Cocodrilos, crisis y superación.

CocodriloNo sé si conoces el chiste de la piscina y los cocodrilos. Dice más o menos así:

Un millonario da una fiesta en una de sus mansiones y al finalizar el ágape dice a sus invitados:

– El que atraviese esa piscina llena de cocodrilos hambrientos, tendrá como premio un lujoso coche, una lujosa mansión y un lujoso Jet privado.

Se alzó un silencio sepulcral que permitía oír perfectamente la respiración de aquellos reptiles anfibios. Cuando nadie lo espera, una persona se lanza a la piscina, lucha ferozmente con los cocodrilos,  consiguiendo cruzar la piscina; aunque eso sí, llega con la ropa hecha jirones y el corazón asomando por la boca.

El millonario, completamente obnubilado por el valor y el coraje de aquella persona, le dice:

– Ha sido usted muy valiente enfrentándose a las dificultades, luchando, avanzando, no dejando que el miedo lo paralice en ningún momento. Por ello, dígame dónde y cuándo quiere que le haga entrega del avión privado, la mansión y el coche de lujo.

El joven respondió:

– No quiero su mansión, ya tengo una vivienda digna. Tampoco quiero el coche ni el avión.

– Entonces, ¿qué es lo que quiere? Preguntó el millonario.

– ¡Encontrar al cabronazo que me empujó a la piscina!

Este chiste ilustra perfectamente el comportamiento “normal” de las personas “normales” como tú y como yo (al menos, como yo). Cuando estamos “bien” (pongo entre comillas el adverbio “bien” porque es muy fácil que las personas nos acomodemos a una vida incómoda; algo que llamamos “estar en la zona de confort”) no hacemos nada por mejorar, por superarnos. ¿Por qué? Pues porque el cambio, aunque entendamos que es positivo o pueda serlo, entraña un riesgo, el de la pérdida de la situación desde la que partimos si no sale bien el intento de mejora.

¿Cuándo iniciamos un proceso de mejora? Cuando tenemos asegurado el bienestar actual o statu quo, es decir, aunque salga mal nuestro intento de mejora, podríamos volver a la situación anterior. Claro, esto ocurre pocas veces, por no decir ninguna. Si las personas de la fiesta del chiste, supieran que si no les sale bien la oportunidad de cruzar la piscina, volverían a su situación anterior, probablemente habría más personas que cocodrilos en la piscina.

¿Cuál es la otra situación en la que podemos iniciar ese proceso de mejora? Cuando, como en el chiste, alguien nos empuja a la piscina. Es decir, cuando no tenemos más remedio. Bueno, pues este es mi caso.

Hace mucho tiempo que llevo preparándome para saltar a la piscina, pero todavía no había sido capaz de decidirme a dar ese salto. Durante unos 4 años he hecho numerosas pruebas en piscinas de entrenamiento (sin cocodrilos, bueno con algún cocodrilo pero no muy agresivo). Empecé metiendo un pie para comprobar la temperatura; después he estado un ratito metido en ella; he nadado en diferentes modalidades; y todo bien. El caso es que cada vez que he hecho este “training pool”, he disfrutado, he tenido la agradable sensación del “flow”, y además el feedback de las personas que me han visto nadar, ha sido, en general, positivo.

Me explico. Hace 5 años que planifiqué un cambio en mi vida profesional. Quería seguir ayudando a las personas a mejorar su vida personal y profesional, pero no desde las TIC como hasta ahora, sino desde la Psicología, en concreto, desde la Psicología Organizacional Positiva. Como quería que fuera algo serio, científico, con rigor, me matriculé en la Universidad y empecé a estudiar Psicología, de la de verdad.

A fecha de hoy he terminado la carrera (o eso espero cuando vea las notas de este curso). Por lo que en los próximos meses tenía que decidir si “me soltaba” de mi trabajo de comercial TIC, y emprendía en el mundo de la Psicología del Trabajo y las Organizaciones un nuevo reto que me apasiona, me ilusiona  me motiva y me llena de energía positiva. En fin, algo por lo que, ahora que no nos oye nadie (chssss, acércate, acércate que te susurre al oído): estaría dispuesto a pagar por dedicarme a ello.

Pero claro, ¿y mi familia? ¿iba a poder seguir trayendo a casa el dinero necesario para vivir, sin lujos, pero dignamente?

Bueno, pues me empujaron. Acabo de entrar en la piscina, la de verdad, la que tienen cocodrilos hambrientos. He sido seleccionado para formar parte del ERE de la empresa donde trabajaba. Lo bueno de esto es que no tengo que buscar a quién me empujó. Sé quién es y, paradójicamente, estoy muy agradecido porque ya no tengo que decidir.

