pues que la cohesión de los equipos, la mejora de la empatía, el apoyo, etc., se tiene que desarrollar en el día a día, no solo en una comida o una cena puntual. Esto es lo que de verdad nos permitirá construir equipos fuertes y poderosos, resistentes y proactivos ante las dificultades, comprometidos, con ganas de desplegar lo mejor que llevan dentro, su magnífico talento.

En este último caso, las comidas y cenas de empresa sí que servirán como reforzador y potenciador de ese trabajo de buen liderazgo desarrollado el resto del año. Serán un buen “pegamento social corporativo”.

Sí que es cierto que en algunos casos en los que no hay un mal liderazgo tan explícito y no se ha deteriorado demasiado el clima, una comida o cena puede mejorar la cohesión de los colaboradores.

Pero insisto, si no hay una estrategia corporativa de prácticas saludables y liderazgo emocional, difícilmente este tipo de eventos servirá para algo más que no sea realizar un gasto innecesario o superfluo.

Ahora bien, como nos gusta aparentar de “puertas para afuera”, aunque tengamos la casa por barrer, es muy habitual que se realicen este tipo de eventos aunque no supongan una inversión ni a corto ni a largo plazo (vamos, aunque suponga un importante gasto).

Es algo paradójico y hasta “gracioso” que algunas empresas argumenten su falta de inversión en desarrollo de liderazgo emocional en base a que no les supone retorno de inversión a corto plazo (algo que no es una razón, sino una excusa proveniente de una creencia, como la de que gestionar las emociones es algo infantil e inútil) y luego se gasten varios cientos o miles de euros en una cena de empresa.

Feliz Navidad y mejor 2014!

Volveré con más artículos después de fiestas.

Fuente imágenes: arquehistoria.com; productoslea.com;
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  1. 18 diciembre 2013 en 12:38

    Muy de acuerdo contigo en este maravilloso post. Con realizar una cena al año, no satisfacen las empresas la ” cuenta emocional ” de sus empleados, y si acallan su conciencia.
    Es un trabajo de cada día, y eso es lo que cohesiona, como muy bien expresas.
    Sigue así!
    Abrazos!!

    • 18 diciembre 2013 en 15:31

      Un honor y un placer que te pases por esta humilde morada y dejes impreso tu comentario, Iosu. Muchas gracias!
      Un abrazo y felices fiestas!

  2. Antonio
    27 diciembre 2013 en 17:33

    Mi empresa este año, ni siquiera a echo cena. Así que los más íntimos nos hemos ido por nuestra cuenta, y la verdad es que ha sido en un ambiente mucho más relajado y distinguido, en Fridays, que la comida nos gustaba a todos y como tenían un menú para grupos, nos salió bien de precio.

  3. Javier Ribas
    4 enero 2014 en 13:04

    “Es algo paradójico y hasta “gracioso” que algunas empresas argumenten su falta de inversión en desarrollo de liderazgo emocional en base a que no les supone retorno de inversión a corto plazo”
    Tras tu conferencia le di mucas vueltas a este asunto. Cada dia soy más defensor y partícipe de la necesidad del liderazgo emocional. ¡Qué lástima que haya empresas desperdiciando un montón de energía y buscando soluciones cuando la podrían tener muy cerca!
    Y sí, en cuanto a lo de las comidas de empresa, prefiero aquellas que vienen del ánimo de estar juntos fuera del ambiente laboral. Esas sí que hacen equipo.
    Un abrazo y como siempre, gracias por tu trabajo.

    • 7 enero 2014 en 9:26

      Muchas gracias a ti, Javier, por tu interesante comentario. Creo que algunas empresas ya están introduciendo cambios en este sentido y descubriendo las ventajas de gestionar las emociones colectivas.
      Un abrazo.

  4. Albert Rossell
    23 diciembre 2014 en 18:07

    Creo que estas cuestiones admiten la analogía con el famoso caso de la cafetería que, al servirte el café, te proporciona además una chocolatina. Si el café es bueno, la chocolatina ayuda a pensar que el servicio ha sido excelente. Si el café es malo, el cliente piensa que ya se podrían haber gastado el dinero de la chocolatina en que el café fuese más bueno, con lo que contribuye incluso a empeorar su satisfacción. La empresa y su día a día son el café. La cena de Navidad (y otros recursos parecidos) son la chocolatina. Y los trabajadores o colaboradores actúan, en este caso, como clientes.

    • 24 diciembre 2014 en 11:18

      Muchas gracias por visitar el blog y enriquecer el post con tu comentario, Albert. No conocía el caso de la cafetería (excelente analogía), así que doblemente agradecido. Lo has expresado perfectamente también con la analogía de los componentes de la cafetería y una empresa cualquiera. Un cordial saludo y Felices Fiestas.

  1. 20 diciembre 2013 en 7:27

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