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APAGÓN EMOCIONAL DE EQUIPOS: ¿CÓMO EVITARLO? (parte I)

Si el directivo actual supiera que el sistema emocional del profesional (“homo laboris”) es el que hace saltar la chispa y mantener la llama de la curiosidad, la atención, la actitud, la motivación y el compromiso hacia el trabajo, y que él mismo (el directivo) tiene en su mano un alto poder de regulación de dicho sistema emocional, estoy seguro de que no dudaría en aprender y poner en práctica esa capacidad de regulación, aunque sea con un fin puramente pragmático.

apagon emocional

No es cierto el razonamiento (excusa, diría yo) que hace responsable único de la motivación y el compromiso al propio empleado, porque no podemos olvidar que somos seres socio-emocionales, que no trabajamos aislados y que nuestro comportamiento es fruto de la decisión cognitivo-afectiva resultante de la interacción de nuestro sistema nervioso con el entorno, el contexto y el comportamiento de otras personas con las que compartimos nuestro tiempo. Sí que es responsabilidad del empleado levantarse cuando suena el despertador y prepararse para ir al trabajo, pero una vez allí, su motivación y compromiso no va a depender sólo de él, ya que va a influir lo que suceda en el ambiente laboral.

Cuando el talento es el motor, la emoción es la gasolina

Dicho esto, puedo empezar a explicar cómo regular el clima emocional de un equipo, departamento o empresa para que cuando vengan “las vacas flacas” (como ahora) tengamos un equipo fuerte al que le podamos pedir que reme con vigor y haga sobreesfuerzos mantenidos en el tiempo sin que se produzca el llamado “apagón emocional” que no es ni más ni menos que la desconexión, la rotura, o el desprendimiento entre la unión invisible que hay entre la empresa y el compromiso psicológico del trabajador hacia la misma (de forma unidireccional o bidireccional).

Me encanta la frase de Miguel Ángel Diaz que dice “cada directivo tiene el equipo que se merece”, transmitiéndonos que la energía emocional del equipo (y por tanto su comportamiento) termina siendo el fruto del estilo directivo, para bien y para mal.

Aunque un par de posts (he dividido esta entrada en dos partes) no da par explicar con detalle la estrategia y el comportamiento adecuado del directivo ante esta capacidad privilegiada de regulación emocional, sí daré unas pinceladas  que pueden servir de orientación para aquellos jefes, responsables y/o directores que sientan la inquietud de probar a hacer algo diferente y comprobar los resultados.

El objetivo a alcanzar (no fácil, si no, todo directivo lo conseguiría) es encender y mantener la “temperatura” o el clima laboral en un término medio, es decir, ni una llama exagerada (grandes pero falsas expectativas), ni esporádicos “chisporroteos” que pierden su valor por no ser sistemáticos y continuos (p.ej., reconocer el buen trabajo muy de vez en cuando), ya que estos niveles extremos de temperatura no resistirán el apagón emocional cuando vengan tiempos difíciles.

Ese término medio lo podemos asemejar a la generación y mantenimiento de “brasas emocionales” (cuidado del clima emocional de manera sistemática y permanente, al igual que se hace con el clima financiero).

brasas emocionales

¿Por qué brasas emocionales? Porque cuando soplen fuertes rachas de viento (puntas o picos de trabajo de duración variable o desconocida), las brasas no se apagarán. Al contrario, se encenderán con más fuerza (las personas sacarán su energía y lo mejor de sí mismos para ponerlos al servicio de la empresa y sus clientes). Será entonces relativamente fácil conseguir que todo el mundo (o la gran mayoría) reme con fuerza y tesón para surcar el mar de la incertidumbre.

¿Cómo se consigue ese punto de temperatura que da lugar a las brasas emocionales?

La próxima semana propondré algunas conductas de directivos y supervisores en este sentido.

Hasta pronto!

Fuente imágenes: chavalada.com; subrayado.com.uy
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  1. Eduardo Choppelo
    12 septiembre 2013 en 15:36

    Estimado Juan Pedro: Muy interesante este aperitivo. Concuerdo contigo en que la emoción es decidora al momento de esperar una determinada conducta. Si la emoción de nuestro trabajadores es por ej. la rabia, frente a situaciones reales o ficticia, no nos va dar lo mejor de si, al contrario va a colocar “ruedas cuadradas” a su móvil. O si la emoción predominante es la tristeza, tendremos a un trabajador casi desconectado del entorno y muy ensimismado.
    Quedo expectante de tu próxima entrega.

    • 13 septiembre 2013 en 10:50

      Muchas gracias por tu amable comentario, Eduardo. Me gusta mucho el símil de las “ruedas cuadradas” que has puesto. Efectivamente, tal como ha descubierto la neurociencia, primero sentimos y después pensamos y llevamos a cabo nuestra conducta más o menos alineada con el sentimiento (como en los ejemplos que describes). Prometo hacer la próxima entrega la próxima semana.
      Un saludo!

  2. Anna Puigdomènech
    15 septiembre 2013 en 17:28

    Me gusta el artículo, y lo comparto completamente. Sin duda,las brasas emocionales pueden permitir el sobrevivir y remontar duras situaciones, el problema viene derivado cuando estas brasas no son realizadas por la direccion, sino por compañeros de equipo, los moldeadores de situaciones estresantes. Gracias por compartir tu visión.

  3. carlos blanquer fonquerne
    18 septiembre 2013 en 16:53

    Felicitaciones por el tema.He vivido la transformacion de una organizacion tradicional a otra por equipos y procesos y el mantener emocionalmente positivos a los equipos puede ser muy facil o muy dificil.Depende principalmente del estilo de Direccion y de la coherencia de muchos factores en el trato a los colaboradores,mostrar confianza,darles poder de decision,desarrollo de su autoestima,proyectos que requieran esfuerzo pero de los que puedan sentirse orgullosos,etc.Principalmente evitando factores negativos que minen su motivacion.

    • 18 septiembre 2013 en 17:37

      Muchas gracias por tu comentario, Carlos. Un placer tenerte en este blog. Pues que te voy a decir, has señalado los factores que explico en la segunda parte de este artículo. Está claro que has vivido en primera persona este tema.

      Un cordial saludo.

  1. 17 septiembre 2013 en 11:28

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