Ahora tengo la oportunidad de hacer lo que realmente quería hacer. Nadar libremente, con esfuerzo y tesón, pero feliz. ¿Seré capaz de atravesar la piscina y traer el sustento para mi familia y para mí? Os lo iré contando, porque como he dicho, acabo de entrar en la piscina y todavía estoy observando “a mis compañeros de natación”.

Al principio estaba cabreado por la caída, no lo voy a negar, pero ahora feliz y contento por la posibilidad real de poder dedicarme a mi sueño: ayudar a las personas y las organizaciones a mejorar desde dentro hacia afuera, es decir, una mejora duradera y sostenible (prevención de riesgos psicosociales –estrés, ansiedad, burnout-, fomentando factores positivos en el trabajo –autoeficacia y engagement, flow, optimismo, humor positivo-).

Por lo tanto, las organizaciones que quieran ayudar a crecer a sus empleados, conseguirán profesionales más satisfechos y felices, trabajarán mejor y esto repercutirá en la mejora de la satisfacción de los clientes y los resultados de la organización. Decía Alejandro Jodorowsky que “lo que das, te lo das”, y esto le ocurrirá a las empresas que den lo mejor a sus empleados. Serán Organizaciones Saludables, que es lo que necesitamos para salir de esta crisis (bueno, eso, y conseguir que las personas honradas sean las que gobiernen el mundo).

Puede ser también que haya personas que hayan sido empujadas a la piscina y no se vean capaces de cruzarla. Aunque tienen la capacidad, no la ven porque no han desarrollado los mecanismos cognitivos y emocionales adecuados para ello. A estas personas, y desde su misma situación de desempleo, estoy dispuesto a ayudarles a través de seminarios, charlas y talleres para que obtengan las herramientas necesarias para poder reinventarse (conocimientos, objetivos, autoeficacia, inteligencia emocional y acción dirigida), porque el mundo ha cambiado y ya no volverá a ser como antes.

Os seguiré contando. Hasta pronto!

 

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  1. oscar
    22 junio 2012 en 22:35

    He leído con atención y solo puedo desearte la mejor suerte del mundo, siempre te he tenido en un pedestal, los ratos que compartimos hablando y hablando sin parar, nunca los he olvidado y por no mentirte, siempre quise parecerme a ti. Pero ahora descubro a una nueva persona, mucho mas valiente con unos objetivos claros y con muchas muchas ganas de ayudar a los demás. Animo en la nueva etapa donde realmente podrás hacer lo que te apasiona. Abrazos.

    • Juan Pedro Sánchez
      23 junio 2012 en 10:36

      Muchas gracias por tu comentario, Oscar. No necesitas parecerte a nadie, porque ya lo haces muy bien tú solito :). En la última conversación que mantuvimos (aunque no era un sitio muy recomendable para reunirse) tuve la agradable impresión de estar conversando con alguien que había crecido y madurado interiormente, así que tengo que darte la enhorabuena. Yo también te aprecio. Un abrazo!

  2. Geles
    23 junio 2012 en 22:09

    Juan Pedro, todavía me acuerdo de cuando te conocí. Fue en una de esas incursiones que hicieste en el agua y… ¡qué bien nadabas! Nos cautivaste. A mí y a todos mis compañeros. Curiosamente, a lo largo de este tiempo, he ido conociendo personas cercanas a ti. Y todos coincidían en lo grande que era Juan Pedro. Por eso estoy convencida de que lo vas a hacer bien en esta nueva etapa. Tienes entusiasmo, ilusión y has trabajado mucho para sumergirte del todo. Como dice nuestro amigo Juan… no puede no salir.

    Me gustan mucho las metáforas. Cuando son buenas, como la tuya, explican perfectamente una situación y la hacen mucho más clara y sencilla de comprender.
    De paso, te animo a que sigas escribiendo con asiduidad, tienes mucho que enseñarnos.

    Un abrazo,
    Geles

    • Juan Pedro Sánchez
      24 junio 2012 en 13:35

      Vaya! Geles, comentarios como el tuyo son los que me impulsan a seguir adelante y no venirme abajo. Muchas, muchísimas gracias. La verdad, es que no quisiera llegar a viejo sin haber intentado arriesgarme a jugar el partido de mi vida, a nadar en la piscina de mis sueños, porque estoy seguro de que, aunque no salga bien, habrá sido enriquecedor para mí y para los que estén a mi alrededor. Al menos podré contarlo, no? 🙂 Con eso me conformo.

      Un fuerte abrazo, Geles.

