T.A.G.

Motivado por algo que me ha afectado a mí personalmente durante mucho tiempo (aún hoy a veces persiste), y que percibo afecta a muchas personas (más de lo que imaginamos),  me he decidido a escribir este artículo.

Se trata del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), que si bien para considerarse un trastorno psicológico debe cumplir una serie de criterios que ahora después veremos, muchas veces sin llegar a ser un trastorno claramente diagnosticable, se convierte en algo bastante molesto para la persona que lo vive.

Básicamente, se trata de experimentar ansiedad (activación mental agotadora, junto a una activación del sistema nervioso autónomo) sin tener una causa concreta aparentemente. Y digo aparentemente, porque sabemos que es debido a la incertidumbre que nos provoca la anticipación de una  situación venidera (próxima o lejana, real o imaginaria). Puede ser la transición de las vacaciones al trabajo, la posibilidad de quedarse sin empleo, de no poder pagar la hipoteca, o un viaje que iniciamos en breve, una reunión, una entrevista,  o cualquier otro evento (aunque sea más o menos querido y/o esperado). Una explicación científica se puede leer aquí, con el modelo cognitivo de Beck (1985).

En muchas ocasiones, la incertidumbre es provocada por el “miedo” a no saber o poder controlar, o afrontar “a la perfección”, la situación anticipada. Cuando nos ocurre esto, solemos querer anticipar casi todos los detalles que puedan ocurrir. Pensamos: “si ocurre tal cosa, haré esto”, “si me dicen esto, contestaré esto otro”, y así sucesivamente. Y esto está bien cuando se trata de planificar o prepararnos técnicamente, pero es un problema cuando queremos detallar, controlar, y “mapear” absolutamente todas las posibilidades, ya que al intervenir otras personas en esas situaciones, es imposible prever sus conductas, que escapan a nuestro control.

Ese miedo a no saber o poder controlar o afrontar la situación hasta en el más mínimo detalle, puede venir de un exceso de perfeccionismo. El perfeccionismo, puede venir de una falta de autoaceptación (y puede que baja autoestima), y esa falta de autoaceptación puede venir de un exceso de exigencias y/o recriminaciones de las personas importantes para nosotros, que marcaron  nuestra infancia y adolescencia (por supuesto sin ánimo de fastidiarnos, ya que hicieron lo que ellos aprendieron, y así sucesivamente en generaciones anteriores).

En este punto, habría que evaluar también, si padecemos realmente un trastorno de ansiedad generalizada (TAG) o es algo más leve, pero que nos complica la existencia. Según el DSM-IV-TR, y sin ánimo de ser exhaustivos, algunos de los criterios para diagnosticar el TAG (que se define como “Forma crónica de ansiedad que se caracteriza por la presencia de ansiedad y preocupación excesiva durante un periodo de, al menos, 6 meses”),  serían:

  • Al individuo le resulta dificil controlar la preocupación constante.
  • La ansiedad y preocupación se asocian al menos a 3 de los 6 síntomas siguientes:
  • Inquietud o sensación de excitación
  • Fatiga fácil
  • Dificultad para concentrarse (“mente en blanco”)
  • Irritabilidad
  • Tensión muscular
  • Alteraciones del sueño (dificultad para conciliar el sueño o, al despertarse, sensación de sueño no reparador).

Por supuesto se deben descartar otras causas, como los efectos de drogas, fármacos, o enfermedad médica, u otro tipo de trastorno severo, por lo que habrá que recurrir a los profesionales de la salud para emitir un diagnóstico adecuado.

Si no llegamos a tener un trastorno claramente diagnosticado, pero queremos hacer algo para bajar la ansiedad (y que no sea solo tomar ansiolíticos), algo que funciona (al menos a mí me ha funcionado) es dedicar todos los días un rato a reflexionar sobre los eventos pasados (lejanos y recientes) que nos provocaban ansiedad y que luego, la realidad y los hechos han demostrado que hemos sabido afrontar con éxito en cada una de las situaciones vividas. Esto debemos escribirlo y fijarlo de forma visible en casa para poder leerlo todos los días.  También es muy interesante proponerse empezar probando poco a poco  a “soltar el control”, es decir, a “despreocuparse” de lo que vaya a pasar, con el convencimiento de que vamos a salir airosos de esa situación.  Al acostarnos y al levantarnos, todos los días, nuestra auto-conversación debe ser algo así como “No pasa nada, confío en mí. Mañana, sea como sea la situación o situaciones, sabré afrontarlas con éxito, tal como he hecho siempre hasta ahora, por eso voy a dormir y descansar profundamente”. Al mismo tiempo, al acostarnos y al levantarnos también, practicaremos ejercicios de relajación, siendo el más fácil y rápido, el de la respiración abdominal.

Y si aun así no podemos solucionarlo nosotros solos, lo correcto es acudir a un psicólogo especialista en tratar este tipo de problemas, antes de que se agraven demasiado, y se conviertan en un trastorno severo.

Hasta pronto!

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  1. 17 septiembre 2011 en 11:45

    Fántastico post. Especialmente para alguien como yo que sigue padeciendo, muy de vez en cuando, la ansiedad. Me preocupa pensar que tengo 5 de los 6 síntomas que mencionas. Aunque he pasado por épocas muy buenas, me atemoriza ver cómo limita mis relaciones sociales cuando estoy con la crisis. Me gustaría saber cual es la raíz del problema, quizás tengas razón con lo de la baja autoestima asociada al perfeccionismo. Además, tengo un alto sentido del ridículo, algo que seguramente se incluya en lo de la autoaceptación.

    Enhorabuena por el blog. Sigue publicando artículos tan útiles como éste.
    Saludos!!

    • jpsanchez
      17 septiembre 2011 en 16:51

      Muchas gracias por tu comentario, Xavier.

    • marisa
      17 septiembre 2011 en 17:17

      Vaya tela, Juan pedro, acabo de leer el nuevo post que has escrito.
      Es exactamente lo que me pasa a mí, me he quedado flipá leyendo,
      lo de preocuparse constantemente sobre las situaciones futuras, la inquietud o estrés constante en tareas sencillas como las de casa junto con la tensión de los músculos es mi pesadilla, incluyendo además una sensación de prisa por todo y para todo que no sé por qué, yo también padezco el síntoma ese de ansiedad y además por
      tonterias porque ya vés que vida más tranquila que llevo, no debería pasarme, así que voy hacer caso a tu consejo ese de pensar todos los dias en que no hay nada de qué preocuparse, y confiar en mí, a ver si me dá resultado, que ya me preocuparé cuando me toque.
      Bueno si sabes algún truquillo más para aliviar estas cosas me lo dices vale, besos, un saludo.

      • jpsanchez
        17 septiembre 2011 en 19:03

        Gracias por tu comentario, Marisa. Me alegro que te haya servido de ayuda.

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