Emociones y Salud II

En otro post anterior contaba ya la relación, demostrada empíricamente, que existe entre las emociones persistentes y nuestra salud, a través de la interconexión fisicoquímica entre el sistema nervioso, el sistema endocrino, y el sistema inmunológico. Por ejemplo, se han tomado medidas de los niveles de inmunoglobulina A (anticuerpo dominante en las secreciones mucosas) en saliva, antes y después (medidas pretest y postest) de someter a personas a una emoción negativa, comprobándose que el nivel es menor tras mantener niveles emocionales sensiblemente negativos. Esto significa que tras estar expuestos a emociones negativas, somos más vulnerables ante agentes infecciosos.

Parece ser, que la causa es adaptativa. Nuestro organismo, ante una emoción negativa  (ira, rabia, miedo, ansiedad) y previendo la necesidad de la máxima energía para huir o enfrentarnos al estímulo que supuestamente ha provocado esa situación, redistribuye los niveles de energía interna, llevándose la mayor parte hacia las unidades musculares de las extremidades (hombros, brazos y piernas) para tensarlas y ponerlas a punto para la acción. Al mismo tiempo provoca la reducción funcional,  a niveles mínimos de servicio, de algunos sistemas internos (digestión, acción inmunológica, sensibilidad al dolor, etc.) con el objetivo de disponer de la máxima energía ante “la situación de peligro” para enfrentarla o escapar. Esto no tendría mayor impacto si esta situación durase unos pocos segundos o minutos, pero si se convierte en habitual o crónica como es habitual en países “desarrollados”, como España, el impacto sobre nuestra salud puede ser más serio.

Siendo esto así, queda patente, y así lo han demostrado diversos estudios, que la regulación de las emociones, en especial la reducción de las negativas y la potenciación de las positivas, es un factor a tener en cuenta a la hora de prevenir enfermedades, o recuperarnos de alguna enfermedad u operación quirúrgica ya acontecida, como complemento al tratamiento farmacológico (aún queda mucho trabajo de investigación, pero así lo apuntan los trabajos realizados).  Para los más incrédulos, algunas investigaciones han demostrado la conexión física entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico, como éste trabajo de la neurocientífica Suzanne Felten, de la Universidad Rochester, en New York.

Sé por experiencia, que cuando no nos encontramos bien físicamente, es muy complicado tener buen humor, pero para ello podemos ayudarnos de estímulos externos y tratar de forzar (aunque sea sin ganas, porque sabemos que será positivo para nosotros), el impacto de estímulos externos positivos (videos, música, lecturas, personas “medicina”) y la reducción o eliminación de los negativos (telediarios, personas y  conversaciones tóxicas). No lo hagas por mí, hazlo por tu salud, y la de los que te rodean, ellos te lo agradecerán y sobre todo tú te recuperarás antes que con una actitud negativa.

Hasta pronto!

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  1. 11 agosto 2011 en 21:25

    No conocía tu blog y debo reconocer que ha sido un descubrimiento muy agradable. Ya lo tengo sindicado en mi lector.
    Un comentario acerca de esta entrada: veo que te refieres a ciertas emociones como “negativas” lo que, por otra parte, es una corriente muy extendida. Yo discrepo amablemente. No creo que exista ninguna emoción negativa y creo que todas tienen un indudable valor adaptativo. Creo que es muy positivo sentir miedo ante un peligro o ira ante una agresión injusta, por mencionar sólo dos de las emociones más denostadas. Creo que podremos estar fácilmente de acuerdo en que lo “negativo” es la persistencia de la emoción más allá de su fin adaptativo; por ejemplo, la prolongación del miedo más allá del momento de peligro o excesiva ansiedad anticipatoria ante peligros que podrán ser… o no; o la persistencia de la ira fuera del momento justo de respuesta defensiva, o sus flashbacks en otros momentos en que no hay presente un estímulo “adecuado”.
    Creo que la denotación de ciertas emociones como “negativas” está en la base de la ausencia de permiso interno o social que muchas personas sufren para expresarlas o, simplemente, reconocerlas como propias. En ese sentido, para esas personas, poder sentir ira y expresarla en el contexto adecuado sería todo un logro. Para otros muchos, el logro sería alcanzar el nivel de inteligencia emocional necesario para no quedarse enganchados en una emoción cuyo estímulo ya no está presente, o no responder con una intensidad emocional claramente desproporcionada al estímulo… o ambos.
    Escribo este comentario seguro de que, más allá de las expresiones que utilizas, no estaremos muy distantes en cuanto al fondo de la cuestión.
    Me voy a permitir cerrar el comentario con la archiconocida cita de Aristóteles acerca de la inteligencia emocional en su Ética a Nicómaco: “es fácil enfadarse, lo difícil es hacerlo con la persona adecuada, con la intensidad adecuada, en el momento adecuado, por el motivo adecuado y de la manera adecuada”.
    Gracias por tu blog. Un cordial saludo.