      PD
      Ah! y te voy a hacer caso y voy a escribir con asiduidad. Lo prometo.

  3. Miguel Costa (DtP)
    25 junio 2012 en 17:50

    Enhorabuena Juan Pedro,

    Por la ley de la causa- efecto, tu esfuerzo obtiene recompensa. Llega la hora de la verdad, y ya has domesticado a tus peores cocodrilos (los miedos interiores). Así que ahora, a ser feliz, y que el éxito te acompañe. Nos vemos haciéndonos aguadillas

    Un abrazo

    • Juan Pedro Sánchez
      25 junio 2012 en 19:37

      Muchísimas gracias, Miguel, por este comentario tan alentador. Nos vemos en nuevas aguas 😉
      Un abrazo.

  4. 25 junio 2012 en 19:59

    Juan Pedro, ¡qué artículo más precioso y revelador!

    Te consta que siempre te he considerado una especie de ”alma gemela”, a pesar de nuestra poca relación ”física”.

    Si antes te admiraba, ahora te idolatro.

    Muchísima suerte en tu navegación. Solo puedo decir : ¡Pobres cocodrilos!

    Un abrazo.

    • Juan Pedro Sánchez
      25 junio 2012 en 20:21

      Uy, uy, uy, qué flechas más certeras al corazón, lanzas, José Luis. Se nota que eres un gran “Arquero de la Palabra”; muchísimas gracias por tus ánimos. Ahora sí que voy a tener tiempo para que podamos “desvirtualizarnos” y conocernos personalmente. Será un verdadero placer poder conocerte.

      Un fuerte abrazo!

  5. José Sánchez
    29 junio 2012 en 8:52

    Enhorabuena, Juan Pedro.
    Tu entrada me ha recordado de inmediato unas palabras de Goethe que nos dice que en el momento que asumimos un compromiso de manera definitiva, el Universo entero conspira a nuestro favor: “Todo tipo de cosas ocurren para ayudarnos, que en otras circunstancias jamás habrían ocurrido. Todo un fluir de acontecimientos, situaciones y decisiones crean a nuestro favor todo tipo de incidentes, encuentros y ayuda material, que nunca hubiéramos soñado encontrar en nuestro camino. Cualquier cosa que puedas hacer o soñar, puedes empezarla. El valor encierra en sí mismo genio, fuerza y magia”.
    No soy muy partidario del pensamiento mágico, así que prefiero entender a Goethe de forma más metafórica: quien asume un compromiso de forma definitiva, se pone en situación de aprovechar infinidad de circunstancias que, hasta ese momento, le pasaban desapercibidas.
    Es por esto por lo que te doy mi enhorabuena: por tu compromiso, por tu resiliencia y por el regalo que nos haces al compartir con nosotros tus reflexiones y emociones de este momento crítico.
    Pero atento, compañero, como bien sabes el compromiso también tiene sus peajes. Recuerdo aquel chiste habitual entre consultores, que probablemente conoces, acerca de la implicación y el compromiso: en un plato de huevos con chorizo, la gallina sin duda se implica; pero quien está realmente comprometido es el cerdo 😉
    Tengo para mí que saldrás airoso de tu compromiso sin pagar peajes tan excesivos (aunque, sin duda, algunos ya estás pagando). También estoy seguro que lo harás con la elegancia epistemológica y operativa que te caracteriza… y que nos regalarás la oportunidad de seguir aprendiendo contigo.
    Cada día es el primero del resto de nuestras vidas.
    Un abrazo

    • Juan Pedro Sánchez
      29 junio 2012 en 14:14

      Muchas gracias, José, por este comentario tan enriquecedor y motivador. Tengo claro que todo tiene un precio, en especial el de la “libertad”, pero empujar en la dirección de lo que te apasiona, te agota y te llena de energía al mismo tiempo. Todo dependerá de que pueda mantener una vida digna, sin lujos, para mí y mi familia. No pido más. En caulquier caso, os iré hablando de mis avances, avatares, vicisitudes, retrocesos y por qué no (espero) algún éxito. Por algo este blog se llama “La Palanca del Éxito”, no? jajaja.

      Un abrazo.

  6. Alejandro Jordan
    6 julio 2012 en 12:42

    Mucha suerte Juan Pedro, no dudo que tarde o temprano cruzarás la piscina. Vas a tener que cumplir tu sueño, sí o sí.

    Un abrazo

    • Juan Pedro Sánchez
      7 julio 2012 en 12:24

      Muchas gracias, Alejandro. Ojalá lleves razón. Un abrazo.

  1. 29 junio 2012 en 13:37
  2. 16 marzo 2015 en 21:16

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