Emociones y Salud

Ya desde los griegos, Hipócrates, nos decía que las  “pasiones” influyen en el cuerpo. Le siguieron, Teofrasto y Galeno. En fin, que no es nada nuevo la relación que existe entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Sin embargo, así como las culturas orientales sí han sido conscientes de la importancia de dichas relaciones y lo han tenido en cuenta a la hora de cuidar la salud, nosotros, las culturas occidentales, no terminamos de creérnoslo. Sin embargo, gracias al trabajo en equipo de la medicina moderna, de la psicología y de la neurociencia, hoy sabemos que esta relación emoción-cuerpo es real e interacciona de forma importante (aunque todavía nos queda mucho por descubrir), influyendo en el bienestar físico y psicológico (la correlación es bidireccional).

Una prueba fehaciente de esta correlación y de que todavía nos queda camino por recorrer en la aceptación de la total integración entre mente y cuerpo, emoción y fisiología, se hace evidente cuando vamos al médico por alguna dolencia física (seguro que conocemos algún caso muy cercano), y después de hacernos las pruebas pertinentes (que es lo primero que hay que hacer, por supuesto) nos comunica el doctor que los resultados de las pruebas  son todos correctos, es decir, se descarta el origen físico del malestar. Entonces, nos dan tratamiento farmacológico para los síntomas, y dependiendo de éstos, se nos da una serie de recomendaciones (comer con moderación, no fumar, hacer ejercicio, no preocuparse…), todas ellas muy acertadas, pero muy genéricas (válidas para todo el mundo). Y aquí acaba la intervención, es decir, la salud pública no ha incorporado todavía la intervención del psicólogo (salvo casos extremos) cuando persisten los síntomas y las causas físicas han sido descartadas. Creo que es cuestión de tiempo, tranquilos, llegará.

Sin ánimo de asustar a nadie, pero sí de que seamos más conscientes de la importancia de su influencia (todavía desconocemos sí es causa o no, pero se ha demostrado que las emociones “negativas” participan decisivamente en el inicio y/o curso de un gran número de trastornos) aquí os dejo una pequeña lista de las influencias de estas mal llamadas “emociones negativas” (miedo, ira, ansiedad, tristeza) cuando éstas se dan de forma crónica, extrema o persistente, ya que de forma puntual o episódica, nos ayudan a prevenir peligros (inminentes y futuros) facilitando información muy útil al intelecto de la corteza cerebral. Se ha demostrado y se sigue investigando así mismo, que las emociones “positivas” (alegría, orgullo, gratitud, humor, amor, felicidad) influyen de forma positiva en el cuerpo (a éstas últimas dedicaré otro post):

  • Trastornos cardiovasculares: enfermedad coronaria, hipertensión esencial.
  • Trastornos respiratorios: asma bronquial, síndrome de hiperventilación.
  • Trastornos gastrointestinales: dispepsia funcional, úlcera péptica (gástrica o duodenal), síndrome de colon irritable, síndrome de intestino irritable, colitis ulcerosa, esofagitis.
  • Trastornos endocrinos: hipertiroidismo, hipotiroidismo, hipoglucemia, diabetes, enfermedad de Addison, síndrome de Cushing.
  • Trastornos dermatológicos: prurito, hiperhidrosis, urticaria, eccema, dermatitits atópica, psoriasis, alopecia areata.
  • Trastornos musculares: tics, temblores musculares, contracturas, alteración de reflejos musculares, lumbalgias, cefalea tensional, dolor miofascial, bruxismo.
  • Alteraciones del sistema inmunológico, como cáncer, evolución clínica del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, artritis reumatoide (actualmente la hipótesis inmunitaria es la que tiene más fuerza).

Vuelvo a insistir, en que lo primero que debemos hacer es ir al médico y descartar causas físicas. Cuando esto haya ocurrido, pensemos en la influencia de las emociones negativas, y tratemos de contrarrestar con emociones positivas (solos o con ayuda de otras personas). Se trata de tener un balance favorable a las emociones positivas cuando acabe el día (igual que debería haber un balance favorable al gasto energético frente al consumo de calorías).

Hasta pronto!

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  1. 21 febrero 2010 en 13:17

    Y también cefaleas y si no que me lo digan a mi 🙂

  2. 6 marzo 2010 en 1:10

    Gracias por el artículo, es muy claro y sencillo. Lo que agregaría- como psicologa que soy- es que todo sintoma (aunque tenga causas físicas verificables) es una expresión del cuerpo- mente. ¿sinó que es la integración?

    • jpsanchez
      6 marzo 2010 en 10:52

      Muchas gracias a ti, Rosa, por regalarme tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo con la matización que haces.

  1. 2 enero 2011 en 11:29
  2. 3 agosto 2011 en 20:30

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