    • jpsanchez
      12 agosto 2011 en 9:30

      Muchas gracias, Pepe, por tu comentario, y por seguirme a partir de ahora. Decirte además, que me encanta como escribes.

      La forma, y el fondo de tus palabras desprenden mucho, mucho, conocimiento. Llevas toda la razón del mundo al respecto de las emociones “negativas”. Este post es continuación de otro que escribí hace tiempo, en el que maticé este tema (aunque no con la claridad con la que tú lo has hecho, lo cual, te agradezco). Estoy totalmente de acuerdo con que las emociones tienen todas una función adaptativa (si no, no estaríamos hoy aquí), para un momento concreto, en un contexto determinado. En este artículo me refiero a la persistencia de estas emociones que activan el eje HHA de nuestro sistema nervioso y que alteran el equilibrio de nuestro sistema mente-cuerpo de manera crónica sin estímulos físicos amenazadores, y que es tan común en los paises “desarrollados” occidentales, por desgracia.

      • Alejandro
        28 agosto 2011 en 13:49

        hola juan pedro. a mí el estrés me baja las defensas, y hace que se me infecten las anginas. lo tengo más que comprobado.
        como también hago deporte regularmente, el médico me dijo que también eso baja las defensas, por eso que has posteado de que la energía se va a los músculos.
        El remedio a esto, sin entrar en aspectos técnicos de los cuales no tengo ni idea, creo que es ser felices; eliminar los pensamientos negativos (como dice Pepe, tenerlos en el momento adecuado de la manera adecuada, o sea, no tragárte lo que no te parece bien) y valorar lo que tenemos.
        Me he dado cuenta de que mucha gente no tiene problemas reales y se los crean ellos mismos, le damos demasiada importancia a cosas que no la merecen, y eso nos pone enfermos. Y lo más importante: vivir sin miedos.

  2. 28 agosto 2011 en 14:14

    Es cierto, es difícil hablar de emociones sin referirnos a su correlato biológico, y el cuerpo juega todos los partidos.
    Hay un tema muy interesante, al que Goleman se refiere como “la obsolescencia de las emociones”: nuestro cerebro ignora la evolución social y sigue respondiendo como el cerebro de un gran simio; es decir acude a los tres grandes patrones de agresión, huída, o paralización para camuflarte y pasar desapercibido. Así, si alguien no nos cede el paso en un cruce, reaccionamos como si fuera un depredador que viene a devorar a nuestras crías. En términos neurobiológicos, actuamos desde la amígdala (la cerebral, no la faríngea) sin modulación. No damos tiempo a que los circuitos moduladores de la corteza prefrontal puedan intervenir.
    ¿Cuál es la solución? Entrenarnos en aplazar brevemente la respuesta, respirar profundamente un par de veces y dejar que la corteza prefrontal haga su trabajo, seleccionando una respuesta adaptativa, tanto para ese reto individual concreto, como ajustada a la situación social, relativizando el nivel de riesgo real.
    Y, disculpa que discrepe, creo que no es bueno vivir sin miedos, no es adaptativo. Entiendo que quieres decir “vivir sin quedar inadecuadamenta atrapados en miedos fuera del estímulo adecuado”. Si es eso, sin duda, estoy de acuerdo contigo.
    Cordiales saludos a la comunidad de “la palanca del éxito”

    • jpsanchez
      29 agosto 2011 en 8:49

      Muchas gracias por vuestros comentarios, Alejandro, y Pepe. Estoy seguro de que vuestro conocimiento y experiencia nos enriquecen a todos los lectores

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