¡Ya soy fijo!

El oir repetidamente la frase que da título a este post, me ha hecho reflexionar sobre ello. Se la he oído decir a personas que han sido contratadas por empresas y a los equis meses han firmado un contrato indefinido. En ese momento han publicado a los cuatro vientos que ¡ya son fijos! indicando que ya podían dormir tranquilos. Siendo además la envidia de los que trabajan con contratos temporales. Esto que, si nos quedamos en un análisis superficial, no tendría mayor importancia, adquiere relevancia cuando profundizamos en el significado psicológico percibido por determinadas personas. Me refiero al hecho de que esa percepción, traducida a conducta manifiesta o visible, si correlaciona con dejar de formarse sistemáticamente (si es que se ha hecho alguna vez), cumplir un horario estricto sin orientación a resultados, o lo que es peor, creer que uno se va a jubilar en esa empresa salvo que quiebre, deja a la persona en una situación bastante frágil, desde el punto de vista de la empleabilidad, ya que esta persona si se quedase sin trabajo (por el motivo que sea) quedaría un tanto “desfasada” del mundo laboral y podría tener serios problemas para seguir estando en el mercado. Porque claro está, a los “fijos” se les despide tan fácil como firmar un cheque.

Creo que debemos deshacernos de viejos y obsoletos estándares o creencias sobre el empleo “fijo” y “por cuenta ajena” como si “la cuenta” fuera de otro y cayese la responsabilidad en otras manos que no fueran las nuestras. Está claro que estas ideas son arrastradas de una época en que sí era cierto que “ser fijo” era tener un empleo para toda la vida. Muy mal lo tenías que hacer para perderlo. Pero por suerte o por desgracia eso ha cambiado. Si nuestra forma de pensar no cambia, nos podemos dar de bruces con la realidad, y es que si dejamos de formarnos (porque es responsabilidad de la “cuenta ajena”), de reflexionar para hacer mejor y ser mejores en nuestro trabajo (“yo hago lo que me dicen y punto”), y de fijarnos objetivos de superación (“yo solo sé hacer esto”), seremos “esclavos” de nuestros empleadores.

Entonces, si este escenario fuera cierto (que lo es, aunque agravado por la dificultad actual que estamos viviendo), ¿se está complicando la vida para el trabajador fijo por cuenta ajena? Desde mi punto de vista, no, todo lo contrario, se abre una oportunidad. Si me formo, si soy mejor en mi trabajo, si me especializo, y domino nuevos ámbitos relacionados con mi trabajo, entonces mi poder, mi influencia, mi capacidad de control, y mi autoconfianza, aumentan. Dejo de ir dando bandazos según los objetivos o el futuro que le depare a la empresa a la que vendo mis servicios. ¡Hombre!, ¡si resulta que ahora vendo mis servicios!. Pues sí, antes me contrataban las empresas como si me hicieran un favor (¡qué suerte!, decíamos). Ahora, si yo tomo las riendas de mi vida, y soy muy bueno en lo mío, tengo una actitud colaborativa, controlo mis emociones, soy empático, y amplío mi visión del servicio, entonces estoy ampliando también mis posibilidades de generar y aportar valor para la empresa donde trabajo o quiero trabajar, y voy a poder hablar “de tú a tú” y pedir lo que considero que valgo. Porque esa es otra, normalmente no sabemos pedir lo que valemos, porque no lo sabemos, o creemos que no lo sabemos.

¡Claro!, eso es muy fácil decirlo, pero muy dificil llevarlo a la práctica (estarás pensando). Efectivamente, así es. Pero si no damos el primer paso, siempre estaremos donde estamos. Debemos recordar que un largo camino se recorre paso a paso, que un elefante se puede comer a filetes, o que una licenciatura de 5 años se consigue exámen parcial a exámen parcial. Cuando hayamos hecho esto (iniciar el camino), y miremos atrás después de unos meses o años, nos sorprenderemos del largo camino que hemos recorrido, y en qué posición nos encontramos. Seguramente será mejor que donde estábamos antes. Si no es así, algo hemos hecho mal. Deberemos analizar, corregir y volver a caminar. Paso a paso.

¿Queremos ser trabajadores fijos por cuenta ajena? ¿O profesionales que venden sus servicios de calidad a empresas que pagan por ellos? Si no nos pagan lo que vale nuestro servicio, siempre podremos ofertar a otros clientes, con el convecimiento del valor que ofrecemos, ¿o no?

Hasta pronto!

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  1. Rogelio Algarra
    3 mayo 2010 en 9:16

    Excelente post, estoy totalmente de acuerdo contigo. Al final lo que importa son las personas y cada cual debe crearse su propio valor ya que al final, si eres un excelente profesional, dinámico, adaptable, colaborativo y con capacidad de aprendizaje, no te debe preocupar el “ser fijo” ya que serán los demás los que se preocupen de tenerte en su equipo.

    • jpsanchez
      3 mayo 2010 en 9:25

      Muy enriquecedor tu comentario, Roge. Más si cabe, viniendo de una persona con tu experiencia y bagaje.

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