Gestionar la mente

Gestionar la mente– Oye, tengo que darme de alta en autónomos para iniciar un nuevo proyecto, y estaba pensando que el tema de la gestión administrativa, el papeleo, el registro de ingresos y gastos, etc., ¿lo podría gestionar yo?

– Hombre, como poder, claro que puedes. Lo que ocurre es que si no estás habituado, tendrás que leer mucha documentación, normativa, etc., dedicarle mucho tiempo y aun así, seguramente cometerás errores. Si te lo gestiona un profesional, tendrás que pagar, pero podrás dedicar tiempo a otras cosas que sean más productivas y rentables para ti. Además, si contratas a un buen profesional, te asegurarás de que te proporciona la mejor gestión posible y dormirás tranquilo.

Esto es un diálogo que tuve esta semana con un empresario al que le estaba preguntando por los trámites para iniciar mi nuevo proyecto como Psicólogo Consultor de Desarrollo Organizacional.

Acto seguido, me dice: -¿Puedo yo gestionar mi mente? -Hombre yo creo que sí, pero si quiero hacerlo con eficacia, de forma positiva, optimizando y potenciando su rendimiento, lo mejor es que vaya a un profesional, a un Psicólogo. Tendré que pagar, pero si contrato un buen profesional, me proporcionará la mejor gestión posible y podré dormir tranquilo (nunca mejor dicho), ¿no crees?

Esto me ha hecho reflexionar sobre la poca cultura que tenemos en España sobre la gestión mental, en general. Pero ya no digamos en las empresas. Éstas, habitualmente, gastan miles de euros al año en contratar gestión y asesoría administrativa, fiscal, jurídica, contable, PRL, LOPD, etc., pero muy poco, o nada, en gestión mental de sus Directivos y Empleados.

Piensan equivocadamente, quizá por arrastre cultural, que:

la iniciativa

la orientación al cliente

la autoconfianza

la autoeficacia

el autocontrol

la flexibilidad frente al cambio

la orientación a resultados

el optimismo inteligente

el humor positivo productivo

la perseverancia

la resistencia a la adversidad

la tolerancia a la frustración

la motivación

el liderazgo transformacional

la comunicación verbal y no verbal

la empatía

el entusiasmo

el engagement

la satisfacción

el bienestar mental subjetivo

la creatividad

la innovación

las emociones positivas

– el flow

el saber contribuir a un clima positivo

el trabajo en equipo

la inteligencia emocional

es algo, que:

– la gente ya desarrolla de manera natural

– los colaboradores traen de serie cuando los contratamos

 el empleado se pone a hacer de manera automática porque el jefe se lo pide

viene incluido en el salario que pagamos

– los trabajadores tienen que hacer porque sí, (“porque la cosa esta muy mal y si no hacen bien su trabajo los echamos y contratamos a otra persona porque “pego una patada y salen cinco mil”. Lo que quizá muy pocos se han parado a calcular es el coste de la rotación, porque al contratar a otra persona “vuelta a empezar todo el proceso”).

– no tiene mayor importancia, que lo importante es “que la gente haga su trabajo y punto”. (Esto es el summun de la mediocridad).

¡Y se quedan tan anchos! Es como si le dijeran al empresario:

–¡venga, redacta un texto legal para la alianza empresarial, que tengo que ir a firmarlo esta tarde, que la cosa está muy mal!

–¡venga, rápido, prepara todo el tema de la LOPD, que mañana tenemos inspección!

Si es algo que no sabes hacer, que no es el núcleo de tu profesión, lo tendrás que aprender o contratar, ¿cierto? Pues eso. Pero es tan obvio que lo obviamos.

En cuanto al desempeño, Richard Boyatzis (1982) llama competencias umbral, a aquellas que permiten lograr una actuación laboral suficiente, es decir, el mínimo para “cumplir” con las tareas técnicas del puesto. A las competencias que distinguen a un empleado o directivo con un desempeño excelente de otro normal, les llamó competencias diferenciadoras.

Entonces, si se quiere ir más allá, si se quiere obtener un desempeño superior, un desempeño excelente, de forma que los clientes “lo noten”, las empresas tienen, inexorablemente, que enseñar a sus empleados y directivos a desarrollar todas estas competencias mentales diferenciadoras, tienen que dotarles de recursos mentales, porque tradicionalmente no las traen de serie en la mochila, con el sueldo. Es más, en muchos casos, ni han oído hablar de ellas.

Por lo tanto, la realidad es que estas competencias y habilidades diferenciadoras son más importantes que los llamados KAS (conocimientos, aptitudes y destrezas) para el desempeño del puesto de trabajo, porque disparan los resultados.

El empresario actual, ya no tanto para disparar sus resultados, sino simplemente para perdurar en el tiempo, para contribuir a que su empresa sea sostenible, tiene que potenciar una gran mayoría (si no todas) de estas habilidades y competencias en sí mismo y en sus empleados, tiene que gestionar su mente y la de sus colaboradores con el mismo ímpetu con el que gestiona la economía, la estrategia o los conocimientos técnicos

Lo adecuado es contratar los servicios de un Psicólogo del Trabajo y las Organizaciones, que para eso están.

¿Y tú, gestionas tu mente y la de tus empleados? ¿o contratas a un profesional para que lo haga?

Hasta pronto!

Imagen obtenida de http://www.emprendedoresnews.com/tips/canjes/gestionar-nuestro-bien-2.html

 

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